CUIDEMOS EL MEDIOAMBIENTE

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NUESTRO ENTORNO, FUNDAMENTAL. NO NOS OLVIDEMOS DE LAS TRES "R": RECICLAR, REUTILIZAR, REDUCIR. SEAMOS GENTE CIVICA, NO ENSUCIEMOS NI CONTAMINEMOS. UTILICEMOS EL TRANSPORTE PUBLICO SIEMPRE QUE PODAMOS. CORRAMOS LA VOZ DE QUE EL PLANETA DEBE CUIDARSE Y PROTEJERSE, EN TODOS LOS ASPECTOS. NO MALGASTEMOS NI DESPILFARREMOS ENERGIA. CUIDEMOS Y RESPETEMOS EL MEDIOAMBIENTE

domingo, 25 de septiembre de 2011

DEMASIADOS DESATINOS ANTE LA CRISIS (Artículo en Attac; www.attac.es)


La crisis económica está adquiriendo una gravedad y duración muy superior a los que los líderes políticos, hombres de negocios, y economistas convencionales esperaban. En los momentos actuales, tras las inestabilidades que se están dando en el mercado financiero y las bolsas, no se sabe muy bien lo que puede pasar. Es posible que tenga lugar una nueva recesión, tal como ha anunciado la nueva directora del Fondo Monetario Internacional, o que sin que esta recesión se produzca, tal como se define en términos técnicos, lo más seguro es que las inestabilidades seguirán marcando las pautas del comportamiento económico. La economía de varios países, entre ellos España, tendrá un bajo crecimiento y con altos niveles de desempleo. Los países de la eurozona, sobre todo los que padecen mayor vulnerabilidad económica, continuarán sufriendo los ataques de los especuladores, y no se descarta que tengan que darse nuevos rescates.

Ante la profundidad de la crisis las medidas que se han tomado han sido bastante desacertadas por todos los gobiernos de los países desarrollados, por la Unión Europea, y por el G-20. Es cierto que no existen manuales de actuación frente a los graves problemas que una crisis tiene ante sí, pero se debiera aprender de las crisis pasadas, sobre todo la de los años treinta, aunque haya también que tener en cuenta las diferencias que existen, tanto en el tiempo, como en la naturaleza de las economías que padecieron aquellas circunstancias y las que se dan en estos primeros años del siglo que comienza.

La primera cuestión que hay que tener clara es lo que señala el alemán Max Otte en su libro “La crisis rompe las reglas” (Ariel, 2011), cuyo significativo título ya nos indica realmente que lo que hay que hacer es muy distinto a lo que la economía ortodoxa recomienda. También resulta fundamental dar un buen pronóstico sobre las causas que han provocado tal situación para que las medidas adoptadas vayan al origen de los problemas, y no a los efectos provocados por la crisis. Por confundir causas con efectos es por lo que se cometen tantos desaciertos con las políticas económicas puestas en marcha, si bien hay que admitir que la crisis no tiene remedios a corto plazo por las razones que más adelante expondremos.

De esta forma, no se va a ninguna parte, y menos con la aplicación de políticas de ajuste que en lugar de estimular a las economías las deprime aún más, fundamentalmente cuando la iniciativa privada se encuentra a un bajo nivel como consecuencia del descenso del consumo. Plantear como se está haciendo con tanta insistencia- por parte de los poderes públicos, empresariales, y economistas a su servicio- que son necesarias reformas estructurales y que tras esta terminología entienden solamente realizar modificaciones en el mercado laboral, flexibilizándolo más, reducir las pensiones, o llevar a cabo recortes en educación, salud, y otras prestaciones sociales, es un grave error que estamos pagando ya y se pagará más en el futuro.

A grandes rasgos la crisis ha sido motivada por la globalización financiera, las excesiva desregulación de los mercados, la gran desigualdad existente, y el elevado endeudamiento de las empresas, bancos y familias. Todos estos factores unidos han desencadenado una fiebre especulativa y ventas masivas en el mercado de derivados financieros tóxicos, esto es, sin ningún respaldo al valor que decían representar. La aparente prosperidad que se ha vivido en los años anteriores a la crisis y la euforia consiguiente estaba sustentada en grandes dosis de endeudamiento y de inversiones de los ahorros en derivados que ofrecían un alto rendimiento, pero que como ha quedado al descubierto no tenían detrás nada real que sustentara ese aparente valor. Arreglar todo esto no es una tarea sencilla, pero que, sin embargo, no se ha acometido por lo que la tardanza en salir de la crisis se va haciendo cada vez mayor.

De manera que si los mercados han puesto de manifiesto que no son eficientes, como la mayor parte de los economistas señalaban en las tres últimas décadas, lo primero que hay que hacer a escala global, en áreas de integración económica, y en el espacio nacional, es regularlos y poner coto a tanto poder. De no ser así, las economías son rehenes de estos mercados financieros, como se pone de manifiesto día tras día. Al tiempo hay que limitar la globalización financiera y hacer reformas en profundidad del sistema bancario que ha sido en gran parte responsable de lo que ha pasado. El sistema se encuentra contaminado por las hipotecas basura, por la titulación de tantos productos y por los derivados tóxicos. Si todo esto no se limpia no hay salida para la crisis.

Otro tanto se puede decir de la gran desigualdad existente. La desigualdad internacional sigue siendo escandalosa, pero esta también ha aumentado en los países ricos en estos años de fundamentalismo de mercado y de exceso de las finanzas. Poner remedio a las grandes desigualdades existentes y luchar contra tantas privaciones que se dan en un mundo en donde una parte de la población vive en la opulencia es necesario y urgente llevarlo a cabo, pues no solamente nos encontramos ante una crisis económica que afecta al mundo avanzado, sino que nos encontramos ante una gran crisis civilizatoria.

En todo caso, sin querer entrar aquí a unos planteamientos de mayor calado estructural, que hay que tener en consideración pero que se escapan al objetivo de esta artículo, si nos referimos a la crisis actual que está dejando muchos damnificados, lo que está claro es que se está abordando con bastantes desatinos por parte de quien tiene responsabilidades políticas y determinada capacidad de decisión. Esto sucede en casi todas las economías. Por ello la crisis, así como la forma de afrontarla, está pasando factura en mayor o menor medida a casi todos los gobernantes. De las muchas preocupaciones que la crisis nos provoca, sobre todo por los daños que hace a tantas personas, no solamente se encuentran las decisiones equivocadas, sino también las que no se han tomado, y la indecisión que se tiene ante la gravedad de la situación.

En España, una economía cada vez mas rehén de los mercados financieros y de los especuladores, los desatinos han sido muchos desde que se desencadenó la crisis, pero el último, la reforma de la Constitución, ha sido el mayor de todos. Se podría decir de otras medidas tomadas, pero una muy grave ha sido la salida que se ha dado a la crisis que muchas cajas de ahorro tienen. En fin, los remedios no son fáciles ni simples pero hay formas de hacer mejor las cosas. Tal como se han afrontado las soluciones a las cajas de ahorro está claro que los problemas financieros de nuestro sistema se pueden agravar, se pierden unas instituciones muy valoradas por los ciudadanos, y lo que es peor se sigue sin dar créditos a la economía real.

viernes, 16 de septiembre de 2011

SALVAN A LOS BANCOS PARA HUNDIR A LOS PUEBLOS (Artículo de Juan Torres en Kaosenlared; www.kaosenlared.net)


Cuando la banca provocó un desastre global los bancos centrales y las autoridades de todo el mundo se volcaron en su ayuda y no hubo problemas para proporcionarles casi gratuitamente billones de dólares para salvarlos. Además de las inyecciones de liquidez oficiales, se ha sabido que la Reserva Federal proporcionó en secreto 16 billones de dólares a grandes bancos de todo el mundo.


Cuando la crisis provocada por los bancos hizo un roto en las finanzas de los estados, las autoridades europeas y el Banco central Europeo los obligaron a financiarse en los mercados al interés que imponían los especuladores y la banca. En lugar de dedicar el dinero que recibían del Banco Central Europeo al 1% para financiar a empresas y consumidores, prestaron a los gobiernos a tipos mucho más altos, echando sobre las espaldas de sus pueblos una losa que terminó siendo insufrible. Solo España tiene previsto pagar, como poco, 27.000 millones de euros en 2011, si es que la factura no sube en los meses próximos.

Así hundieron a países como Irlanda, Portugal o Grecia y ahora, cuando esa deuda estatal se hace tan pesada que es posible que algunos bancos no puedan cobrarla porque ya están en peligro Italia o España, los banqueros reclaman de nuevo ayuda. Y allí están otra vez sus todopoderosos salvadores: el Banco Central Europeo, la Reserva Federal de EE UU, el Banco de Inglaterra, el Banco de Suiza y el Banco de Japón acaban de anunciar que volverán a dar a la banca europea todo el dinero que necesite. Para que siga extorsionando a los gobiernos y arruinando a los pueblos,

Una muestra más de la infame y criminal discriminación de los poderosos que mueven los hilos del mundo a su antojo para favorecer siempre a los mismos.

Lo seguirán haciendo mientras las gentes de todo el planeta no salgan de una vez a las calles para poner fin a estas injusticias increíbles.

lunes, 12 de septiembre de 2011

UN PUEBLO PARAISO LLAMADO RUPIT





Entre Vic y Olot existe un pueblo llamado Rupit que parece de ensueño. Parece extraído de un cuento de principes, princesas y caballeros de la Edad Media. Sus casas son de piedra, con balconadas de madera y adornadas con plantas y flores de colores que lo acercan a un paraíso terrenal. Con su puente colgante que atraviesa la riera, nos transporta a un mundo de ilusión y aventura. Sus calles empedradas, en subidas y bajadas, nos hechizan. Y sus tiendas y restaurantes, con los productos típicos de la zona (embutidos, quesos, mermeladas, mieles, etc...) nos encantan y nos alimentan a "cuerpo de rey". Merece la pena pasarse y pasear por Rupit de vez en cuando ya que se siente uno muy bien y se respira mejor.

domingo, 4 de septiembre de 2011

GENERACION SIN FUTURO (Artículo de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique)


Primero fueron los árabes, luego los griegos, a continuación los españoles y los portugueses, seguidos por los chilenos y los israelíes; y el mes pasado, con ruido y furia, los británicos. Una epidemia de indignación está sublevando a los jóvenes del mundo. Semejante a la que, desde California hasta Tokio, pasando por París, Berlín, Madrid y Praga, recorrió el planeta en los años 1967-1968, y cambió los hábitos de las sociedades occidentales. En una era de prosperidad, la juventud pedía paso entonces para ocupar su espacio propio.


Hoy es diferente. El mundo ha ido a peor. Las esperanzas se han desvanecido. Por vez primera desde hace un siglo, en Europa, las nuevas generaciones tendrán un nivel de vida inferior al de sus padres. El proceso globalizador neoliberal brutaliza a los pueblos, humilla a los ciudadanos, despoja de futuro a los jóvenes. Y la crisis financiera, con sus “soluciones” de austeridad contra las clases medias y los humildes, empeora el malestar general. Los Estados democráticos están renegando de sus propios valores. En tales circunstancias, la sumisión y el acatamiento son absurdos. En cambio, las explosiones de indignación y de protesta resultan normales. Y se van a multiplicar. La violencia está subiendo...



Aunque, en concreto, el formato mismo del estallido no es semejante en Tel Aviv y Santiago de Chile o Londres. Por ejemplo, la impetuosa detonación inglesa se ha distinguido, por su alto grado de violencia, del resto de las protestas juveniles, esencialmente no violentas (aunque no hayan faltado los enfrentamientos puntuales en Atenas, Santiago de Chile y varias capitales).



Otra diferencia esencial: los amotinados ingleses, quizás por su pertenencia de clase, no supieron verbalizar su desazón. Ni pusieron su furor al servicio de una causa política. O de la denuncia de una iniquidad concreta. En su guerrilla urbana, ni siquiera saquearon con ira sistemática los bancos... Dieron la (lamentable) impresión de que sólo las maravillas de los escaparates atizaban su rabia de desposeídos y de frustrados. Pero, en el fondo, como tantos otros “indignados” del mundo, estos revoltosos expresaban su desesperación, olvidados por un sistema que ya no sabe ofrecerles ni un puesto en la sociedad, ni un porvenir.



Un rasgo neoliberal que, de Chile a Israel, irrita particularmente es la privatizacion de los servicios públicos. Porque significa un robo manifiesto del patrimonio de los pobres. A los humildes que no poseen nada, les queda por lo menos la escuela pública, el hospital público, los transportes públicos, etc. que son gratuitos o muy baratos, subvencionados por la colectividad. Cuando se privatizan, no sólo se le arrebata a la ciudadanía un bien que le pertenece (ha sido costeado con sus impuestos) sino que se desposee a los pobres de su único patrimonio. Es una doble injusticia. Y una de las raíces de la ira actual.



A este respecto, para justificar la furia de los insurrectos de Tottenham, un testigo declaró: “El sistema no cesa de favorecer a los ricos y de aplastar a los pobres. Recorta el presupuesto de los servicios públicos. La gente se muere en las salas de espera de los hospitales después de haber esperado a un médico una infinidad de horas...” (1).


En Chile, desde hace tres meses, decenas de miles de estudiantes, apoyados por una parte importante de la sociedad, reclaman la desprivatización de la enseñanza (privatizada bajo la dictadura neoliberal del general Pinochet, 1973-1990). Exigen que el derecho a una educación pública y gratuita de calidad sea inscrito en la Constitución. Y explican que “la educación ya no es un mecanismo de movilidad social. Al contrario. Es un sistema que reproduce las desigualdades sociales” (2). A fin de que los pobres sean pobres para la eternidad...


En Tel Aviv, el 6 de agosto pasado, al grito de “¡El pueblo quiere la justicia social!”, unas 300.000 personas se manifestaron en apoyo al movimiento de los jóvenes “indignados” que piden un cambio en las políticas públicas del gobierno neoliberal de Benyamin Netanyahou (3). “Cuando a alguien que trabaja –declaró una estudiante– no le alcanza ni siquiera para comprar de comer es que el sistema no funciona. Y no es un problema individual, es un problema de gobierno” (4).


Desde los años 1980 y la moda de la economía reaganiana, en todos estos países –y singularmente en los Estados europeos debilitados hoy por la crisis de la deuda–, las recetas de los gobiernos (de derechas o de izquierdas) han sido las mismas: reducciones drásticas del gasto público, con recortes particularmente brutales de los presupuestos sociales. Uno de los resultados ha sido el alza espectacular del paro juvenil (en la Unión Europea: 21%; en España: ¡42,8%!). O sea, la imposibilidad para toda una generación de entrar en la vida activa. El suicidio de una sociedad.



En vez de reaccionar, los gobiernos, espantados por los recientes derrumbes de las Bolsas, insisten en querer a toda costa satisfacer a los mercados. Cuando lo que tendrían que hacer, y de una vez, es desarmar a los mercados (5). Obligarles a que se sometan a una reglamentación estricta. ¿Hasta cuándo se puede seguir aceptando que la especulación financiera imponga sus criterios a la representación política? ¿Qué sentido tiene la democracia? ¿Para qué sirve el voto de los ciudadanos si resulta que, a fin de cuentas, mandan los mercados?


En el seno mismo del modelo capitalista, las alternativas realistas existen. Defendidas y respaldadas por expertos internacionalmente reconocidos. Dos ejemplos: el Banco Central Europeo (BCE) debe convertirse en un verdadero banco central y prestarle dinero (con condiciones precisas) a los Estados de la eurozona para financiar sus gastos. Cosa que le está prohibida al BCE actualmente. Lo que obliga a los Estados a recurrir a los mercados y pagar intereses astronómicos... Con esa medida se acaba la crisis de la deuda.


Segundo: dejar de prometerlo y pasar a exigir ya la Tasa sobre las Transacciones Financieras (TTF). Con un modesto impuesto de un 0,1% sobre los intercambios de acciones en Bolsa y sobre el mercado de divisas, la Unión Europea obtendría, cada año, entre 30.000 y 50.000 millones de euros. Suficiente para financiar con holgura los servicios públicos, restaurar el Estado de bienestar y ofrecer un futuro luminoso a las nuevas generaciones.


O sea, las soluciones técnicas existen. Pero ¿dónde está la voluntad política?

(1) Libération, París, 15 de agosto de 2011.

(2) Le Monde, París, 12 de agosto de 2011.

(3) Según una encuesta de opinión, las reivindicaciones de los “indignados” israelies cuentan con la aprobación del 88% de los ciudadanos. (Libération, op. cit.)

(4) Le Monde, París, 16 de agosto de 2011.

(5) Léase Ignacio Ramonet, “Desarmar a los mercados”, Le Monde diplomatique en español, diciembre de 1997.