CUIDEMOS EL MEDIOAMBIENTE

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NUESTRO ENTORNO, FUNDAMENTAL. NO NOS OLVIDEMOS DE LAS TRES "R": RECICLAR, REUTILIZAR, REDUCIR. SEAMOS GENTE CIVICA, NO ENSUCIEMOS NI CONTAMINEMOS. UTILICEMOS EL TRANSPORTE PUBLICO SIEMPRE QUE PODAMOS. CORRAMOS LA VOZ DE QUE EL PLANETA DEBE CUIDARSE Y PROTEJERSE, EN TODOS LOS ASPECTOS. NO MALGASTEMOS NI DESPILFARREMOS ENERGIA. CUIDEMOS Y RESPETEMOS EL MEDIOAMBIENTE

lunes, 23 de abril de 2012

LA CAUSA REAL DE LA CRISIS FINANCIERA (Artículo de Vicenç Navarro en Attac; www.attac.es)

Este artículo señala como la alianza entre la banca alemana y la banca española fue determinante para la producción del comportamiento especulativo de esta última, siendo ello una de las causas más importantes de la crisis financiera en Europa. La gran debilidad del argumento neoliberal, que asume que el mayor problema de la economía española es el déficit y la deuda pública del Estado español, es que los datos, fácilmente accesibles, muestran su insostenibilidad. Cuando la crisis empezó en España, el Estado español no tenía déficit. Antes al contrario, tenía un superávit, mayor, por cierto, que el que tenía el Estado alemán. En 2007, el superávit del Estado español era equivalente a 1,9% del PIB, más de seis veces superior al alemán, 0,3% del PIB. Y un tanto parecido ocurría con la deuda pública, que representaba en España un 27% del PIB, casi la mitad de la deuda pública alemana, 50% del PIB. En realidad, España era un “modelo” y punto de referencia del pensamiento neoliberal mostrado por los economistas neoliberales como ejemplo de “ortodoxia” económica. Tener un superávit muy superior y una deuda pública muy inferior a la de Alemania no nos sirvió de nada. No nos protegió de la crisis. ¿Cómo puede, entonces, decirse ahora que la mayor causa de la crisis es el elevado déficit y la deuda excesiva, cuando tener déficit cero y deuda pública baja no evitó que tuviéramos la crisis que tenemos, con más de un 23% de la fuerza laboral en paro? ¿Y por qué esta explicación de la crisis continúa dándose cuando la evidencia existente, mostrando su error, es tan abrumadora? Y para responder a esta pregunta hay que fijarse en cuáles son las voces más estridentes en defensa de tal explicación de la crisis. Y entre tales voces aquellos que tienen un lugar prominente son el Banco Central Europeo y la banca alemana, y el Banco de España y la banca española, que son en realidad los que crearon precisamente la crisis. En realidad, la banca alemana jugó un papel clave en la génesis de la crisis y en su desarrollo. Según The Bank for International Settlements (BIS) (Junio 2010), la banca alemana prestó 109.000 millones de euros a la banca española, con los cuales ésta, en alianza con el sector inmobiliario, invirtió masivamente, no en la economía productiva del país, sino en la economía más especulativa posible, creando la burbuja inmobiliaria que, al explotar, provocó la enorme crisis y el enorme problema de la deuda privada de España, que alcanzó dimensiones astronómicas (227% del PIB). La banca alemana consiguió enormes beneficios, beneficios que, por cierto, no invirtió en Alemania para estimular la demanda doméstica alemana, incrementando los salarios y la protección social de Alemania (tal como Oskar Lafontaine, entonces Ministro de Economía y Hacienda del gobierno alemán, y uno de los economistas más clarividentes hoy en Europa, quería que se hiciera y que, al no hacerse, rompió con el canciller Schröder, el presidente socialdemócrata alemán responsable, junto con la canciller Merkel, de las políticas de austeridad a nivel alemán y europeo, políticas promovidas por la banca alemana). En lugar de estimular la demanda alemana (y europea), los grandes beneficios que Alemania consiguió de su actividad especulativa en España (y en otros países periféricos de la Eurozona, como Grecia y Portugal), los utilizó para acumular más y más euros, convirtiéndose en la mayor fuente de euros en Europa. El euro le ha ido pero que muy bien a la banca alemana. Ahora bien, cuando la burbuja especulativa inmobiliaria explotó, a la banca alemana le entró el pánico, pues tenía gran parte de su capital prestado a la banca española y, en mucho menor grado, al Estado español (un 10% de su inversión bancaria). Y comenzó a promover la idea falsa de que el euro estaba en peligro. Lo que estaba en peligro, sin embargo, es que la banca alemana perdiera los fondos prestados a España y a otros países periféricos de la Eurozona. En realidad, el euro nunca estuvo en peligro. Su valor osciló, pero no bajó sustancialmente de valor comparado con el dólar. Y de ahí derivan las políticas de austeridad, cuyo único objetivo es que se pague a los bancos alemanes (y franceses) la deuda tanto privada como pública que tienen. La mal llamada ayuda de la Unión Europea y del FMI a los países periféricos es ayuda para que paguen a los bancos alemanes y franceses primordialmente. Pero estas políticas de austeridad con la bajada de salarios, disminución de la protección social y recortes del gasto público están creando un problema gravísimo que se llama Gran Recesión, causada por el enorme descenso de la demanda doméstica y por la escasez de crédito, y que es la causa de la disminución de la actividad económica y con ello del descenso de los ingresos al Estado (y consiguiente aumento del déficit y de la deuda pública). Y ahí está el problema oculto y que algunos hemos estado denunciando desde el principio (ver el libro Hay alternativas, de Navarro V., Torres J. y Garzón A. enwww.vnavarro.org). La evidencia científica que apoya este diagnóstico es abrumadora. Las políticas que está imponiendo la banca alemana y francesa (y española) y sus portavoces políticos, incluyendo Merkel-Sarkozy y Rajoy son un suicidio económico. Cabe entonces hacerse la pregunta de ¿por qué continúan promoviéndola? Una respuesta es que los dogmas económicos son tan irracionales como los dogmas religiosos. El pensamiento neoliberal es un dogma impermeable a los datos y hechos. Pero el que continúe reproduciéndose se debe a que sirve a unos intereses, los intereses de la banca, con la complicidad de los políticos afines (el Ministro de Economía del Estado español, el Presidente del BCE, así como gran numero de personas responsables de llevar a cabo y estimular las políticas de austeridad son banqueros o próximos a la banca), que asumen que los intereses particulares de la banca coinciden con los intereses generales del país, lo cual no es así, como bien documentan los estudios rigurosos que muestran que las causas de la crisis son el comportamiento negativo del BCE y del Banco de España, y de los bancos que en teoría supervisan, pero que en la práctica se benefician a costa del interés general. En realidad, las soluciones son fáciles de ver. Y consisten en seguir políticas de estímulo económico, con un intervencionismo público que estimule la economía a base de crear empleo, junto con el establecimiento de bancas públicas y una regulación del sector bancario, forzándole a que recupere su función social, la oferta de crédito. Pero, el que no ocurra se debe a la enorme influencia de la banca y otros componentes del capital financiero en las instituciones políticas y mediáticas de España y de Europa. Así de claro.

martes, 10 de abril de 2012

¿POR QUE NO SE HABLA DE LA REFORMA EMPRESARIAL? (Artículo de Vicenç Navarro en Attac; www.attac.es)

La gran atención dedicada a la crisis financiera por parte de los medios de comunicación ha facilitado que quedara en segundo plano uno de los fenómenos más importantes y preocupantes en la evolución de la economía productiva, es decir, en el sector de la economía donde se producen los bienes y servicios. Hasta hace poco los beneficios de las grandes empresas dependían primordialmente de la demanda doméstica para tales productos. De ahí que era importante que los salarios, por ejemplo, fueran elevados, pues la mayoría del consumo de tales empresas (alrededor del 80%) procedía del consumo de los asalariados y sus familias en el país donde se ubicaban sus sedes centrales.


Pero esto está cambiando muy rápidamente. Actualmente, el consumo de tales grandes empresas, hoy en día transnacionales, se produce fuera del país, y de una manera creciente en los países emergentes. China es importante, no sólo por la baratura de su fuerza de trabajo, sino por el enorme potencial de consumo de su población: casi una quinta parte de la población mundial. Jeffrey Immelt, el CEO (Chief Executive Officer) de la General Electric, es decir el que manda más en dicha empresa, indicó recientemente que de los 14.250 millones de dólares en beneficios que la compañía estadounidense hizo en 2010, 9.100 millones se habían realizado fuera de EEUU, siendo China uno de los países que generó mayores beneficios. Estos beneficios se basan, no sólo en los bajos salarios de los trabajadores chinos (la gran mayoría de empleados de las grandes empresas como Apple, Hewlett Packard, General Electric o empresas de Internet, están en China), sino también en el consumo realizado por los millones de chinos que están integrados ya en el mercado internacional. Y no sólo en China. En 2001, el 32% de los ingresos de las 500 compañías estadounidenses más importantes, procedían del extranjero. En 2008 tal porcentaje había subido al 48%. El ciudadano estadounidense, pues, deja de tener importancia para las grandes empresas transnacionales no sólo como trabajador, sino también como consumidor. El bajón de su capacidad adquisitiva y, por lo tanto, de la demanda de los productos de tales transnacionales, ha sido sustituida por la demanda generada por las “nuevas clases medias” que están surgiendo en los países emergentes.

La respuesta propuesta para subsanar esta situación era que los trabajadores estadounidenses y de otros países desarrollados, como los europeos, pudieran competir con los trabajadores chinos o de los otros países emergentes a base de aumentar su productividad. Pero esta situación está perdiendo validez a medida que la productividad en los países emergentes está creciendo enormemente.

Esta situación explica, en parte, la situación aparentemente paradójica de que, aunque la economía de EEUU y de los países de la Unión Europea está creciendo muy poco y la capacidad adquisitiva de los trabajadores ha ido descendiendo, los beneficios empresariales de tales empresas transnacionales han crecido exponencialmente. Los beneficios empresariales de las grandes empresas transnacionales en EEUU alcanzaron en 2010 la astronómica cifra de 1.659 billones (europeos) de dólares, 28% superior a la del año anterior, mientras que el salario de los trabajadores (la mediana) bajó 159 dólares de 2001 a 2009, quedándose en 26.261 dólares. El salario por hora para nuevos trabajadores de la manufactura es de 15 dólares, la mitad de hace diez años.

Las grandes empresas entienden el mundo como un mercado. Y sus trabajadores están también en todo el mundo. Se construye así un mundo en el que unos pocos, las élites dirigentes de tales empresas, tienen todo el dominio, frente a la mayoría de las clases populares, que se van empobreciendo en la medida que tales empresas van desplazándose de país en país en busca de trabajadores de bajos salarios, asegurándose su consumo mediante el desplazamiento de sus mercados.

Naturalmente que existen variaciones de lo que he descrito, según los sectores económicos. Como promedio, y según las cifras del Bureau of Economic Analysis (BEA) del gobierno federal estadounidense, el porcentaje de empleados fuera de EEUU en las compañías transnacionales basadas en EEUU ha pasado de ser un 26% en 1982 a un 36% en 2008. En la manufactura, así como en la industria del automóvil, el cambio ha sido más sustancial. En Ford, tal porcentaje ha pasado de ser un 47% en 1992 a un 68% en 2010.

¿Puede esta situación revertirse?

La respuesta es sí, pues la causa determinante de esta movilidad ha sido el dominio de estas elites empresariales (la plutocracia) sobre los Estados en los que se asientan. Tal globalización ha sido facilitada por las intervenciones públicas, que pueden revertirse de manera que se regule y/o se incentive esta reversión. Hasta ahora, el intento de revertir esta movilidad se hizo mediante abaratamiento de la fuerza del trabajo y la reducción de su protección social. El enorme ataque a los sindicatos que estamos viendo en EEUU y en España responde a este objetivo. Algunas de las empresas que la Ford contrata en California (como en la fábrica de tractores en Dearborn) el salario horario es ya semejante al que Ford tendría que pagar en China en 2015.

Pero esta medida no resolverá el problema de la escasa demanda. De ahí que se hagan necesarias otras medidas intervencionistas del Estado, revirtiendo los incentivos y ventajas fiscales que hoy se otorgan a las compañías exportadoras, y exigiendo una desglobalización de las transnacionales, lo cual no quiere decir que abandonen los mercados exteriores, sino que prioricen los mercados interiores mediante medidas intervencionistas. Y sus frutos aparecen ya. Estamos hoy viendo compañías como Ford, Caterpillar, Wham-O Inc., Master Locks, Suarez Manufacturing e incluso General Electric, que están transfiriendo producción de China y Méjico a los Estados de Georgia, Ohio, Indiana, Wisconsin, California y Michigan. Lo que se requiere es un intervencionismo público encaminado a retener los puestos de trabajo, lo cual requiere un cambio muy notable de políticas públicas encaminadas a facilitar el mantenimiento de puestos de trabajo en lugar de su exportación. Estas políticas son necesarias también en la Unión Europea y en España. Medidas encaminadas a cambiar el comportamiento de las empresas transnacionales, incrementando el poder del mundo del trabajo a nivel empresarial son medidas alternativas a las existentes, cuya eficacia ha sido probada en otros países.