
Gobierno, medios de comunicación y ‘expertos’ al servicio del gran capital hablan y no paran sobre la necesidad de recortar el gasto público. Enarbolando la bandera de la deuda pública como la nueva pandemia del siglo XXI, PSOE y PP hablan un día de amputar pensiones, al siguiente de detener la hemorragia de gastos sanitarios, al otro de cortar los salarios de los funcionarios,... Y mientras se pelean por gestionar el reparto de la miseria (de los demás, no de la suya), se oponen tajantemente a aumentar los ingresos de la arcas públicas.
Porque recursos en España hay más que suficientes. Todo consiste en un problema de decisión y de voluntad política para hacerlo, acometiendo una reforma fiscal progresiva, en la que quien más tiene, más pague.
Hay quien piensa que esta es una alternativa inviable, que si se pretende hacerles pagar mas impuestos, empresas y grandes fortunas huirían del país como de la peste. Pero esto no es mas que un clima de opinión creado por los mismos que presionan año tras año para que se rebajen los impuestos a los rendimientos del capital, es decir, los suyos, y se suban los que gravan el consumo, es decir, los nuestros.
¿Cómo explican, si no, que los países del norte europeo, donde los impuestos empresariales y a la renta personal son como mínimo entre un 20 y un 30% superiores a los nuestros, no se hayan convertido en unos desiertos económicos, sino que, al contrario, se encuentren entre los países más ricos y prósperos del mundo?
Bussines is bussines. Y hasta Henry Ford (multimillonario y archirreaccionario donde los haya), estaba haciendo negocios con el mismísimo Stalin unos pocos años después del triunfo de la revolución de Octubre.
La trampa del gasto público
Encabezados por Alemania, los gobiernos europeos aparentan sentirse espantados ante el volumen de deuda pública y claman cada día por recortarlo un poco más.
Pero no se les oye decir una sola palabra acerca de que el descomunal incremento de la deuda pública en los últimos dos años ha sido creada por los miles de millones de euros dedicados a salvar a los bancos.
Tampoco se les escucha decir nada, ni la menor explicación, un absoluto manto de silencio sobre por qué ellos mismos redujeron de forma sistemática, legislatura tras legislatura, los impuestos a las empresas, a las grandes fortunas y a los sectores más adinerados de la sociedad.
En los últimos doce años, los impuestos que gravan los beneficios empresariales se redujeron en el conjunto de Europa un 12% como media.
Y la palma se la lleva Alemania, donde la “contención de los gastos salariales” (es decir, la rebaja de los salarios) ha ido acompañada en las dos últimas décadas por una reducción de impuestos del 27% a los beneficios del capital.
Desde 1990, los impuestos a los más ricos se redujeron un 9,5% en Alemania, un 13% en Francia y España, un 6% en Italia....
Y ahora los mismos beneficiados de esta drástica reducción de ingresos del Estado y los mismos ejecutores de esta política...¡se quejan de que hay una excesiva deuda pública!
Perfecto. A nadie le gusta tener deudas. Acabemos con la deuda pública, además de poniendo fin inmediatamente al despilfarro de las casta políticas estatales, autonómicas y municipales, aplicando desde ya una reforma fiscal progresiva que contemple, como mínimo, tres puntos fundamentales.
1º.- Un sistema impositivo sobre la renta personal en una escala del 0 al 9. En la que se potencie el ahorro de las rentas más bajas con un 0% de impuestos y se penalice fiscalmente, hasta con un 90% de impuestos, a las grandes fortunas improductivas.
¿Qué justicia es la de un sistema fiscal en el que la carga principal de los impuestos recae sobre las rentas del trabajo, como en España? Que un trabajador español con un sueldo de 2.000 euros mensuales tenga que tributar a Hacienda cerca de un 15% de sus ingresos, mientras las grandes fortunas del país pagan un 1% de los beneficios que obtienen en sus multimillonarios fondos de inversión especulativa es una auténtica burla.
2º.- Un nuevo impuesto de sociedades, en una escala del 0 al 90% también, donde paguen más quienes más beneficios obtienen de acuerdo a su capital.
Un 2% de grandes empresas, que obtienen casi el 60% de todas las ganancias empresariales anuales, tributan un 20% menos que un millón largo de pequeñas y medianas empresas.
Sólo con que a los bancos y monopolios del IBEX-35 se les aplicara el doble de impuestos sobre beneficios que se le aplica a las pequeñas y medianas empresas, y que al resto de bancos de tamaño medio y al conjunto de empresas calificadas como “grandes” por Hacienda, se les aplicara la misma carga fiscal que a las PYMES, el Estado recaudaría 66.630 millones de euros más.
¡Cada 12 meses el Estado tendría unos ingresos extras equivalentes a la congelación de las pensiones durante 44 años!
3º.- Una escala de 10 niveles de desgravación en el impuesto de sociedades, de acuerdo con el grado de reinversión productiva de los beneficios.
Quien más beneficios dedique a crear nueva riqueza social y nuevos puestos de trabajo productivos, más desgravación en el impuesto de sociedades. Ni estímulo ni desgravación para quien no reinvierta beneficios en la mejora, ampliación o modernización del tejido productivo.
¿Quién ha dicho que para reducir la deuda pública es necesario recortar salarios y gastos sociales?
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