CUIDEMOS EL MEDIOAMBIENTE

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NUESTRO ENTORNO, FUNDAMENTAL. NO NOS OLVIDEMOS DE LAS TRES "R": RECICLAR, REUTILIZAR, REDUCIR. SEAMOS GENTE CIVICA, NO ENSUCIEMOS NI CONTAMINEMOS. UTILICEMOS EL TRANSPORTE PUBLICO SIEMPRE QUE PODAMOS. CORRAMOS LA VOZ DE QUE EL PLANETA DEBE CUIDARSE Y PROTEJERSE, EN TODOS LOS ASPECTOS. NO MALGASTEMOS NI DESPILFARREMOS ENERGIA. CUIDEMOS Y RESPETEMOS EL MEDIOAMBIENTE

viernes, 30 de diciembre de 2011

LA EDUCACION QUE VIENE (Artículo en Kaosenlared; www.kaosenlared.net)


La instauración de la dictadura pinochetista abrió la ventana a la "oscura noche neoliberal" en toda la región. Impulsada por los "Chicago Boys" de Milton Friedman, América Latina se convirtió en un laboratorio de experimentos económicos y de la aplicación del dogmatismo neoliberal como referente ideológico. Uno de los máximos promotores de estas ideas, Frederick Von Hayek, en una entrevista al diario chileno El Mercurio en 1981, llegó a decir que el "sacrificio de vidas humanas era necesario en pos del interés general, expresado por la preservación de un número mayor de vidas en el futuro".

Los principios neoliberales se trasladaron rápidamente al sistema educativo y Chile también fue el laboratorio continental de las reformas educativas que se replicaron a lo largo y ancho de América. Estas se plasmaron en políticas modernizadoras tendentes a la privatización, la descentralización, la reducción del presupuesto público educativo, así como la modificación curricular al servicio del mercado, bajo el encuadre regulador de sistemas de evaluación de la función de los centros educativos y el desempeño docente.

Estas reformas educativas se han sostenido en corrientes pedagógicas, esto es, en la producción de cierto tipo de discursos sobre la educación, especialmente el neoliberalismo pedagógico, el cual, entre otras cosas, promueve diagnósticos cuyo fin esincorporar la competitividad y el utilitarismo como principios educativos.

Pues bien, no es casual, con los tiempos que corren, que en España haya aparecido un informe (Educación y Formación Profesional) encargado por la patronal CEOE sobre el sistema educativo cuya pretensión es llevar a cabo, precisamente, una radiografía con miras a proponer una reforma. Uno de los argumentos fundamentales del informe coincide con una de las premisas principales del pensamiento pedagógico neoliberal desarrollado en América: el sistema educativo es ineficiente y, en consecuencia, ha de ser transformado. Si bien es indiscutible que el sistema educativo en América necesitaba –y necesita– profundos cambios y transformaciones, la idea de ineficiencia dio lugar a la inserción de los principios de la pedagogía neoliberal que sugerían dónde, cómo y qué cambiar.

En España, el informe desarrolla varias ideas de las cuales destacaré una: la herencia fijada en los cromosomas del alumnado puede influir en el éxito escolar por encima del nivel socioeconómico o educativo de las familias. Esta suerte de darwinismo social representa un peligro, puesto que significa interpretar el desempeño académico de los estudiantes a través de explicaciones que están cargadas de connotaciones biologicistas, como en el siglo XIX. Se asume que el estudiantado se diferencia entre sí de acuerdo a su "naturaleza". Esta concepción representa llevar la pedagogía neoliberal hacia el extremo, pues es un argumento que, como toda idea racista, conduce a separar a las personas de acuerdo a su lugar en la escala evolutiva: los más "dotados" arriba/dentro y los menos "dotados" abajo/fuera. No es casual, desde esta perspectiva, que Esperanza Aguirre haya propuesto las aulas de excelencia, diseñadas especialmente para los alumnos y las alumnas considerados más aptos.

Ésta y otras ideas sostenidas en el informe referido son una réplica de las que sonaron hace varias décadas en América. Al parecer, en España los principios de la pedagogía neoliberal han levantado vuelo y circulan con fuerza. Y se nota, cómo no: recortes, disminución del presupuesto, privatización de la enseñanza pública, cesión de suelo público, deterioro de las condicaciones laborales del profesorado, etc. En suma, las desigualdades sociales se profundizan al tiempo que los sistemas educativos se convierten en sistemas excluyentes.

¿Cuáles han sido los resultados de la aplicación de los principios pedagógicos neoliberales en el campo de la educación en América Latina? Si se toma el caso ecuatoriano, por ejemplo, habría que fijarse en las recomendaciones del Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, las cuales perjudicaron directamente a las familias con menos recursos (es decir, a la inmensa mayoría), en la medida en la que, entre otras cosas, se redujo la proporción de recursos públicos destinados a los sectores más desfavorecidos del sistema educativo en detrimento de la multiplicación del número de establecimientos privados. Un fracaso. Las sucesivas reformas educativas puestas en marcha no han hecho otra cosa que ahondar en un modelo que utiliza indicadores de calidad ajenos a la lógica educacional y reduce el análisis a las articulaciones de la educación con la economía.

Ojo: se sabe que en Argentina los padres y madres de familia y docentes que en el año 1991 se manifestaban defensores de la escuela pública y resistían la tendencia privatizadora, para 1995 habían desarrollado en su lugar una fuerte competitividad interinstitucional por la obtención de los recursos extraordinarios, asociados al financiamiento de los proyectos educativos. ¿Qué pasó? Los imaginarios sobre la educación se transformaron.

Si los espejos tienen la función de reflejar las imágenes, las reformas educativas latinoamericanas representan un espejo en el cual la sociedad española debería verse representada. ¿Que por qué cuesta trabajo mirarse en ciertos espejos? Porque Spain is different, es decir, porque Latinoamérica sigue siendo representado como un lugar distinto, exótico, anclado en el pasado. Cuesta trabajo reconocer(se) en la imagen que uno rechaza de sí mismo y para ello existen espejos que también distorsionan las imágenes, acaso producen risa. Al mirarlos, se asume que quien está al otro lado es un simulacro, algo inacabado, lejano, incluso grotesco. Ya lo dijo Octavio Paz: "Esos ojos ciegos que miran los ojos con que los veo". Ver o no ver: that is the question

miércoles, 21 de diciembre de 2011

NO SOBRAN FUNCIONARIOS SINO DEFRAUDADORES Y DIRIGENTES PATRONALES QUE LOS ENCUBREN (Artículo de Juan Torres en Attac; www.attac.es)


El presidente de la patronal española ha vuelto a insistir en que sobran funcionarios en España y que hay que poder despedirlos igual que a los trabajadores de la empresa privada (Nada nuevo, pues desde que llegó al cargo viene diciendo que en “Hay más de 150.000 funcionarios del Estado que no tienen trabajo que hacer“).

Veamos qué hay de verdad en ello.

En España el porcentaje de personas adultas que trabajaban para el sector público en 2008 era del 13% del total de la población activa, uno de los más bajos de la UE-15 (16%). En los países europeos cuyas economías son de las más competitivas y eficientes del mundo, según la OCDE, ese porcentaje era aún mayor: 26% en Dinamarca, 22% en Suecia o 19% en Finlandia.

En España, pues, no sobran sino que faltan funcionarios, al menos en comparación con nuestros países vecinos en donde las cosas funcionan mucho mejor. Y eso es el resultado, principalmente, de que nuestro Estado de bienestar está menos desarrollado porque el gasto social es aquí bastante más bajo que en la Europa de los 15 (aproximadamente el 72% de su media).

Pero eso no es lo peor de lo que no sabe o de lo que oculta el líder de la patronal.

El número de empleados públicos en España es de unos de 3,1 millones y se calcula que el coste de sus nóminas es más o menos de unos 115.000 millones de euros anuales.

El colectivo de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) estima que la evasión fiscal de las grandes fortunas, corporaciones empresariales y grandes empresas alcanzó los 42.711 millones de euros en 2010 (Actualidad Gestha: El 72% del fraude fiscal lo hacen grandes empresas). O sea, el 37% de lo que cuestan los más de tres millones de empleados públicos españoles, y casi la mitad de los 92.000 millones de déficit público de ese ejercicio.
Es evidente, pues, que la patronal no propone reducir el número de funcionarios (como también recortar el gasto en educación, en salud, en pensiones o en servicios a las personas dependientes) porque aquí se gaste mucho en esos conceptos sino porque quieren que las grandes fortunas y los grandes capitales defrauden aún más y paguen todavía menos a Hacienda.

Y, por otra parte, es verdaderamente aberrante y demencial que un dirigente empresarial prefiera que haya 115.000 personas menos sin ingreso en la economía, debilitando así la demanda y los beneficios de miles de pequeños y medianos empresarios afiliados a su propia organización patronal, solo para evitar que la exigua minoría de privilegiados a quien defiende (que no la totalidad de los empresarios) contribuya como los demás al progreso social.
La conclusión es sencilla: en España no sobran funcionarios sino defraudadores que usan para encubrirse a los dirigentes de la patronal.

domingo, 11 de diciembre de 2011

EL NEOFEUDALISMO QUE VIENE (Artículo en Kaosenlared; www.kaosenlared.net)


Durante las décadas anteriores a la Revolución francesa, las monarquías europeas intentaron salvar sus privilegios mediante las reformas que pusieron en marcha los Ilustrados. No fue suficiente. El Antiguo Régimen, que fiaba todo el poder a un monarca absoluto y a sus cortesanos, estaba podrido y su peso era tal que lastraba el desarrollo y el progreso de ciudadanos y países. En 1789 comenzó el derribo del pasado y la construcción del futuro, pero las revoluciones son un destello, no triunfan en unos meses, pero marcan el camino de la Historia. De aquel mes de julio francés salieron las palabras Libertad, Igualdad y Fraternidad, palabras que por sí solas resumen todavía la ambición más alta del Ser Humano, aunque, ni mucho menos, estén a día de hoy en el código genético de la mayoría de nuestros congéneres.

Contra la Revolución Francesa –igual ocurriría después contra la rusa- los antiguos levantaron cortafuegos, traiciones, guerras e invasiones. La revolución se diluyó en manos de Napoleón, cuando quiso ser Dios, pero quedó el germen. Ya nada iba a ser igual. Tras un siglo XIX convulso se llevó al sufragio censitario, es decir al voto de los que tenían censos, o sea rentas, los demás sólo tenían deberes, después de muchas batallas al sufragio masculino, mucho después, avanzado el siglo XX, al universal: La mujer era, por fin, persona pese a lo mucho que se empeñaron en lo contrario eclesiásticos y filibusteros afines. Empero, la democracia nunca fue un fin, sino un camino, un edificio en constante y perpetua construcción. Pasa con todas las revoluciones –y la democracia lo es-, porque en otro caso dejan de serlo para convertirse en instrumentos de dominio al servicio de unas u otras minorías privilegiadas. Y el sufragio universal conseguido en las calles de toda Europa –la Democracia estadounidense se formó sobre el negocio y la religión-, no consistió nunca en el derecho a votar, a participar en unos comicios, sino que llevó aparejada la conquista de otros muchos derechos políticos, económicos, sociales y culturales. No fue desde luego menor, el derecho a la educación, pues desde los albores del nuevo régimen siempre se consideró la elevación cultural de las masas, que tanto asustaban a Ortega, como necesidad indispensable para que el pueblo y los individuos que lo componen supiesen discernir, evaluar y criticar para ser dueños de sus destinos.

Todo esto, que contamos de manera fugaz, no ocurrió de la noche a la mañana, fue un larguísimo proceso que comenzó el 14 de julio de 1789 en París, continuó con la revolución rusa y todavía no ha culminado ni lo hará nunca, porque su motor es la constante renovación para mejor vivir todos. Nosotros, el pueblo, somos los protagonistas de la historia, pero hay veces en que, dormidos y narcotizados, dejamos que los fantasmas del pasado vuelvan y nos retrocedan a periodos ya superados. Son briznas en el tiempo que pasan y luego quedan en los libros como periodos oscuros. El problema es que, no nos queda otra, medimos el tiempo histórico en relación a nuestras vidas y es muy desagradable que uno de esos retrocesos nauseabundos, ocupen una parte importante de nuestra finitud, amargándonos con mil miedos y amenazas. Estamos en eso, pero también está en nuestras manos salir de eso. Durante el feudalismo, sistema que se basaba en la rendición de vasallaje –obediencia absoluta, sumisión- de unas personas a otras, el miedo esparcido por las huestes salvajes de las órdenes de caballería sacrosantas y desde los púlpitos de esos edificios inmensos construidos con sangre del pueblo en todos los pueblos, mantuvo todo en su sitio: El temor a Dios era tan grande como el temor al señor o al caballero empeñado en apropiarse de lo ajeno, materia o inmaterial, por la fuerza bruta. Con ellos siempre viajaba la cruz. No fue otra cosa el feudalismo que el resultado de la descomposición del Imperio romano, de las instituciones, de la cultura y las ciudades romanas. Nació en los campos en los que la gente se escondió no por miedo a los bárbaros, sino para poder comer. En su huida, aquellos hombres olvidaron a Espartaco, olvidaron que la fuerza del hombre, que el motor de su progreso fue siempre la unión frente al tirano poderoso, nunca ponerse bajo el abrigo envenenado y mortífero de su capa. Ocurrió hace mucho, pero puede que no esté tan lejos.

El siglo XX ha sido uno de los más sanguinarios de la Historia Universal. La lucha por el control de las colonias provocó cientos de enfrentamientos y guerras que acabaron tras la Segunda Guerra Mundial con el establecimiento, en la parte más avanzada del mundo, de un sistema de clara inspiración socialista: La guerra siempre fue uno de los mejores festines para el capital menos cuando terminaba destruyéndolo todo y, por tanto, arruinando el negocio. Lo más lógico, incluso para los capitalistas, habría sido la extensión de ese modelo a otras regiones del mundo, pues habría aumentado el número de consumidores y, por ende, la acumulación de riquezas. No fue así, la lógica y la codicia no se llevan bien. Como el Estado socialdemócrata surgido a finales de los cuarenta -esencialmente por el miedo a la URSS- era intervencionista y regulador, duró lo que duró el movimiento obrero activo y el régimen soviético. Amansado aquél y desaparecido éste, los capitalistas decidieron no sólo regresar al antiguo régimen, sino más lejos, al feudalismo. Puesto que era el Estado quién garantizaba los derechos conquistados y quien cobraba los impuestos para su sostenimiento, había que acabar con él para dejar de pagar impuestos, para recuperar el poder perdido, para apropiarse del Erario, de la caja de caudales con la que se paga Sanidad, Educación, asistencia social, pensiones e infraestructuras de uso común. Durante años se dijo y se repitió hasta la saciedad que el Estado era el causante de todos los males, que era ineficaz e insostenible, que los particulares con posibles y la banca –no hay más que mirar el desfalco que perpetran y pagamos entre todos contra nuestra voluntad- eran los gestores ideales. Y mucha gente creyó la mentira, invirtió en pisos y bolsa –era el capitalismo popular- sus pequeños ahorros y se arruinó. Aún así, en su mentalidad disminuida, continuaron creyendo en la mentira más grande jamás urdida, admirando al enriquecido sin preocuparle un bledo el origen espurio de su riqueza -¡¡yo quiero ser como ellos!!- y mucho menos que estaban, cada uno por su pelleja, cavando su propia tumba y la de sus descendientes.

Hoy el capitalismo, completamente borracho de éxito pero ciego ante su povernir: no hay capitalismo sin consumidores, sigue asaltando la Bastilla de los logros sociales condensados en los restos del Estado socialdemócrata, al que noqueó con alfombras rojas, elixires embriagadores y lujos exóticos para la nomenclatura, y medios de comunicación deseducadores y mariscadas de baratillo para el vulgo. El Estado construido con el esfuerzo de todos para protegernos de los señores feudales, está siendo destruido mediante artíficos contables. Si entre todos consentimos su voladura, tendremos que volver a buscar señor que nos proteja a cambio de entregarle nuestra alma y nuestra hacienda. Entraremos voluntariamente en el NEOFEUDALISMO.

martes, 6 de diciembre de 2011

LA GRAN REGRESION (Artículo de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique)


Está claro que no existe, en el seno de la Unión Europea (UE), ninguna voluntad política de plantarle cara a los mercados y resolver la crisis. Hasta ahora se había atribuido la lamentable actuación de los dirigentes europeos a su desmesurada incompetencia. Pero esta explicación (justa) no basta, sobre todo después de los recientes “golpes de Estado financieros” que han puesto fin, en Grecia y en Italia, a cierta concepción de la democracia. Es obvio que no se trata sólo de mediocridad y de incompetencia, sino de complicidad activa con los mercados.

¿A qué llamamos “mercados”? A ese conjunto de bancos de inversión, compañías de seguros, fondos de pensión y fondos especulativos (hedge funds) que compran y venden esencialmente cuatro tipos de activos: divisas, acciones, bonos de los Estados y productos derivados.

Para tener una idea de su colosal fuerza basta comparar dos cifras: cada año, la economía real (empresas de bienes y de servicios) crea, en todo el mundo, una riqueza (PIB) estimada en unos 45 billones (1) de euros. Mientras que, en el mismo tiempo, a escala planetaria, en la esfera financiera, los “mercados” mueven capitales por un valor de 3.450 billones de euros. O sea, setenta y cinco veces lo que produce la economía real...

Consecuencia: ninguna economía nacional, por poderosa que sea (Italia es la octava economía mundial), puede resistir los asaltos de los mercados cuando éstos deciden atacarla de forma coordinada, como lo están haciendo desde hace más de un año contra los países europeos despectivamente calificados de PIIGS (cerdos, en inglés): Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España.

Lo peor es que, contrariamente a lo que podría pensarse, esos “mercados” no son únicamente fuerzas exóticas venidas de algún horizonte lejano a agredir nuestras gentiles economías locales. No. En su mayoría, los “atacantes” son nuestros propios bancos europeos (esos mismos que, con nuestro dinero, los Estados de la UE salvaron en 2008). Para decirlo de otra manera, no son sólo fondos estadounidenses, chinos, japoneses o árabes los que están atacando masivamente a algunos países de la zona euro.

Se trata, esencialmente, de una agresión desde dentro, venida del interior. Dirigida por los propios bancos europeos, las compañías europeas de seguros, los fondos especulativos europeos, los fondos europeos de pensiones, los establecimientos financieros europeos que administran los ahorros de los europeos. Ellos son quienes poseen la parte principal de la deuda soberana europea (2). Y quienes, para defender –en teoría– los intereses de sus clientes, especulan y hacen aumentar los tipos de interés que pagan los Estados por endeudarse, hasta llevar a varios de éstos (Irlanda, Portugal, Grecia) al borde de la quiebra. Con el consiguiente castigo para los ciudadanos que deben soportar las medidas de austeridad y los brutales ajustes decididos por los gobiernos europeos para calmar a los “mercados” buitres, o sea a sus propios bancos...

Estos establecimientos, por lo demás, consiguen fácilmente dinero del Banco Central Europeo al 1,25% de interés, y se lo prestan a países como, por ejemplo, España o Italia, al 6,5%... De ahí la importancia desmesurada y escandalosa de las tres grandes agencias de calificación (Fitch Ratings, Moody’s y Standard & Poor’s) pues de la nota de confianza que atribuyen a un país (3) depende el tipo de interés que pagará éste por obtener un crédito de los mercados. Cuanto más baja la nota, más alto el tipo de interés.

Estas agencias no sólo suelen equivocarse, en particular en su opinión sobre las subprimes que dieron origen a la crisis actual, sino que, en un contexto como el de hoy, representan un papel execrable y perverso. Como es obvio que todo plan de austeridad, de recortes y ajustes en el seno de la zona euro se traducirá en una caída del índice de crecimiento, las agencias de calificación se basan en ello para degradar la nota del país. Consecuencia: éste deberá dedicar más dinero al pago de su deuda. Dinero que tendrá que obtener recortando aún más sus presupuestos. Con lo cual la actividad económica se reducirá inevitablemente así como las perspectivas de crecimiento. Y entonces, de nuevo, las agencias degradarán su nota...

Este infernal ciclo de “economía de guerra” explica por qué la situación de Grecia se ha ido degradando tan drásticamente a medida que su gobierno multiplicaba los recortes e imponía una férrea austeridad. De nada ha servido el sacrificio de los ciudadanos. La deuda de Grecia ha bajado al nivel de los bonos basura.

De ese modo los mercados han obtenido lo que querían: que sus propios representantes accedan directamente al poder sin tener que someterse a elecciones. Tanto Lucas Papademos, primer ministro de Grecia, como Mario Monti, Presidente del Consejo de Italia, son banqueros. Los dos, de una manera u otra, han trabajado para el banco estadounidense Goldman Sachs, especializado en colocar hombres suyos en los puestos de poder (4). Ambos son asimismo miembros de la Comisión Trilateral.

Estos tecnócratas deberán imponer, cueste lo que cueste socialmente, en el marco de una “democracia limitada”, las medidas (más privatizaciones, más recortes, más sacrificios) que los mercados exigen. Y que algunos dirigentes políticos no se han atrevido a tomar por temor a la impopularidad que ello supone.

La Unión Europea es el último territorio en el mundo en el que la brutalidad del capitalismo es ponderada por políticas de protección social. Eso que llamamos Estado de bienestar. Los mercados ya no lo toleran y lo quieren demoler. Esa es la misión estratégica de los tecnócratas que acceden a las riendas del gobierno merced a una nueva forma de toma de poder: el golpe de Estado financiero. Presentado además como compatible con la democracia...

Es poco probable que los tecnócratas de esta “era post-política” consigan resolver la crisis (si su solución fuese técnica, ya se habría resuelto). ¿Qué pasará cuando los ciudadanos europeos constaten que sus sacrificios son vanos y que la recesión se prolonga? ¿Qué niveles de violencia alcanzará la protesta? ¿Cómo se mantendrá el orden en la economía, en las mentes y en las calles? ¿Se establecerá una triple alianza entre el poder económico, el poder mediático y el poder militar? ¿Se convertirán las democracias europeas en “democracias autoritarias”?

¿SOLO LA IZQUIERDA O MEJOR TODOS LOS DE ABAJO? (Artículo de Juan Torres en Attac; www.attac.es)


El periodo de perturbaciones financieras y sociales que estamos viviendo muestra muchas carencias y frustraciones. Creo que puede decirse con razón, como los propios dirigentes más conservadores reconocen, que el sistema capitalista está registrando una falla de extraordinaria intensidad. Podría hablarse incluso de su fracaso histórico. 35.000 muertes diarias por hambre y un sistema financiero internacional que está al borde de la quiebra generalizada serían suficientes para mantener con fundamento esa afirmación. Pero, al mismo tiempo, es imposible dejar de reconocer que se ha producido un fracaso paralelo de las organizaciones de la izquierda tradicional y de los movimientos alternativos a la hora de impedir que la crisis del sistema se haya resuelto con un avance sustancial hacia la superación del capitalismo y hacia el mayor empoderamiento de las clases trabajadoras y, en general, de la población que viene sufriendo su incapacidad para satisfacer las necesidades básicas de los seres humanos.

Es cierto que este segundo fracaso tiene su origen en una contundente ofensiva previa de las fuerzas del capital que no dudó en acabar con la vida de miles de personas con tal de soslayar cualquier atisbo de cambio social que perjudicara a los grandes poderes financieros, económico y mediáticos. Y que la derrota de las fuerzas de izquierda fue debida en gran parte a las formas muy antidemocráticas o incluso fascistas que ha venido utilizando el capitalismo neoliberal de nuestra época.

Y es verdad también que el fracaso no ha sido total si se tiene en cuenta que la forma en que se resuelve la crisis está levantado una oleada planetaria de indignación, una rebeldía que se hace notar cada vez con más fuerza que quizá sea el origen no solo de protestas más o menos puntuales y localizadas sino de un nuevo espacio de lucha social y de sujetos políticos de nuevo tipo y con mucha más capacidad de impulsar cambios que los tradicionales, como está siendo en España el 15-M.

Pero, en todo caso, es evidente que estos últimos se encuentran todavía en fase muy embrionaria y que de momento no son capaces de generar la fuerza necesaria ni para frenar la ofensiva del capitalismo neoliberal ni para constituir una alternativa deseada, creíble y a la que se le tenga temor por los poderes dominantes.

Por eso creo que está completamente injustificado continuar actuando desde las filas de las izquierdas como si nada hubiera pasado, ajenos a la impotencia efectiva que padece a la hora de proponer alternativas, de hacerlas atractivas para las mayorías sociales y de frenar los continuos a ataques al bienestar, a la democracia y a la libertad que se vienen produciendo.

En mi opinión este fracaso de las izquierdas no tiene que ver solo con circunstancias coyunturales sino que es la culminación de una serie de deficiencias y limitaciones históricas muy graves en el discurso y en la práctica que venimos realizando en las diferentes sensibilidades de la izquierda.

Creo que estas limitaciones podrían resumirse en un efecto principal: la incapacidad para influir en las condiciones que generan hegemonía y consenso social debido a diversas circunstancias que podrían resumirse en las siguientes.

Los discursos de la izquierdas siguen basándose en categorías intelectuales y formales que ya no entroncan con los códigos con los que la mayoría de la sociedad percibe los fenómenos sociales. Puede ser cierto que eso responde a un empobrecimiento de los modos de analizar el mundo y a una banalización de los códigos de percepción y socialización pero la realidad es que la terminología, los tonos, las formas y los iconos de las izquierdas más o menos convencionales no encajan hoy día con el lenguaje dominante en nuestras sociedades. La prueba de ello es que al mismo tiempo que las organizaciones más tradicionales apegadas a este tipo de discurso se hacen cada vez más ajenas a la población otras de carácter más abierto, de expresión más plural y lenguaje menos nominalizado, como pueden ser ATTAC u otras asociaciones y movimientos de este tipo, como la reciente Democracia Real Ya en el seno del 15-M, son capaces de desplegar mucha más influencia y capacidad de convencimiento e incluso movilización social.

Aunque pudiera ser cierto que este fenómeno sea el resultado de los ataques injustos, de la demonización por parte de los grandes poderes mediáticos o que provenga de otros mucho menos plurales y democráticos, lo cierto es que la vieja iconografía de la banderas, de las hoces y martillos o de los discursos de las grandes categorías de la mecánicas social del XIX no permiten que haya entendimiento, empatía, entre las izquierdas que se amparan en ellos y las gentes normales y corrientes a las que se apela.

En particular, las izquierdas tradicionales parecen seguir empeñadas en entender que los cambios sociales se producen a través de la acción de sujetos colectivos impersonales (la clase obrera, el proletariado), sin percatarse de que si bien las clases siguen siendo cada vez más nítidas y reales, lo más cierto es que los cambios no los realizan las categorías sociológicas sino las personas.

A las izquierdas les falta humanidad, en el sentido más lato del término, hablarle a los ojos a las seres humanos, rozarse con ellos (como, por cierto, pasaba en los primeros hitos de los movimientos obreros organizados), gozar y sufrir con ellos, en lugar de hablarles para llamarles a la acción desde la (falsa) seguridad de que conocen sus destinos y la forma en que pueden conquistarse. Es decir, haciéndose cómplices y no dándoles órdenes.

La mayoría de las izquierdas están ancladas además en discursos maximalistas que la inmensa mayoría de la gente considera hoy día completamente extemporáneos, como consecuencia de esa especie de disociación cognitiva entre sus respectivas formas de ver la naturaleza de los asuntos sociales e incluso en las de expresarlos verbalmente.

Por otro lado, las izquierdas vienen mostrándose completamente incapaces de gobernar la diversidad, incluso su propia diversidad interna. Sigue estando asociada a depuraciones, batallas cainitas, divisiones, secesiones y a todo tipo de rupturas. No por casualidad sino como fruto de lo que acabo de señalar. Cada sensibilidad de izquierdas se presume dueña de las claves que permiten interpretar lo que ocurre en el mundo y solucionarlo. La socialdemocracia es traidora para quienes están a su izquierda, pero la izquierda comunista tradicional es reformista para la que se cree más anticapitalista y ésta última perfectamente asociable a la anterior para las anarquistas o autonomistas, y así sucesivamente. Una patología que a su vez se reproduce en el seno de cada una como se puede percibir para cualquier observador incluso lejano de lo que ocurre en la izquierda.

Eso se traduce no solo en una falta de afecto de la sociedad a quien así se comporta sino también en una desunión me atrevería a decir que visceral que impide que las respuestas frente a las agresiones del capital sean eficaces.

Se trata, a mi juicio, de una herencia pesada que sigue haciendo que la izquierda se deje llevar por el mecanicismo que se transmuta en totalitarismo cuando se desenvuelve entre algo que tenga que ver con el reparto del poder por muy insignificante que este sea. No solo en el nivel operativo o de la acción sino en el de acuerdo sobre cuestiones básicas que es increíble que aún no estén resueltas de común acuerdo: el papel de la presencia en las instituciones, del trabajo sindical, etc.

Finalmente, creo que la izquierda paga muy caro también su incapacidad para “adelantar” a la sociedad lo que le ofrece, para anticiparle de alguna forma el tipo de mundo que desea alcanzar. Salvo casos muy excepcionales, y precisamente por ello muy valiosos, y sobre todo en procesos dirigidos por experiencias de participación popular más que por la izquierda tradicional, apenas tenemos entre nosotros experiencias de nuevas formas de organización económica, financiera, social, urbana… salvo casos, como digo, muy singulares y excepcionales. Algo muy diferente a lo que ocurría en los primeros pasos de los movimientos obreros organizados cuando se creaban cooperativas, vínculos de solidaridad personal y social muy visibles y experiencias de vida en común que permitían que los trabajadores comprobasen que valía la pena optar por otro modo de vivir y de actuar.

Todo lo anterior no puede ser ajeno al desprecio de las actividades formativas, a la escasa relevancia que se da a la consistencia intelectual de la militancia de izquierdas. Es tan significativo como lamentable que no existan experiencias de escuelas, de seminarios conjuntos, de medios de comunicación compartidos, de revistas…. de izquierdas.

La cuestión estriba, pues, en reflexionar sobre si se pueden superar estas deficiencias.

A mi juicio no va a ser una tarea fácil porque se implican muchas dimensiones del problema y a muchos sujetos y organizaciones pero se trata de un reto al que están abocadas las diferentes corrientes y sensibilidades de la izquierda si no quieren ir desapareciendo y quedar definitivamente convertidas en resquicios de épocas pasadas.

El primer requisito que yo creo que hay que satisfacer es asumir que esta tarea requiere un esfuerzo gigantesco y muy sincero de convergencia. Es imprescindible unir fuerzas y llevar a cabo un acercamiento de análisis de la situación y de propuestas. Hay que superar la fragmentación, el ensimismamiento y el conformismo con ocupar una trinchera propia inexpugnable en torno a principios abstractos y cada vez más vacíos de contenido.

El segundo es el de asumir también que hay que poner en primer plano la movilización social en su más amplio sentido. El dominio del capitalismo neoliberal tiene el inconveniente de que es extraordinariamente agresivo y criminal pero la ventaja, desde el punto de vista de hacerle frente, que afecta a clases y capas sociales muy amplias, muchas de ellas ajenas a los espacios a los que tradicionalmente se ha asociado la izquierda.

Llamar hoy día solamente a las personas de izquierdas, apelar exclusivamente a la unión de la izquierda, puede ser un prerrequisito pero no un objetivo final porque esto sería limitarse a querer movilizar a un porcentaje ya casi ínfimo de la sociedad. Se trata, por el contrario, de actuar como catalizadores de la respuesta social más amplia posible, de todos y todas “los de abajo”, teniendo en cuenta que las agresiones del neoliberalismo se producen no solo a las clases trabajadoras sino a pequeños y medianos empresarios, a autónomos o profesionales, a las clases pasivas, o a los jóvenes, a las mujeres, sin distinción de ideologías e incluso de posición social.

Para ello es preciso que las izquierdas recuperen su capacidad de interlocución con la sociedad y que no se dediquen a hablar con ellas mismas, que recuperen el sentido humano de la vida política, como decía antes, que humanicen sus discursos vaciándolos de categorías nominalistas para llenarlos de fraternidad, de sentimientos y de cercanía a la gente que no necesariamente comparte ni va a compartir jamás con ella los códigos de pensamiento y lenguaje.

La izquierda, además, debe ser consciente de que es imposible llevar a cabo los cambios sociales solo con sus propios partidarios o fieles, o jugando el partido “en casa”, sino que hay que hacerlos con los mimbres que hay en cada momento, con la oposición de buena parte de la sociedad a la que no se puede hacer desparecer y caminando constantemente contra la corriente. Percibir que se actúa en un mundo complejo y en medio de una constante, inevitable y gran diversidad y aprender a actuar en estas condiciones es la gran tarea pendiente de las izquierdas y sin lo cual es imposible que puedan salir adelante sus propuestas de cambio.

Yo creo que si avanzamos en esas líneas de convergencia y empatía con la sociedad será posible abordar otros pasos de los que depende la quiebra del sistema de dominio en el que estamos: rompiendo su legitimación, haciendo saltar los consensos básicos del neoliberalismo, mostrando que sus instituciones no funcionan y presentando a la sociedad nuevas alternativas.

Los movimientos de indignados, el 15M, demuestran que son muchas las personas que están dispuestas a afrontar el reto de pensar y hablar de otro modo a la sociedad para desvelar y combatir las injusticias y la explotación. Lo harán con o sin las izquierdas tradicionales así que a éstas más les vale ponerse al día, quitarse los ropajes viejos y meterse en estos nuevos espacios de la política con inteligencia y humildad

martes, 29 de noviembre de 2011

LA IZQUIERDA, ¿HIPOTESIS MUERTA? (Artículo en Kaosenlared; www.kaosenlared.net)


El eje izquierda-derecha se revela en nuestro tiempo como obsoleto, incapaz de datar al conjunto de transformaciones culturales, políticas, socioeconómicas y psicosociales de nuestra época vivida. Se queda corto, reduccionista, al tratar de ubicar la realidad compleja dentro de una visión unidimensional que drena por todas partes. La irrupción del 15M da claras muestras de ello. Un acontecimiento que leído desde una óptica clásica, debería haberse traducido en votos a IU en las pasadas elecciones del 22M, o en ampliar los grupos de izquierda. Pero el 15M existe en sí mismo y no responde a la lógica del caladero de votos o del engrosamiento de mi organización particular.

Posiblemente tenga que ver con eso que llamamos –a espera de un mejor nombre–, posmodernidad. Es decir, la imposibilidad de marcar un único relato,un único sistema de creencias que ofrezcan respuestas coherentes y holísticas a las preguntas que nos hace el mundo contemporáneo. La producción de subjetividad, es decir, nuestras inclinaciones en las formas de ser, ya no son sólo patrimonio del Estado, el partido, la fábrica o la religión, sino que se encuentra atravesada por múltiples estímulos y roles que cumplir en la vida, imposibles de encasillar en formas lineales, homogéneas, fácilmente identificables.

Toda lectura de la realidad que parta de categorías de análisis que acaben por justificar una idea prediseñada, terminan siempre en frustración e incomprensión. Si la gente ha salido a la calle y ha comenzado a organizarse bajo criterios distintos a los repetidos por los que se autoproclaman revolucionarios o progresistas, ello debería hacer ver que existe una falta de análisis y una sobredosis de ideología que no cuajan con lo que sucede. Los que se llaman comunistas nunca han tenido intereses propios, son anfibios que no se aferran a verdades trascendentales. Debemos evitar eso que Gramsci veía como uno de los peores males, no armonizar el pensamiento con los elementos de la realidad cotidiana o no saber sentir las necesidades de los explotados. Esta ausencia de dramatización de la vida, incapacita cualquier aplicación de medidas generales y a los imaginarios “que no pueden imaginar el dolor que la crueldad termina por despertar”.

No se trata tanto de poner en tela de juicio los valores históricos que encarna la izquierda –o la extrema izquierda–, sino de cuestionar su forma, su puesta en escena, su manera de descifrar la realidad. Recordar por qué una persona se hacía de izquierdas resulta fundamental para comprender su función histórica. Ser de izquierdas ha sido un mecanismo, ha conseguido proyectar un universo mental acorde a las necesidades e intereses de los desfavorecidos y explotados del mundo, pero nunca al revés. La izquierda al servicio de las gentes y no viceversa. Por el mismo motivo que la entendemos como una herramienta que cristalizaba la organización del descontento, tenemos hoy que redefinir los conceptos para que, nuevamente, se interpreten las intenciones de impugnación de los de abajo.

Tampoco debería sorprendernos; si algo nos enseña Marx, es que nada en la vida es para toda la vida y que el capitalismo, lejos de la reducción economicista, es ante todo un modo de relacionarse que varía. Nietzsche afirmaba que los ateos no se despojaban de su condición de religiosos por el mero hecho de negarla, lo podían seguir siendo precisamente por seguir manteniendo una fe ciega en la búsqueda de la verdad única. Sacralizar posturas, símbolos o colores, como verdades eternas al margen de los cambios, nos exime de nuestra condición laica en la política, para convertirla en un presupuesto religioso inamovible, sin necesidad de verificar en la práctica. Como Durruti, también nosotros y nosotras renunciamos a todo, menos a la victoria. Eso no significa para nada, –es más, lo recrudece–, la desaparición del conflicto en torno a cómo debe organizarse, entenderse, la vida en común, en sociedad. Simplemente que cada tiempo, requiere su tiempo; cada forma, cada símbolo o referencia implica un contenido, que lejos de toda sacralización, responden y componen un tiempo histórico dado. Paradójicamente, era Lenin quien decía aquello de que “cada eslogan particular debe ser deducido de la totalidad de características específicas de una situación política definida”.

Se ha producido un doble efecto. Al tiempo que el capitalismo ha ido adoptando una proyección joven, dinámica, transgresora, la izquierda ha caminado en la dirección contraria, hacia lo viejo, lo rancio y lo nostálgico. El filósofo William James afirmaba que la acción viene ligada a una “voluntad de creer” y para ello diferenciaba entre lo que denominaba hipótesis vivas e hipótesis muertas: las vivas son aquellas que nos sugieren “una verdadera posibilidad”, “que resuenan en el alma de las personas”. Por contra, las hipótesis muertas son las que han perdido la validez de nombrar aquello que sucede y que por mucho repetirlo jamás lo conseguirá. Es “una llamada a actuar que no sabe producir un eco en nuestra conciencia”.

La batalla por la apropiación del saber y por lo tanto de la orientación en las disposiciones humanas, se libra hoy entre dos puntos: oscila entre una aparente diferenciación de formas de vida, pero finalmente reducidas al espacio liso del capital; y entre una coordinación compleja de diferencias, capaz de emanciparse del monolingüismo del capital. Sometimiento o éxodo de la dominación semiótica del capital, esa es la cuestión. La publicidad es un buen ejemplo para observar la batalla mental y la lucha por el significado de las palabras y por lo tanto de las cosas. Ha sido la que mejor ha sabido adoptar –hasta ahora–, las prerrogativas y las aspiraciones emancipatorias de la humanidad: Ikea es un diseño democrático y el modelo Ds4 de Citroën es un modelo “contra lo establecido” y Endesa es luz y también personas. Los anuncios pueden ser queer, ecológicos o “antisistema”, e incluso explican la historia de las revoluciones a través de un coche.

Los y las indignadas de medio mundo que toman las calles y la red son el cuerpo social del intelecto general conectado, es como un virus bacteriológico que desobedece y produce la ruptura; toman el testigo de la ilusión que en su tiempo generó la izquierda, haciendo suyas las palabras del poeta Gunter Eich, “cantad canciones que nadie espera escuchar de vuestras bocas”. Evaristo, el cantante del mítico grupo de punk, La Polla Records, tiene más razón que nunca cuando decía que “nuestra arma secreta es el cerebro”. La creatividad y la innovación colectiva que inundan las plazas, trasladan el saber y el conocimiento de las esferas publicitarias para ponerlas a trabajar en un fin común, de todos y para todos. Son la hipótesis viva que sí se hace eco en nuestra conciencia: “No somos de izquierdas ni de derechas, somos los de abajo que vamos a por los de arriba”, “we are the 99%”.

martes, 22 de noviembre de 2011

CARTA ABIERTA AL FUTURO PRESIDENTE DEL GOBIERNO, SOBRE LA CRISIS ECONOMICA Y EL GASTO MILITAR (Artículo publicado en attac; www.attac.es)


Somos conscientes de que asumirá el encargo de presidir el Gobierno en un contexto de grandes dificultades económicas, de distanciamiento entre la ciudadanía y la política y en el que tendrá que dar respuestas convincentes ante los múltiples retos actuales.

La ciudadanía vive perpleja ante la sensación de que los gobiernos del mundo democrático terminan por plegarse a unas exigencias que no emanan del sentir popular sino de unos intereses económicos globales. Exigencias que, en medio de la opacidad y la desregulación, terminan por beneficiar a unos pocos. Así, parece difícil evitar que la gente piense que paga los platos rotos de una fiesta en la que no decidieron ni la comida ni los invitados.

Una globalización económica sin regulación nos ha conducido a una democracia acosada por los mercados y de precaria credibilidad. La comunidad internacional, más allá de reaccionar con medidas urgentes ante lo que acontece, debe acometer una revisión a fondo de los acuerdos, mecanismos y estructuras en los que se fundamenta el actual sistema económico.

Si, como parece, se opta por reducir el gasto público y las inversiones, no podemos asistir impasibles al recorte de prestaciones sociales, sanitarias y educativas –todas ellas siempre fundamentales pero aún más en un contexto de crisis que comporta más precariedad a buena parte de la población- o a la inversión en ciencia e innovación. Es esencial generar otro sistema económico que pueda ser más justo, sostenible, productivo y sólido.

No asistiremos impasibles a la reducción de inversiones y gastos cruciales para el bienestar y la protección de la calidad de vida mientras se continúa manteniendo un descomunal gasto militar.

Sabemos que no es un caso específico de España. Los principales países del mundo, encabezados por los Estados Unidos, mantienen una inmensa maquinaria bélica. Si tenemos en cuenta las graves carencias que afectan a la mayoría de los habitantes del planeta, el desarrollo de este desmesurado arsenal constituye un auténtico insulto. Lamentablemente, este modelo se proyecta con fuerza y los países emergentes se esfuerzan en copiar los mismos modelos. Por ello, el incremento del gasto militar, la producción de nuevos sistemas armamentísticos o la adquisición de nuevas armas en el mercado internacional son pautas habituales de muchos países. Hay que recordar que, tal como apuntaba el reciente Informe del SIPRI, el gasto militar mundial, pese a los 4 años de crisis económica, subió en todo el mundo un año más, hasta alcanzar la escandalosa cifra de 1,6 billones de dólares.

Mientras, los Objetivos del Milenio –que nos recuerdan las apremiantes necesidades que deberíamos atender si queremos reducir las amenazas que el hambre, la falta de salud o de educación suponen para la población mundial- siguen incumpliéndose año tras año.

Se trata de una política errónea propiciada por los grandes productores de armamento, que confunde seguridad con militarismo. ¿Cómo se puede aprobar que para hacer frente a supuestas amenazas militares se invierta tanto dinero y para evitar riesgos reales que se llevan la vida de millones de personas aceptemos impasibles que no existen medios?

En el caso español, comprobamos amargamente algunas decisiones de sucesivos gobiernos, que siempre hemos considerado erróneas pero que ahora, además, están impactando gravemente sobre la economía. Se ha decidido participar en grandes proyectos armamentísticos (avión de combate europeo Eurofighter, carros de combate Leopard, etc.), sin valorar si eran realmente necesarios y se correspondían con una visión global y moderna de la seguridad. En cualquier caso, con independencia de su conveniencia, han constituido un desastre financiero.

Dedicar más de 16.000 millones de euros para 2011 al gasto militar –teniendo en cuenta todas las partidas, no solo lo que gestiona el Ministerio de Defensa- nos parece una sinrazón. Las posibles misiones internacionales, argumento habitual para justificar una alta dotación en armas a los ejércitos, no precisan de ese enorme gasto y, en concreto, de la adquisición o fabricación de armas, impuestas por la pertenencia a la OTAN –es increíble que la UE no sea todavía autónoma en materia de seguridad- y que, en buena medida, son propias de conflictos pretéritos.

Cuándo hace 14 meses publicamos en estas mismas páginas el artículo ‘Crisis, gasto militar y desarme’ (El País, 2 de agosto de 2010) queríamos alertar sobre la grave crisis económica y la necesidad de establecer unas prioridades adecuadas a la hora de plantearse recortes del gasto público. Durante estos meses hemos visto como la crisis económica se agudizaba sin que las medidas de austeridad hayan alcanzado al gasto militar.

Pero a la vez hemos sido testigos de dos fenómenos de gran trascendencia.

Por un lado, miles y miles de mujeres y hombres del mundo árabe han dicho “¡Basta!”. Han gritado al mundo que también quieren vivir con dignidad, aspirar a la justicia y disfrutar de la libertad. Han hecho tambalear, y caer en algunos casos, a dictadores que lamentablemente, contaban con el apoyo interesado de buena parte de las democracias occidentales. Con las modernas tecnologías de la información y la comunicación, que permiten la libre expresión y la participación no presencial, los ciudadanos ya no solo serán contados en las elecciones. Deberán contar también después. Pueden influir y decidir. Y deben hacerlo.

Por otro lado, en España irrumpía con fuerza el movimiento del 15 M, internacionalizado meses después con la movilización del 15 0. Unas movilizaciones surgidas de la disconformidad e indignación de muchas personas ante la degradación de la calidad de vida, la pérdida de capacidad democrática de dirigir la economía y el alejamiento de la política de sus auténticas responsabilidades.

Por cuanto antecede nos parece que proteger el gasto social y dirigir los posibles recortes hacia el gasto militar es una medida que fortalece la democracia, mejora el bienestar y envía a la ciudadanía un mensaje positivo, al priorizar la agenda social en un contexto de crisis aguda.

Sr. Presidente: le agradeceremos que tenga en cuenta estas reflexiones y sugerencias

jueves, 17 de noviembre de 2011

LA DEMOCRACIA EN RECESION (Artículo en Attac; www.attac.es)

Entre las previsiones negrísimas que Bruselas lanzó el jueves, según las cuales la eurozona se dividirá entre países estancados y países en recesión, faltó añadir un dato a sumar a los de PIB, déficit o paro: las previsiones democráticas, pues en algunos países la democracia se estancará en 2012, mientras en otros entrará en recesión.

La crisis financiera es un vendaval que se lo lleva todo por delante: el Estado de Bienestar, los derechos laborales, el euro, los gobiernos, unos cuantos bancos, miles de empresas y millones de puestos de trabajo. Y ahora también la democracia, que ya está tiritando en Grecia e Italia, mientras en el resto de países empezamos a sentir el frío que se acerca.

Hasta cierto punto es lógico, pues encaja en el discurso oficial de la crisis: si todo es recortable, reformable y ajustable, si para salir de la crisis hay que meter tijera al gasto público, tumbar derechos y cambiar constituciones, y no hay línea roja que valga, ¿por qué no vamos a recortar también la democracia? ¿Qué impide un ajuste del sistema democrático?

Ahí están los gobiernos tecnocráticos en Grecia e Italia, que hacen innecesario convocar nuevas elecciones, e invalidan cualquier diferencia entre las fuerzas parlamentarias. Y para el resto, mientras no sea necesario colocarles un economista en el gobierno, políticas económicas dirigidas desde el BCE y el FMI. Y al que saque los pies del tiesto y quiera consultar a la ciudadanía o pensar por su cuenta, lo crujimos.

Y todos rezando porque la tecnocracia funcione, porque si el gobierno de los expertos también falla, ¿qué vendrá después? Si pese a todo, los ciudadanos resisten y los parlamentos no validan las sucesivas vueltas de tuerca, ¿qué nuevo ajuste democrático llegará para que se cumpla la santa voluntad del poder financiero?

¿Es la democracia (aun siendo escasa) un lujo para época de bonanza que no podemos permitirnos en crisis, como los festivales de teatro, la actualización de las pensiones o la atención hospitalaria de calidad?
El vendaval regresivo arrecia. Y no es viento: es que están soplando

domingo, 13 de noviembre de 2011

A PROPOSITO DE LA PUBLICACION DE HAY ALTERNATIVAS: LA NECESIDAD DE REBELARSE FRENTE AL DOMINIO NEOLIBERAL (Artículo de Attac; www.attac.es)


Carta abierta de los autores del libro Hay alternativas, Vicenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón, a la población indignada que no acepta las políticas neoliberales que se están imponiendo a la ciudadanía, sin su aprobación y participación.

Escribimos el libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España con la intención de mostrar que, en contra de lo que dice la sabiduría convencional promovida por los establishments financieros, económicos, políticos y mediáticos del país, sí que hay alternativas a las políticas de austeridad que están haciendo tanto daño a las clases populares de nuestro y otros países.

Los representantes de los grandes intereses financieros y económicos realizan un esfuerzo constante (a través de los medios de mayor difusión de España y sus comunidades autónomas) para intentar convencer a la ciudadanía de que no hay alternativas a tales políticas de recortes sociales, buscando así dificultar e imposibilitar la presentación de otras políticas que, sin embargo, serían mucho más eficaces para mantener y expandir el bienestar de la población, y, precisamente por ello, también más democráticas y más populares que las que ellos proponen.

Su enorme poder impide que haya un auténtico debate sobre los tan temas urgentes e importantes que están hoy día sobre la mesa. Y así se puedan aplicar las medidas de reducción de derechos sociales y laborales sin apenas discusión, en aras de unos supuestos e inexistentes futuros beneficios a las clases populares y ocultando que en realidad solo proporcionan más privilegios a los promotores de tales políticas de reducción de derechos.

Este libro cuestiona cada uno de los dogmas neoliberales que alientan estas políticas y los supuestos que los sostienen y es precisamente por ello que esté teniendo tantas dificultades para darse a conocer ante el público, dificultades que aparecieron incluso antes de que se publicara.

Teníamos un acuerdo con la editorial Aguilar, una de las mayores editoriales del país, para publicar y distribuir el libro que implicaba su compromiso de sacarlo a la calle el 19 de octubre, una fecha que le permitiría ser un recurso más en los debates que deberían realizarse en el marco de las elecciones del 20-N. Para ello debimos realizar un esfuerzo hercúleo para tenerlo a tiempo y pasamos buena parte del verano trabajando en ello. Pero lo hicimos con ilusión, pues creemos que es un servicio para todas las personas –millones en España- que están indignadas por la situación actual y que buscan las alternativas que se les niegan en los foros de discusión.

El aliento y apoyo que obtuvimos en este trabajo por parte de muchos movimientos sociales, incluyendo amigos del 15-M, de los sindicatos, de los movimientos vecinales, y de todas sensibilidades políticas, eran indicadores de que íbamos por buen camino y valía la pena el esfuerzo. Y parecía que la editorial Aguilar iba a respetar su compromiso cuando comenzó su promoción activamente, no solo en su propia web sino en las principales librerías de toda España, como todavía puede comprobarse fácilmente en la red.

Sin embargo, incluso después de haber hecho algunos cambios en el texto sugeridos por la editorial y cuando la promoción estaba en marcha, hubo una orden superior que ordenó parar el proyecto. La promoción desapareció y no recibimos más que explicaciones muy opacas y ninguna seguridad de que se pudiera publicar más adelante. Ante esta situación decidimos retirar el libro de Aguilar, recomponer su diseño y difundirlo inmediatamente en formato pdf a través de internet mientras la editorial Sequitur se encargaba de publicarlo y sacarlo impreso a la calle cuanto antes.

Agradecemos este enorme esfuerzo de esta editorial y de los amigos de ATTAC que una vez más se han empeñado con generosidad en difundir el pensamiento crítico. Pero es evidente que ni Sequitur ni ATTAC tiene el potencial de distribución de las grandes casas editoriales, como Aguilar. Y es por ello que tenemos que pedir a todas las personas indignadas con el argumento de que no hay alternativas, que se movilicen y que pidan a las librerías que distribuyan el libro Hay alternativas.

Solo mediante la movilización puede la ciudadanía romper esta marginación, que alcanza dimensiones de veto político, intolerable en una democracia, por muy limitada que sea, como en el caso español.

Tenemos la convicción de que si la mayoría de la población en España pudiera conocer que sí que hay alternativas a las políticas que les están dañando, se movilizaría rompiendo con el fatalismo que le están imponiendo los medios de mayor difusión próximos a los poderes financieros y económicos que no desean que se conozcan y debatan tales políticas.

De ahí que pidamos a todas las personas con sensibilidad democrática que reclamen e insistan en que las librerías tengan disponible y visible para que la ciudadanía lo conozca y si lo desea, pueda conseguirlo. La lucha por la democracia pasa también por romper con el monopolio en la producción y distribución de ideas que solo podremos conseguir con nuestra actitud activa y nuestra rebeldía ante el intento de implantar un auténtico pensamiento único.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

ESPAÑA, PELIGRO INMINENTE (Artículo de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique)


La histórica decisión de la organización ETA (Euskadi Ta Askatasuna), anunciada el pasado 20 de octubre, de “cesar definitivamente su actividad armada” sin condiciones, pone término a 43 años de violencia política en España, y representa el fin de una suerte de trágica excepción española en Europa.

Desde la muerte del dictador Franco en 1975 y la adopción por referéndum de la Constitución en 1978, nada justificaba el recurso al asesinato político, al atentado o a la violencia armada. Todo ello (así como la tortura y la represión policial) ha causado un enorme sufrimiento social y centenares de víctimas mortales. La propia sociedad vasca, como lo expresó el dirigente abertzale Arnaldo Otegi en julio pasado, ya no toleraba el terrorismo.

Es menester ahora avanzar hacia la construcción de la paz y la convivencia, sin vencedores ni vencidos, en el marco definido el 17 de octubre pasado por los expertos internacionales en la Declaración final de la Conferencia de Paz de San Sebastián (1). Éstos aconsejaron “tratar exclusivamente las consecuencias del conflicto”, o sea: la situación de los presos y de los clandestinos; la restitución de las armas; la compensación y la asistencia a todas las víctimas; el reconocimiento del dolor causado; y la ayuda para sanar las heridas personales y sociales. Pero también, si se desea establecer para siempre la concordia, habrá que avanzar de manera responsable en lo político con la participación de todos los partidos democráticos de España y Euskadi.

Es interesante observar que ETA ha anunciado su adiós a las armas justo un mes antes de las decisivas elecciones legislativas del 20-N. Un escrutinio que, según las encuestas de opinión, debería ganar con fuerte probabilidad el Partido Popular (PP), vencedor ya de las últimas elecciones locales. ¿Ha querido ETA, en cierto modo, influir en ese escrutinio? ¿Ha deseado, con el cese de su actividad armada, apoyar una línea nacionalista no violenta que, como lo demostró el éxito de Bildu en las elecciones municipales de mayo pasado, cuenta hoy con la simpatía de una gran parte del electorado abertzale? ¿En qué medida el fin del terror podría también ser capitalizado electoralmente por el PSOE como una victoria política del Gobierno actual capaz de atenuar su anunciada derrota?

Muchos electores habituales del PSOE estaban decididos, en efecto, a sancionar esta vez al partido de José Luis Rodríguez Zapatero. No sólo a causa de la crisis inédita que vive el país sino por las brutales políticas de ajuste (“impopulares pero necesarias”, afirmó el Presidente) que han castigado sobre todo a las clases medias y humildes, así como a los jubilados y a los jóvenes. Y porque Zapatero –en una muestra de “coraje político”, según él–, se ha rendido a los mercados, no dudando en asumir las consignas ultraliberales exigidas por los inversores internacionales, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE) y la canciller alemana Angela Merkel.

Pareciera además que la impopularidad actual del presidente Zapatero lo inhibiera en algún modo de cualquier pudor a la hora de tomar, a final de mandato, medidas descaradamente conservadoras, últimos desafíos a su propio electorado socialista. Por ejemplo: la reciente reforma de la Constitución, sin referéndum, para limitar los déficits presupuestarios como se lo exigían Francia (que no se lo aplica a sí misma) y Alemania. O la muy controvertida decisión del 4 de octubre pasado (cuando ya las Cortes estaban disueltas), de firmar un acuerdo en el que España cede a EEUU la base de Rota como sede naval del escudo antimisiles de la OTAN.

Zapatero se lo ha puesto muy difícil a su virtual sucesor, Alfredo Pérez Rubalcaba, al dejar un Partido Socialista desorientado, confundido, aturdido, extraviado, exánime y derrotado. No se repondrá fácilmente el PSOE. Le esperan largos años de travesía del desierto en espera de su refundación.

No es buena noticia para España. Sobre todo porque la izquierda de la izquierda, de donde deberían provenir las ideas más audaces y más constructivas para sacar al país del atolladero se halla demasiado fragmentada. Y porque otras fuerzas de progreso que suben en el resto de Europa, la ecología política por ejemplo (léase, en esta misma página, el artículo de Joan Martínez Alier), se encuentran aún, aquí, en el limbo.

Este contexto favorece electoralmente al PP. Y las encuestas lo anuncian, en efecto, como vencedor del próximo escrutinio. Muchos electores que se disponen a votarlo creyendo que un eventual Gobierno de Mariano Rajoy hará una política económica diferente de la de Zapatero –o sea una política sin ajustes, sin recortes y sin austeridad–, deben saber que no será así. Simplemente porque Zapatero, en los últimos 18 meses, ha hecho, en economía, una política ya de derechas. Y que, con mayor razón, Rajoy la acentuará.

Basta con ver cómo se está comportando la derecha actualmente en otros pagos. En Cataluña, por ejemplo, el Gobierno de la Generalitat presidido por Artur Mas (Convergència i Unió) está aplicando (“sin que nos tiemble la mano”, ha dicho Mas) recortes drásticos en los sectores de la Sanidad y de la Educación que han disparado las protestas. En Sanidad, por ejemplo, anunció una reducción de mil millones de euros, o sea el 10% de los recursos con los que contó el pasado ejercicio en tiempos del Tripartito. Ello significa cierre de centros sanitarios, supresión de plantas y quirófanos, pérdida de camas, despido de auxiliares y médicos, supresión de turnos de noche, etc. O sea, castigo para los pacientes.

En Castilla-La Mancha, la presidenta María Dolores de Cospedal (PP) presentó a final de agosto pasado un plan de choque para recortar más de 1 800 millones de euros. Congeló la oferta pública de empleo en todos los sectores y suprimió el 40% de los puestos de personal eventual en la Administración pública. A los profesores de Educación Infantil, Primaria y Secundaria se les aumentaron autoritariamente dos horas lectivas cada semana. Se suprimieron casi todos los centros de formación de los docentes. Y los mayores recortes están previstos en el sector de la Sanidad (2). Para el PP, Castilla-La Mancha es el laboratorio de lo que la derecha se dispone a hacer si Rajoy consigue llegar a la Moncloa. El peligro es pues inminente. ¿Acaso la propia María Dolores de Cospedal no definió su brutal terapia de choque como “un ejemplo” para toda España?

sábado, 29 de octubre de 2011

¿COMO RESISTE EL ESTADO ESPAÑOL CON CINCO MILLONES DE PARADOS QUE DICEN LAS ESTADISTICAS? (Artículo en Kaosenlared; www.kaosenlared.net)

En España hay casi cinco millones de desempleados. En concreto, 4.978.300 personas estaban sin trabajo al finalizar septiembre, según los datos publicados este viernes por elInstituto Nacional de Estadística (INE). Además, los hogares con todos sus miembros en paro aumentaron en 57.700 en el tercer trimestre de 2011, un 4,2% más respecto al trimestre anterior, hasta situarse en 1.425.200.

Dada la complicada situación social, ¿por qué en España no hay una reacción revulsiva de la sociedad como ha sucedido en países como Grecia?

Los principales motivos que apuntan los expertos son la red de apoyo social con la que cuenta nuestro país, la solidaridad familiar que impera y la economía sumergida. "En España tenemos una solidez en las medidas de ayuda a personas sin empleo o con recursos limitados mayor que en otros Estados, como Grecia, además de un importante respaldo familiar", asegura Eduardo Crespo, sociólogo y profesor de la Universidad Complutense.

El desencanto con la clase política y el escepticismo sobre la posibilidad de que la situación mejore también explica esa cierta apatía de la población. "Los partidos de izquierda están desbordados con esta situación y los sindicatos están ahora mismo en un momento de retroceso", analiza Crespo.

Además, es una tarea "muy complicada" lograr que las personas en desempleo se movilicen. "Están fuera de un lugar de trabajo, no les llegan las reivindicaciones de los sindicatos y existe cierto temor a que lo que venga sea aún peor", añade. Sin embargo, "que no haya una reacción explosiva" no significa que la sociedad esté dormida, una opinión compartida por los sindicatos y que estos justifican en la huelga general del pasado año.

Para este profesor de Sociología, las protestas concretas tienen más éxito que una revuelta nacional. "Lo estamos viendo con el15-M, en ciudades como Madrid, con las manifestaciones contra los recortes en Educación, o en Cataluña, con encierros yconcentraciones contra la situación de la sanidad pública", asegura.

Economía sumergida
Además, la economía sumergida que existe en torno a las cifras de desempleo es otro de los motivos fundamentales que explican la ausencia de respuesta de la sociedad, según explica Juan Carlos Monedero, profesor de Ciencias Políticas de la Complutense. "La gente encuentra en el mercado 'informal' de trabajo algún tipo de solución", explica. "Si realmente hubiera cinco millones de parados en este país, estaríamos realmente mal", continúa. Según el último estudio de la Fundación de Cajas de Ahorros (FUNCAS), la economía sumergida en España representó el 23,7% del Producto Interior Bruto (PIB) entre 2005 y 2008.

Monedero también acusa a partidos políticos y sindicatos de falta de "coraje cívico". "Ninguno de ellos está a la altura de la circunstancias", afirma. "Al final, entramos en un círculo vicioso, en el que las organizaciones sindicales no son audaces y se quejan porque la población no les respalda. Pero a su vez, las personas no les siguen porque no son audaces", detalla. Por último, Monedero destaca una de las lacras de la sociedad española, y es que "en España no terminamos de interiorizar nuestros derechos".

martes, 25 de octubre de 2011

LA URGENTE Y PRIORITARIA NECESIDAD: LA REPUBLICA DEL BIEN COMUN (Artículo en Attac; www.attac.es)


El sistema democrático está muy por debajo de mínimos, no cumple su función principal: proveer la democracia. Cada vez somos más ciudadanos y ciudadanas los que exclamamos que el sistema que nos contiene no es una democracia ya que quien cuenta no es el pueblo, sino una minoría de “aristócratas”, esta vez no de la nobleza, sino del dinero. Los actuales títulos aristocráticos no tienen que ver con cohortes, ducados o condados, sino con presidencias, consejos de grandes instituciones financieras y lugares de privilegio en las instituciones políticas y económicas globales.

La tibia y vigilada democracia en el Estado español, supeditada a la aceptación de la Monarquía parlamentaria sí, o sí, y controlada por su oligarquía financiera, se ha quitado la máscara coincidiendo con el baile de máscaras de los escenarios políticos globales, donde siempre prevalece la falsedad aristocrática del Poder desnudo, el del dinero.

Pasar del Estado de naturaleza al Estado social fue necesario para vehicular los valores humanos y para ello nadie hasta el momento ha inventado nada que supere al contrato social. Este contrato social no podía ser de otra forma que entre iguales, iguales en sustancia, iguales en derechos, iguales ante las oportunidades, iguales ante la ley. Solo de este hecho igualitario podía emerger en la comunidad un sentido de pertenencia necesario para que la política alcanzara sus mejores logros. Ser súbdito se asocia hoy a épocas pasadas en las que la libertad solo se alcanzaba por cuna y no por ciudadanía y donde el cetro que investía al monarca tenía atributos divinos.

Para que este contrato social tomara carta de naturaleza hubo que elevarlo a la categoría de ley y proclamar la igualdad de todos los integrantes de la comunidad política ante ella. ¿Qué si no podría merecer nuestro respeto y nuestra colaboración? Esta es la base de las repúblicas modernas, de las constituciones Francesa y Americana a finales del S. XVIII.

Los valores republicanos impregnaron, en su origen, las primeras constituciones democráticas modernas, las de las democracias llamadas representativas. La tradición republicana, que en su acepción de izquierda tiene su mejor valedor en “El contrato social” de J. J Rousseau, tiene como valor fundamental la estabilidad de la “polis”, estabilidad que solo puede generarse de la libre aceptación del contrato político y social por parte de la gran parte de la ciudadanía. Esta aceptación solo puede darse mediante unas condiciones del pacto sistémico y legal en donde el principio supremo que guíe la acción política sea el bien común, y en donde el principio de autoridad esté fundamentado y complementado con la libre aceptación del contrato y en la participación de todos en la acción democrática y en los beneficios de ella derivados.

Los valores proclamados de la República fueron, libertad, igualdad y fraternidad; valores necesarios para la cohesión y estabilidad de la comunidad política. Estos valores republicanos iban a reforzar la democracia representativa y su sistema político, generando sentido de pertenencia a una comunidad en derechos y en deberes. Sin embargo la deriva democrática hace siglos dejó de representar estos valores y ello debido a que los valores individualistas fueron desplazando a los colectivos. Estos valores individualistas que es innegable, que al igual que los colectivos pueden generarse, albergarse y eclosionar en el ser humano – de ambas tendencias la historia nos ofrece episodios – fueron despertados por el liberalismo decimonónico, mediante su marco sociopolítico de competencia entre individuos, e intereses de facciones y banderas. El escenario político, en la visión liberal, no apelaba a la comunidad sino a la individualidad y a las facciones; no promovía la colaboración, sino a la competencia. En estas circunstancias ¿Cómo promover una comunidad política estable y cohesionada?

En la comunidad sistémica democrática los valores republicanos se fueron debilitando y sustituyendo por otros tres valores que predominan en las sociedades actuales, Individualismo posesivo, competitividad y consumo irresponsable. Atrás quedó el sentido del bien común, cada uno busca en el mercado competitivo su propio bien, muchas veces en contra del bien ajeno o colectivo y de la sostenibilidad del planeta.

La lucha emancipadora de los sectores y las clases desfavorecidas y oprimidas en el sistema liberal-capitalista, consiguieron avances importantes durante el S. XIX y XX, avances que, no debemos olvidar sufrieron la mayor regresión de la historia de forma plebiscitaria en 1933 con Adolf Hitler. Esto debe de hacernos pensar que la democracia, entendida como gobierno del pueblo elegido en sufragio, si no va acompañada de valores republicanos, puede justificar las formas políticas más monstruosas. La democracia, como muchos autores de la democracia han señalado no se justifica únicamente en sus procedimientos, sino que también ha de ser democracia sustancial basada en logros sociales y valores humanos.

La reconsideración del contrato social dio sus mejores frutos después de la Segunda Gran Guerra, con la Declaración Universal de los Derechos Humanos y con el denominado Estado social y democrático de derecho. Es la vuelta del liberalismo como doctrina económica y su prevalencia mundial desde hace más de 3 décadas lo que ha constituido de nuevo la regresión económica, social y de legitimidad política actual.

El capitalismo denominado “De rostro humano” o social-democracia, responde al pacto social de post-guerra y vino a significar en el mundo desarrollado 3 décadas continuadas de estabilidad política y social. La vuelta al fundamentalismo del mercado o capitalista se da y se justifica de la mano de las teorías del re-nacido liberalismo, el neoliberalismo. Éste ha conseguido derribar los valores democráticos republicanos y por lo tanto acabar con la estabilidad y cohesión política y social, al mismo tiempo que ha secuestrado a la democracia.

Las formas políticas actuales, con la globalización financiera, son fundamentalmente no democráticas. Esto es patente por el hecho de que las instituciones financieras internacionales (BM, FMI, OMC) y organismos de gobernanza global como el G-20, o regional como el Consejo Europeo, no siendo elegidos por la ciudadanía, constituyen hoy los auténticos centros decisorios en la globalización. El problema añadido es que todos estos organismos de gobernanza adoptan las doctrinas neoliberales como las únicas posibles, y ello en perjuicio de los sistemas democráticos de los Estados-nación y de los pueblos.

La gran brecha social que se da en los Estados entre las clases altas y las bajas, no puede generar cohesión social ni sentido de pertenencia y ciudadanía y esto corroe continuamente los pilares democráticos. Pero tampoco la brecha global entre países ricos y países pobres puede hacerlo, en esta globalización marcadamente desigual e injusta.

Sin embargo en nuestro país, España, seguimos manteniendo vestigios pre-modernos y arcaicos como una monarquía, que a pesar de ser constitucional y expresar que quiere ser de todos los españoles, se alinea con la gran Banca, se permite el lujo de pertenecer al Club de poder global de Bildelberg o monta la recepción y la foto oficial de todos los poderes corporativos de este país con los reyes en El Palacio Real.

Nó, ya no debemos mantener formas pre-democráticas como la monarquía. Una monarquía que en su esencia significa estatus y que tiene prerrogativas que no se pueden equiparar a las del resto de sus “mortales” súbditos. La ley ya no puede mantener el privilegio de herencia, ni albergar poderes no elegidos. La democracia ha de supeditarse al contrato social efectivo, a la estabilidad de la polis, a los valores y la cultura republicana y al bien común.

La democracia será republicana o no será y ello a escala local y global, y la ciudadanía ha de presionar para que se constituyan poderes democráticos, republicanos y sociales a distintos niveles. Ese es el reto de nuestro siglo, esa nuestra lucha.

sábado, 15 de octubre de 2011

TENEMOS VEINTE BILLONES DE RAZONES PARA SALIR A LA CALLE EL 15 DE OCTUBRE (Artículo de Carlos Martínez en Attac; www.attac.es)

Según cifras oficiales, en el mundo desde que estalló la crisis financiera que provocaron las hipotecas basura – entre otros asuntos- se han gastado los estados y los organismos públicos económicos no menos de veinte billones de dólares en rescatar y recapitalizar bancos e instituciones financieras, en su inmensa mayoría privadas.

Solo en Europa, Durao Barroso, reconoce 4´5 Billones de Euros. Se supone que más, pues en muchos lugares como España, se han utilizado fórmulas disimuladas de recapitalización, mediante supuestos préstamos del FROB , exenciones fiscales etc. etc.

Lo cierto es que se ha gastado muchísimo más en apoyar la banca privada en el mundo en general, pero de forma muy especial en el llamado primer mundo, en las potencias centrales, que en los objetivos del milenio, los de 2015, según el programa aprobado por las Naciones Unidas para acabar con el hambre en el mundo. Pero es que la ridículamente definida como comunidad internacional, es decir las potencias centrales, están liquidando a pasos agigantados los estados del bienestar y empobreciendo a sus poblaciones, que asisten tan atemorizadas como despistadas y manipuladas al cambio de un sistema-mundo que se les escapa. La reacción en Europa, es asirse a la soga conservadora, reaccionaria, derechista y aún más neoliberal que al inicio de la crisis de 2007, la misma soga que les asfixiará.

En el reino de España, los bancos como hemos escrito han recibido capital público. Las Cajas de Ahorros, en serias dificultades por apoyar, como todo el mundo con algo de espíritu de lucro, la burbuja inmobiliaria fomentada por los gobiernos Aznar y no corregida ni evitada por los gobiernos Zapatero, han sido privatizadas por la gran coalición de facto para temas importantes del PSOE y el PP.

Las Cajas bancarizadas, en algunos casos como Bankia, son ya auténticos bancos privados,pues cotizan en bolsa. En lugar de crear un sistema financiero público y retener para el estado y el bien común Cajas nacionalizadas, estas han sido o están siendo recapitalizadas y vendidas a posteriori. Los gurús neoliberales de la economía española que viven de fundaciones pagadas por bancos privados, están contra la banca pública, el PP está contra la banca pública, Rubalcaba está contra la banca pública. Los pueblos de España, las Pymes, la economía social, las familias necesitan la banca pública, pero a las clases populares nadie las rescata, es más financian ellas las recapitalizaciones bancarias. Por eso hay que salir con fuerza a las calles el día 15 de Octubre.

Nadie nos regala nada a las clases populares y trabajadoras. Por eso estamos reconstruyendo nuestros instrumentos de lucha y dotándonos de nuevos. La ciudadanía precaria y/o machacada sale en protesta. El sujeto colectivo camina hacia su empoderamiento, pero se nos pondrán obstáculos y fuertes, por eso en la lucha debemos forjar alianzas de resistencia y resortes de las clases subalternas, de los de abajo, los sin futuro, para buscar nosotros y nosotras nuestro futuro, que en mi opinión no pasa por apoyar opciones neoliberales ya fracasadas.

El día 15 de Octubre, debemos tomar moral, saber que no estamos solas y solos y seguir reivindicando más y mejor democracia. Soberanía popular. Poder popular. Fuerza y resistencia de las clases subalternas, de los pueblos, frente a los explotadores, chupones, especuladores, banqueros, ricos y gobernantes a su servicio, en el mundo, en Europa, en nuestro estado, región o ciudad.

lunes, 10 de octubre de 2011

EL NUEVO SISTEMA-MUNDO (Artículo de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique)


Cuando se acaban de cumplir diez años desde los atentados del 11 de septiembre y tres años desde la quiebra del banco Lehman Brothers ¿cuáles son las características del nuevo “sistema-mundo”?
La norma actual son los seísmos. Seísmos climáticos, seísmos financieros y bursátiles, seísmos energéticos y alimentarios, seísmos comunicacionales y tecnológicos, seísmos sociales, seísmos geopolíticos como los que causan las insurrecciones de la “Primavera árabe”...

Hay una falta de visibilidad general. Acontecimientos imprevistos irrumpen con fuerza sin que nadie, o casi nadie, los vea venir. Si gobernar es prever, vivimos una evidente crisis de gobernanza. Los dirigentes actuales no consiguen prever nada. La política se revela impotente. El Estado que protegía a los ciudadanos ha dejado de existir. Hay una crisis de la democracia representativa: “No nos representan”, dicen con razón los “indignados”. La gente constata el derrumbe de la autoridad política y reclama que ésta vuelva a asumir su rol conductor de la sociedad por ser la única que dispone de la legitimidad democrática. Se insiste en la necesidad de que el poder político le ponga coto al poder económico y financiero. Otra constatación: una carencia de liderazgo político a escala internacional. Los líderes actuales no están a la altura de los desafios.

Los países ricos (América del Norte, Europa y Japón) padecen el mayor terremoto económico-financiero desde la crisis de 1929. Por primera vez, la Unión Europea ve amenazada su cohesión y su existencia. Y el riesgo de una gran recesión económica debilita el liderazgo internacional de Norteamérica, amenazado además por el surgimiento de nuevos polos de poderío (China, la India, Brasil) a escala internacional.
En un discurso reciente, el Presidente de Estados Unidos anunció que daba por terminadas “las guerras del 11 de septiembre”, o sea las de Irak, de Afganistán y contra el “terrorismo internacional” que marcaron militarmente esta década. Barack Obama recordó que “cinco millones de Americanos han vestido el uniforme en el curso de los últimos diez años”. A pesar de lo cual no resulta evidente que Washington haya salido vencedor de esos conflictos. Las “guerras del 11 de septiembre” le costaron al presupuesto estadounidense entre 1 billón (un millón de millones) y 2,5 billones de dólares. Carga financiera astronómica que ha tenido repercusiones en el endeudamiento de Estados Unidos y, en consecuencia, en la degradación de su situación económica.

Esas guerras han resultado pírricas. En cierta medida, finalmente, Al Qaeda se ha comportado con Washington de igual modo que Reagan lo hizo con respecto a Moscú cuando, en los años 1980, le impuso a la URSS una extenuante carrera armamentística que acabó agotando al imperio soviético y provocando su implosión. El “desclasamiento estratégico” de Estados Unidos ha empezado.

En la diplomacia internacional, la década ha confirmado la emergencia de nuevos actores y de nuevos polos de poder sobre todo en Asia y en América Latina. El mundo se “desoccidentaliza” y es cada vez más multipolar. Destaca el rol de China que aparece, en principio, como la gran potencia en ciernes del siglo XXI. Aunque la estabilidad del Imperio del Medio no está garantizada pues coexisten en su seno el capitalismo más salvaje y el comunismo más autoritario. La tensión entre esas dos fuerzas causarà, tarde o temprano, una fractura. Pero, por el momento, mientras declina el poderío de Estados Unidos, el ascenso de China se confirma. Ya es la segunda potencia economica del mundo (por delante de Japón y Alemania). Además, por la parte importante de la deuda estadouninese que posee, Pekín tiene en sus manos el destino del dólar...

El grupo de Estados gigantes reunidos en el BRICS (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica) ya no obedece automáticamente a las consignas de las grandes potencias tradicionales occidentales (Estados Unidos, Reino Unido, Francia) aunque éstas se sigan autodesignando como “comunidad internacional”. Los BRICS lo han demostrado recientemente en las crisis de Libia y de Siria oponiéndose a las decisiones de las potencias de la OTAN y en el seno de la ONU.

Decimos que hay crisis cuando, en cualquier sector, algún mecanismo deja de pronto de funcionar, empieza a ceder y acaba por romperse. Esa ruptura impide que el conjunto de la maquinaria siga funcionando. Es lo que está ocurriendo en la economía desde que estalló la crisis de las sub-primes en 2007.
Las repercusiones sociales del cataclismo económico son de una brutalidad inédita: 23 millones de parados en la Unión Europea y más de 80 millones de pobres… Los jóvenes aparecen como las víctimas principales. Por eso, de Madrid a Tel Aviv, pasando por Santiago de Chile, Atenas y Londres, una ola de indignación levanta a la juventud del mundo.

Pero las clases medias también están asustadas porque el modelo neoliberal de crecimiento las abandona al borde del camino. En Israel, una parte de ellas se unió a los jóvenes para rechazar el integrismo ultraliberal del Gobierno de Benjamín Netanyahu.

El poder financiero (los “mercados”) se ha impuesto al poder político, y eso desconcierta a los ciudadanos. La democracia no funciona. Nadie entiende la inercia de los gobiernos frente a la crisis económica. La gente exige que la política asuma su función e intervenga para enderezar los entuertos. No resulta fácil; la velocidad de la economía es hoy la del relámpago, mientras que la velocidad de la política es la del caracol. Resulta cada vez más dificil conciliar tiempo económico y tiempo político. Y también crisis globales y gobiernos nacionales.

Los mercados financieros sobrerreaccionan ante cualquier información, mientras que los organismos financieros globales (FMI, OMC, Banco Mundial, etc.) son incapaces de determinar lo que va a ocurrir. Todo esto provoca, en los ciudadanos, frustración y angustia. La crisis global produce perdedores y ganadores. Los ganadores se encuentran, esencialmente, en Asia y en los países emergentes, que no tienen una visión tan pesimista de la situación como la de los europeos. También hay muchos ganadores en el interior mismo de los países occidentales cuyas sociedades se hallan fracturadas por las desigualdades entre ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres.

En realidad, no estamos soportando una crisis, sino un haz de crisis, una suma de crisis mezcladas tan intimamente unas con otras que no conseguimos distinguir entre causas y efectos. Porque los efectos de unas son las causas de otras, y asi hasta formar un verdadero sistema. O sea, nos enfrentamos a una crisis sistémica del mundo occidental que afecta a la tecnología, la economía, el comercio, la política, la democracia, la guerra, la geopolítica, el clima, el medio ambiente, la cultura, los valores, la familia, la educación, la juventud, etc.

Vivimos un tiempo de “rupturas estratégicas” cuyo significado no comprendemos. Hoy, Internet es el vector de la mayoría de los cambios. Casi todas las crisis recientes tienen alguna relación con las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información. Los mercados financieros, por ejemplo, no serían tan poderosos si las órdenes de compra y venta no circulasen a la velocidad de la luz por las autopistas de la comunicación que Internet ha puesto a su disposición. Más que una tecnología, Internet es pues un actor de las crisis. Basta con recordar el rol de WikiLeaks, Facebook, Twitter en las recientes revoluciones democráticas en el mundo árabe.

Desde el punto de vista antropológico, estas crisis se están traduciendo por un aumento del miedo y del resentimiento. La gente vive en estado de ansiedad y de incertidumbre. Vuelven los grandes pánicos ante amenazas indeterminadas como pueden ser la pérdida del empleo, los choques tecnológicos, las biotecnologías, las catástrofes naturales, la inseguridad generalizada... Todo ello constituye un desafio para las democracias. Porque ese terror se transforma a veces en odio y en repudio. En varios países europeos, ese odio se dirige hoy contra el extranjero, el inmigrante, el diferente. Está subiendo el rechazo hacia todos los “otros” (musulmanes, gitanos, subsaharianos, “sin papeles”, etc.) y crecen los partidos xenófobos.

Otra grave preocupación planetaria: la crisis climática. La conciencia del peligro que representa el calentamiento general se ha extendido. Los problemas ligados al medio ambiente se están volviendo altamente estratégicos. La próxima Cumbre mundial del clima, que tendrà lugar en Rio de Janeiro en 2012, constatarà que el número de grandes catástrofes naturales ha aumentado así como su carácter espectacular. El reciente accidente nuclear de Fukushima ha aterrorizado al mundo. Varios gobiernos ya han dado marcha atrás en materia de energía nuclear y apuestan ahora –en un contexto marcado por el fin próximo del petróleo– por las energías renovables.

El curso de la globalización parece como suspendido. Se habla cada vez más de desglobalización, de descrecimiento... El péndulo había ido demasiado lejos en la dirección neoliberal y ahora prodría ir en la dirección contraria. Ya no es tabú hablar de proteccionismo para limitar los excesos del libre comercio, y poner fin a las deslocalizaciones y a la desindustrialización de los Estados desarrollados. Ha llegado la hora de reinventar la política y de reencantar el mundo.

domingo, 9 de octubre de 2011

QUIEREN CONVERTIRNOS EN SERES DEPRIMIDOS Y SOBREVIVIENTES (Artículo de Carlos Martínez en Attac; www.attac.es)


Nos quieren ver depresivos y sobreviviendo. Nos quieren aplastar.

Los poderosos saben muy bien que la gente empobrecida, parada y excluida, solo tiene en la cabeza sobrevivir y pensar como se las arreglará para comer caliente al día siguiente. No es su preocupación fundamental la de aprender y formarse, sino la de encontrar un jornal, aunque sea de unas horas y por unos euros. No es la reclamación de seguros sociales, ni siquiera la de una educación en condiciones para sus hijos, sino como los podrá calzar y vestir.

Eso lo saben bien los y las poderosas. A cambio ofrecen televisión embrutecedora, esperanza religiosa y competitividad, es decir competición entre los excluidos para ver quien hace méritos para salir como sea del hoyo y así poder consumir más, emular a base de falsificaciones sus marcas de ropa y comprar coches usados, pero rápidos y con potentes altavoces.

El neoliberalismo ha cambiado la vida y la cultura en los barrios y ha dado una nueva esperanza, la del consumo a tu nivel y la de admirar a pedorras y pedorros soeces, pero que siendo incultos, triunfan. La solución es vender y venderse. Saben que su mensaje ha calado y encima que les oprimen, explotan y controlan, muchas y muchos les votan, porque las derechas, los señoritos, necesitan mano de obra y los socioliberales (antiguos socialdemocrátas) hablan un lenguaje que no entienden y sacan unas señoras con pinta de marquesas ha hablar de economía, demostrándoles de esta forma efectiva que ellos no les preocupan. Les preocupan los mercados y los bancos.

Nos quieren machacar, empobrecer, embrutecer, porqué saben que de esta forma nos tienen bajo su bota, o su tacón de aguja. Quieren que seamos sus pobres caricaturas.

Si las izquierdas transformadoras y las gentes del pensamiento critico y alternativo quieren cambiar algo, o iniciar un proceso de recuperación de fuerzas de las clases populares y de organización de las y los de abajo, de las clases trabajadoras, lo primero que deberán hacer es hablar un lenguaje que la gente de los barrios les entienda. Volver a los barrios, pero no como misioneros o misioneras, sino como sufrientes y víctimas que también somos de la crisis del capitalismo y proponer soluciones, visibles y alcanzables, a veces sencillas, pero que permitan algunos éxitos iniciales, porque si no les pareceremos “unos pringaos”.

No es el discurso inenteligible de puro radicalismo infantil lo que nos permitirá articular la lucha ciudadana y la lucha de clases. No serán los liderazgos mesiánicos los que nos harán avanzar más allá de pequeñas islas. Solo el trabajo, el lenguaje sencillo y popular, los liderazgos sociales admitidos, pero jamás impuestos y naturales. Solo el preocuparnos por temas simples y tan esenciales a la vez como el empleo, las pensiones, la educacación y la salud, las prestaciones mejores y más largas en el desempleo, nos hará creíbles.

Identificar al adversario, al enemigo, es clave y los bancos, los ricos que salen obscenamente en la televisión en yates y bodorrios que nosotras pagamos son los chorizos a desprestigiar. También las derechas y todos los que quieren perpetuar este estado de injusticia, viviendo a nuestra costa.

Necesitamos que las personas trabajadoras, paradas y humildes vuelvan a tener orgullo y confiar en sus propias fuerzas. Por eso, apoyar por ejemplo la manifestación del 25 de Septiembre por una vivienda digna, por la dación en pago y denunciando la carroña de los bancos es tán importante. Ese problema afecta a millones de personas, paradas, precarias o quebradas y con una hipoteca a fin de mes, y encima podemos triunfar. Vamos a conseguirlo.

Hay que volver a propuestas tan sencillas como entendibles y no perder tanto tiempo en métodos. Hay que ser operativos, movilizadores y no crear unas nuevas vanguardias separadas, por más que se crea lo contrario, de las prácticas, vivencias y pensamientos de las y los vecinos de los bloques de VPO, las antiguas barriadas sindicales, los patronatos de Santa Adela o las casas baratas.

La unión hace la fuerza y para todo esto, los movimientos sociales, ciudadanos, de genero, los sindicatos y los partidos y agrupaciones políticas de izquierdas y antineoliberales, deben converger. La calle debe volver a llenarse y el 20N no errar el tiro. Los poderosos ya saben lo que harán ocurra lo que ocurra tras las elecciones, además la banca nunca pierde.

Un consejo mío (con perdón): si queréis saber si alguien que os pide el voto quiere cambiar las cosas o no, preguntadle que quiere hacer con el poder financiero, si desea controlarlo y enfrentarse a él, no con demagogía sino con realismo. Preguntádle si quiere constituir la banca pública. Preguntadle si propone eliminar las SICAV y hacer una reforma fiscal progresiva y redistributiva, pero de verdad. En estos momentos esto es clave para saber si nos dicen la verdad, o si nos quieren dar gato por liebre.

No nos deprimamos. Los barrios están llenos de personas paradas y deprimidas, y ese es el triunfo de los capitalistas, los poderosos y sus cipayos.