CUIDEMOS EL MEDIOAMBIENTE

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NUESTRO ENTORNO, FUNDAMENTAL. NO NOS OLVIDEMOS DE LAS TRES "R": RECICLAR, REUTILIZAR, REDUCIR. SEAMOS GENTE CIVICA, NO ENSUCIEMOS NI CONTAMINEMOS. UTILICEMOS EL TRANSPORTE PUBLICO SIEMPRE QUE PODAMOS. CORRAMOS LA VOZ DE QUE EL PLANETA DEBE CUIDARSE Y PROTEJERSE, EN TODOS LOS ASPECTOS. NO MALGASTEMOS NI DESPILFARREMOS ENERGIA. CUIDEMOS Y RESPETEMOS EL MEDIOAMBIENTE

domingo, 30 de enero de 2011

"LA CRISIS HA SIDO UNA GRAN ESTAFA" Entrevista a Juan Torres en Attac; www.attac.es

Juan Torres es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla, consultor y asesor de gobiernos y organizaciones internacionales, interviene en foros y seminarios de divulgación económica y análisis. Es un escritor prolífico y ha publicado un buen número de libros (el último se titula ¿Por qué se cayó todo y no se ha hundido nada? La crisis de las hipotecas basura), medio millar de artículos y tiene un blog en internet, Ganas de escribir.

¿Cuál es la razón de esta crisis?

El gigantesco y antidemocrático poder de decisión de los banqueros es el origen auténtico de la crisis. Lo resumiré con cinco citas ajenas: “Los bancos tienen la culpa de todo”, “La banca ha tenido una conducta irresponsable”, “La crisis se ha producido porque se ha dejado que la banca cometa un fraude generalizado”, “Los directivos de los bancos que han recibido dinero del Estado y ahora pagan bonos son unos sinvergüenzas” y “La crisis se ha producido gracias a los chanchullos de la Administración de Bush”. Estas frases proceden de fuentes nada sospechosas de izquierdismo anticapitalista. Las han pronunciado, por este orden, Warren Buffet, que es uno de los dos hombres más ricos del mundo; la segunda aparece en un documento del G 20; la tercera es de Alan Greenspan, el que fue presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos; la cuarta es de Barack Obama y la quinta es una opinión de Paul Samuelson, premio Nobel de Economía, considerado como el más prestigioso economista de la segunda mitad del siglo XX.

¿Por qué califica usted esta crisis como una estafa?

Ha sido una gran estafa. Estafa de los bancos que inundaron el mundo de hipotecas sin garantías y de porquería financiera. Estafa de los organismos internacionales y la mayoría de los bancos centrales y gobiernos que han creado las condiciones para que los bancos se forren. Estafa de analistas y académicos que proclamaron las virtudes del libre mercado y de la desregulación de las fianzas. Estafa de los líderes políticos que primero dijeron no haberse enterado de nada; luego, ante la gravedad de lo que sucedía, afirmaron que iban a cambiar las cosas, más tarde inventaron excusas como la gripe A o la amenaza terrorista para que los ciudadanos miraran a otra parte y no salieran a la calle y, finalmente, actuaron con el principio de que para salvar la economía había que salvar primero a los bancos que la llevaron al desastre. Estafa de los poderosos del planeta que provocaron este problema gigantesco sin asumir ni pagar sus responsabilidades y que, como siempre, han hecho que las personas débiles y pobres sean quienes sufran y paguen sus criminales destrozos.

¿Los bancos han chantajeado a los gobiernos?

Muchos gobiernos, como el español, tenían superávit presupuestario antes de 2007 y 2008, pero en cuanto tuvieron que aumentar el gasto público para hacer frente a los efectos de la crisis, comenzaron a incurrir en déficit y a tener que emitir deuda. Los bancos públicos desaparecieron hace años en aplicación de políticas neoliberales de privatización. A los gobiernos no les quedó más remedio que emitir deuda. El Banco Central Europeo inyectó dinero a los bancos para salvar sus agujeros sin fondo, al 1% de interés. Pero luego los bancos han exigido a los gobiernos rendimientos del 4 y el 5% para la compra de deuda. Se ha aprovechado de la situación para lograr rentabilizar al máximo sus capitales.

¿No se puede acusar y penalizar a los responsables de la crisis?

Tribunales hay, pero la justicia está al servicio de los poderosos y, a veces, garantiza su impunidad. Hace unos pocos años el Banco de Santander inventó un producto financiero para aliviar la presión fiscal de sus clientes más ricos. Pero Emilio Botín no rindió cuentas ante los jueces aunque su banco entregó a Hacienda información falsa sobre casi diez mil operaciones bancarias por valor de 145.000 millones de pesetas, presentando titulares o testaferros de ese producto financiero tales como personas fallecidas -algunas durante la guerra civil-, ancianos desvalidos, parados o emigrantes, que nada sabían de tales operaciones. Era un delito por fraude y falsificación de identidad. Hubo una acusación particular que pidió para Botín alrededor de 170 años de cárcel. Pero, en un momento del proceso, el fiscal y el abogado del Estado decidieron retirarse, manifestando que el Estado no se había sentido dañado. Y el tribunal decidió que no había motivo para juzgar. Al tiempo apareció en el diario El País una noticia indicando que la entonces secretaria de justicia y después vicepresidenta del gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, había dado orden al fiscal para que retirara el contencioso. Y entonces ni hubo jueces, ni periodistas, ni ciudadanos que actuaran.

¿Qué alternativas se han propuesto desde la economía crítica?

La crisis es del sistema y las soluciones han de situarse fuera del sistema actual. Enumeraré algunas. Poner el sistema financiero al servicio de la economía productiva de bienes y servicios. Evitar que se especule con un bien necesario como es la vivienda. Facilitar créditos a bajo interés a las empresas y ciudadanos. Imponer topes al beneficio y restablecer el valor social de los impuestos. Subir los salarios reales, manteniendo la capacidad de compra y la productividad. Crear un auténtico sistema fiscal internacional y mecanismos mundiales de redistribución de la renta. Acabar con el régimen de plena libertad de movimientos del capital que arruina economías de países enteros, produce crisis locales y globales, no ayuda a la producción de bienes y servicios y sólo produce beneficios a los propietarios del capital. Establecer un sistema basado en la plena cobertura de las reservas bancarias y evitar que con el sistema de reservas fraccionarias la banca tenga el privilegio monopolista que alimenta la deuda, engorda la actividad especulativa y atribuye a los banqueros tan ingentes beneficios y un poder que chantajea al Estado. A la crisis no le pueden hacer frente sólo los gobiernos de los países ricos, sino que es necesario crear un gobierno mundial plenamente democrático, alejado de los lobbies y grupos de poder actuales. Y es cuestionable el papel del dólar como moneda dominante en la economía mundial.

¿Qué papel pueden jugar la banca pública y las cajas de ahorro?

La crisis ha puesto de relieve el coste grandísimo de haber renunciado a la banca pública. Hay que reivindicarla. Pero lo público no es en sí mismo lo adecuado, si su lógica no es diferente a la de la banca privada. Las cajas de ahorro no han hecho sino clonar la experiencia de la banca privada. Las concentraciones de cajas y la participación en ellas de capital privado parecen la antesala de su total privatización, que es la pretensión de la gran banca. A esa gran banca globalizada, alejada del territorio y sin corazón, le tiene sin cuidado la existencia de una economía local, de empresas apegadas al terreno, de modestas iniciativas de emprendedores, o la importancia de atender a las pequeñas economías domésticas. La banca ética (Fiare, Triodos), incipiente aún, es una buena alternativa.

sábado, 29 de enero de 2011

BIENVENIDOS AL PARAISO NEOLIBERAL: TRABAJAR MAS POR MENOS DINERO (Artículo en Attac; www.attac.es)


Primero intentaron colar de rondón en el Parlamento Europeo la ampliación de la jornada de trabajo a 65 horas semanales. Ahora pretenden que la edad de jubilación se alargue hasta los 67 años. Y los trabajadores de Nissan, aparte de congelar el sueldo, aceptan trabajar 12 sábados obligatorios al año. Bienvenidos al paraíso neoliberal.

Resulta cuando menos chocante que hoy, pese al gran desarrollo tecnológico, trabajemos muchas más horas que nuestros antepasados cazadores recolectores. En la sociedad actual, una persona debe trabajar como mínimo una media de ocho horas diarias para cubrir sus necesidades. Lo que supone unas 100.000 horas de trabajo al año. A lo que hay que sumar las horas empleadas en los desplazamientos hasta el lugar de trabajo.

Los trabajadores de la planta que la japonesa Nissan tiene en Barcelona se han visto obligados a aceptar un duro ajuste de sus condiciones para lograr que la empresa mantenga la producción de una nueva furgoneta en esa planta. A cambio, los operarios han aceptado congelarse el sueldo en 2012 y una subida del 0,5% para 2013 sea cual sea el IPC. A partir de abril de 2011, habrá 15 sábados laborables al año, 12 obligatorios y una bolsa de horas extra de 40 horas, 32 obligatorias.

Al estudiar la economía de los pueblos que viven todavía de la caza y la recolección tal como se hacía hace 20.000 años, el investigador Marshall Shalins, demostró que los pueblos primitivos, pese a tener una “economía subproductiva” -sólo trabaja una parte de la sociedad en tiempos breves y con baja intensidad-, satisfacen siempre las necesidades del grupo social. Es el caso de los bosquímanos o de los australianos de la Tierra de Arhem, descritos en su estudio Edad de piedra, edad de la abundancia.

Estos primitivos grupos sociales no dedican todo el día a luchar contra la escasez de alimento. Por el contrario, una media de cuatro horas al día les basta para asegurar su subsistencia y la de los suyos. En su clásico estudio sobre los bosquimanos !Kung San del Kalahari, el canadiense Richard B. Lee señala que las mujeres encargadas de la recolección de alimentos dedican tan sólo poco más de doce horas semanales para reunir las fuentes calóricas necesarias para la subsistencia del grupo; los hombres, que aportan alrededor del 30% de las necesidades energéticas de éste, dedican unas 21 horas a la semana al suministro de carne. Otro investigador, R.Rappaport, ha calculado que los Tsembaga de Nueva Guinea, con un sistema productivo basado en una agricultura primitiva de tala y quema, dedican al trabajo algo más de siete horas semanales (1).

Sobre todo en economía política necesitamos contar con un nuevo paradigma que nos permita cambiar la lógica del sistema. El mundo no siempre ha funcionado bajo la lógica del modo de producción capitalista. Pues, de haber regido éste en la Edad de Piedra, al día siguiente de que uno de los genios paleolíticos inventara el hacha de sílex, nuestros dignos antepasados se habrían topado de bruces con el desempleo y la crisis del sistema de pensiones. El escenario, más o menos habría sido el siguiente:

La ventajosa eficacia de esta nueva tecnología de corte aumentó la productividad de forma espectacular. Por ejemplo, incrementando la eficacia de la tarea de recolección de leña. Ésta se realizaba inicialmente cogiendo las ramas secas caídas en el suelo. Con un hacha en la mano, un leñador podía cortar en una jornada pongamos que el doble de leña de la que antes recolectaba a mano. De manera que, al precisarse ahora sólo la mitad de hombres que antes del invento, la otra mitad de hombres habría quedado automáticamente desempleada. Sin embargo, puesto que el volumen de leña acopiado en cada corta seguía siendo el mismo que hasta entonces, la intensidad del fuego en las hogueras se mantendría constante, impidiendo que los miembros más viejos de la horda, imposibilitados para buscar leña, perecieran de frío.

Todo hubiera ido bien hasta que, un aciago día, hubieran entrado en juego los servicios de estudios económicos para examinar la situación y aguarles la fiesta. Estos expertos rupestres, tras ejecutar una serie de cálculos con abstrusos signos trazados con un tizón en la pared de la caverna, habrían reunido a la horda para comunicarles su fatal conclusión: “El sistema de calefacción social no puede mantenerse dado que ahora, entre desocupados y ancianos, el número de personas que se calientan es mayor que el número de leñadores cotizantes al fondo de madera”.

Afortunadamente, a la vista de que las paredes de Altamira y Lascaux fueron decoradas con magníficas pinturas de bisontes, y no con aburridas tablas econométricas, podemos inferir que no había economistas entre la horda que habitó en ellas. Señal, por otra parte, de que nuestros tatarabuelos paleolíticos disponían de inteligencia suficiente para convertir el aumento de productividad en ganancia de ocio creativo, y no en cifras oficiales de desempleo. Una tendencia que, miles de años después, mantuvo la población humana del Neolítico, que ya contaba con una tecnología mucho más avanzada.

Del sílex utilizado en su más primaria forma de pedernal, hemos pasado a las tecnologías basadas en el chip de silicio. En principio, la desaparición de las cadenas que nos ligan al trabajo debería ser una excelente noticia para la humanidad, pues vendría a significar que la especie terráquea que comenzó tallando rudimentarios utensilios de piedra, que “inventó” luego la ominosa institución de la esclavitud, y que impulsó revoluciones para librarse de la opresión por el trabajo, habría conseguido, por fin, erradicar una de las principales causas del sufrimiento al que se vieron sometidas sus generaciones precedentes.

Escribo estas líneas cuando todavía me embargan las sensaciones producidas por reciente visita a dos cavidades: una, la Cueva de los Letreros, en Vélez Blanco, que conserva, pese a los expolios y barbarie, hermosas pinturas neolíticas; otra, la cueva de Fuentemolinos, en Puras de Villafranca, un río subterráneo que discurre por un cauce espectacular que alcanza dimensiones catedralicias, magnífica y profusamente decorado con bellas formaciones por Mamy Gaia. Este planeta es demasiado hermoso para perder lo mejor de nuestra breve existencia fabricando y consumiendo furgonetas.

domingo, 23 de enero de 2011

CRISIS: ¿CUANTOS DERECHOS MAS ESTAS DISPUESTO A PERDER? (Artículo en Attac; www.attac.es)


Apelando al terrorismo y a la crisis económica, los gobiernos “democráticos” se tiñen de autoritarismo y recortan los derechos humanos y económicos que la sociedad civil tardó en alcanzar siglos. ¿Cuánto estás dispuesto a tolerar?

El verano pasado, el gobierno francés expulsó a cientos de gitanos, violando sus derechos en una actuación claramente xenófoba. Esta semana, la Asamblea Nacional francesa prepara la supresión de cinco autoridades en defensa de los derechos civiles para concentrar sus competencias en un Defensor de Derechos nombrado a dedo por Sarkozy. Cincuenta organizaciones de derechos humanos se oponen.

Una nueva ley de prensa húngara controla qué se puede publicar o no. Y amenaza con multas superiores a 700.000 euros a quienes atenten contra el interés público, el orden público y la moral… según un comité de políticos del partido del primer ministro húngaro.

La Unión Europea facilita a Estados Unidos hasta 34 datos personales de cada europeo que viaje a ese país. Y hace poco el gobierno estadounidense forzó a Twitter a revelar información confidencial (direcciones de email, números de teléfono, mensajes privados y dirección IP) de cinco personas inscritas en esa red relacionadas con Wikileaks; su fundador Julián Assange, la diputada islandesa Brigitta Jonsdottir y otros tres ciudadanos. Y Guantánamo no se cierra…

Es una muestra de actuaciones autoritarias y violaciones de derechos, pero hay muchas más. Vamos hacia atrás.

Stefano Rodotá, profesor emérito de derecho en Roma, asegura que hoy Italia es un laboratorio de totalitarismo, en tanto que The Economist considera el modo de gobernar de Berlusconi una nueva forma de fascismo. En Rusia, Vladimir Putin “tiene montado un chiringuito de poder y corrupción cuya Justicia manda a la cárcel a sus adversarios, políticos o magnates de la economía, si se cruzan en su camino”, denuncia el periodista Miguel Bastenier.

Pero no sólo Italia y Rusia

Tras el atentado contra las Torres Gemelas, Trent Lott, senador de los Estados Unidos, aseguró impertérrito que “en tiempos de guerra hay que abordar de manera diferente las libertades públicas”. Y la juez del Tribunal Supremo de ese país, Sandra Day O’Connor, advirtió que “vamos a conocer las peores restricciones a nuestras libertades de toda nuestra historia”.

Desde entonces, gobiernos presuntamente democráticos han invadido el poder legislativo y judicial y han restringido y violado derechos civiles y políticos.

Intervenciones telefónicas e irrupciones en Internet sin autorización judicial, encarcelamientos sin intervención del juez, ausencia de garantías procesales a acusados de terrorismo, recortes de libertad de expresión así como del derecho a la información, aceptación de la tortura…

Los desmanes contra derechos humanos y las sangrientas dictaduras del siglo XX se perpetraron en nombre de la lucha contra el comunismo. Desaparecido el comunismo, se violan derechos en nombre de la seguridad contra el terrorismo. Hoy, también en nombre del crecimiento económico.

El nuevo autoritarismo no utiliza mascaradas con uniformes pardos o negros, liturgias delirantes, brazos en alto, oleadas de banderas y símbolos totémicos. Este autoritarismo controla medios de comunicación para desinformar, engañar, hipnotizar y manipular. Mentira y desfachatez son sus reglas para mantener ignorante, desorientada y adormecida a la ciudadanía y vaciar la democracia.

Este autoritarismo, camuflado de democracia disminuida (casi reducida a ritual electoral), se agudizó al inicio de la lucha contra el terrorismo a principios de siglo. Este autoritarismo ha sido y es violación de derechos cívicos y políticos. Pero hoy, la crisis ha dado alas y pretextos a los poderosos para asaltar también los derechos económicos y sociales. Y reducen o eliminan derechos laborales, disminuyen pensiones, recortan presupuestos de salud y educación públicas, hacen inalcanzable la vivienda, desahucian en masa a ciudadanos pobres…

Este asalto a derechos económicos y sociales, que a principios del XXI no podían justificar en nombre de la lucha contra el terrorismo, hoy lo perpetran con desfachatez en nombre del crecimiento económico. El crecimiento (dicen) es estabilidad y disminución del desempleo. Algo cada vez más lejos, por cierto.

El caso es que entre el temor a atentados terroristas y el pánico a una catástrofe económica, vivimos inmersos en el miedo. Miedo promovido y manipulado al servicio de intereses concretos, que busca hacer posibles unas conductas y actuaciones políticas que son claras violaciones de derechos, inadmisibles hace veinte años.

En vez de miedo, Stéphane Hessel propone indignación ciudadana (que no ira). Hessel, único redactor vivo de la Declaración Universal de Derechos Humanos, convoca a la ciudadanía indignada a la insurrección civil pacífica. Para conseguir que los intereses particulares de la minoría privilegiada se subordinen al interés general de la mayoría.

Es una buena propuesta.

domingo, 16 de enero de 2011

HACIA EL FORO SOCIAL MUNDIAL DE DAKAR (Artículo en Attac; www.attac.es)


¿Servirá para algo el Foro Social Mundial que se celebrará entre el 6 y el 11 de febrero en Dakar?

Ya se sabe que los Foros Sociales Mundiales son lugares de encuentro, para el debate democrático de las ideas, de los movimientos sociales del planeta que rechazaban y rechazan la globalización neoliberal y el neoliberalismo y, por tanto, no cabe esperar que el FSM se convierta en una especie de Internacional altermundista, pero lo que si se puede y se debe exigir es que, a la vista de la gravedad de los problemas económicos, sociales y medioambientales del mundo, el análisis de la situación dilucide, al menos, tres cosas: la raíz u origen de los problemas, el papel de los movimientos sociales altermundistas y el marco más apropiado para la solución de las múltiples crisis.

La raíz de los problemas

A mi entender el movimiento altermundista debería convenir de una vez que el sistema, el sistema-mundo capitalista, en la terminología de I. Wallerstein, es el problema.

¿Un problema resoluble o irresoluble? Por supuesto que resoluble para sus partidarios, los que en el peor de los casos hablaron de reformarlo o refundarlo, pero que a la hora de la verdad no han movido ni un dedo, dejándolo tal y como lo quieren sus principales beneficiarios -grandes propietarios, administradores y gestores del capital y algunos grandes especuladores-, pero irresoluble para quienes siendo, sin duda, la gran mayoría sabemos que para el sistema no es una prioridad luchar contra el hambre, la pobreza, el empobrecimiento, la exclusión y la marginación social, el aumento de las desigualdades sociales, el calentamiento global y el cambio climático y sus devastadoras consecuencias, la sobreexplotación y agotamiento de los recursos naturales que deberían ser la base de la existencia de las generaciones presentes y futuras, etc. Para ellos, esos dueños, administradores y gestores del capital y para los especuladores a los que el sistema hace cada día más ricos, no urge cambiar nada. Viven en una especie de Atlántida felíz, sin ser conscientes de que, como en el mito griego, su Atlántida podría hundirse, esta vez, en el océano del descontento popular universal. Por el contrario, para nosotras, las víctimas, urge el cambio, al constatar que el sistema, incorregible, no es la solución sino el gran problema.

El papel de los movimientos sociales altermundistas

El movimiento altermundista es el movimiento de la esperanza. Lo es desde el Foro Social Mundial de 2001, en Porto Alegre, cuando proclamó que Otro Mundo Es Posible.

Es cierto que nunca ha precisado suficientemente desde entonces cómo debe ser ese ese mundo pero, sin duda, se ha opuesto enérgicamente a que siga siendo un mundo de ricos y de pobres, de enriquecidos y empobrecidos, de exclusión y marginación social, de agresiones suicidas contrra la propia biosfera, de saqueo y destrucción de recursos naturales para alimentar un consumismo bulímico cada día más imposible en un planeta finito.

Por consiguiente, el deber del movimiento altermundista es seguir presionanado y luchando para construir un mundo mejor posible, de abajo a arriba, desde los propios movimientos sociales a las organizaciones sindicales, los partidos políticos, las administraciones y las instituciones internacionales y nacionales.

El marco para resolver la crisis

Vivimos en un planeta único, con un sistema mundial, el capitalista, también prácticamente único. ¿Cómo salir, en esas condiciones, de las múltiples crisis provocadas por el sistema?

En mi opinión, descartado el G-7 y sus instituciones satélites -OCDE, FMI, BM, OMC- y, también, el G-20, en las actuales circunstancias históricas el marco más adecuado y con mayor legitimidad para hacer frente a los riesgos que el sistema plantea es el G-192, es decir, la Asamblea General de las Naciones Unidas.

La ONU, con todo su déficit democrático a cuestas es, pese a los esfuerzos por impedirlo, el marco donde se ha abordado, con todas sus insuficiencias, el problema del calentamiento global y el cambio climático y, también,el escenario del compromiso de la comunidad internacional para reducir, por medio de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, el hambre, la pobreza extrema y otras lacras que afligen a cientos de millones de personas que viven en los países empobrecidos. Además, la ONU, su G-192, está infinitamente más abierta a la presencia y a las demandas de los movimientos sociales altermundistas que el G-7 o, incluso, el G-20.

A mi juicio el movimiento altermundista, al tiempo que rechaza la representatividad del G-7 y sus instituciones satélites y del G-20, debería reclamar para el G-192, la Asamblea General de las ONU, mediante un Consejo Económico Mundial vinculado a ella, como proponía el Nobel de economía J. Stiglitz, la competencia para hacer frente a la Depresión económica, que no recesión, que nos obliga a padecer a la gran mayoría de la humanidad el sistema-mundo capitalista.

En fin, se trataría de una apuesta para sitúar el arreglo de los grandes problemas del siglo XXI en el marco del G-192 y no en el escenario del G-20 y menos aún del G-7 y sus instituciones satélite.

Si del Foro Social Mundial de Dakar salieran consensuadas al menos estas ideas, sería un gran paso adelante en la lucha del movimiento altermundista por la construcción de otro mundo mejor posible.

domingo, 9 de enero de 2011

FANTASMAS EN EL AIRE. SOBRE MEDIOS DE COMUNICACION Y DEMOCRACIA (Artículo publicado en Attac; www.attac.es)

“En el mundo realmente invertido lo verdadero es un momento de lo falso”, reza uno de los aforismos más conocidos de La sociedad del espectáculo, un libro visionario publicado por Guy Debord en 1967, que pone en primer plano el efecto aplanador de la comunicación de masas sobre las mentalidades individuales y colectivas en el mundo capitalista, y que fue ampliamente leído y debatido entre los jóvenes rebeldes de la primavera de 1968. Escritor excelentemente dotado, Debord se expresa de un modo a la vez sencillo y críptico, contenido y demoledor: “El espectáculo no es un conjunto de imágenes, sino una relación social entre personas mediatizada por imágenes. El espectáculo es el capital en un grado tal de acumulación que se transforma en imagen”.

Debord fue duramente criticado por su pesimismo, pero hoy hasta sus peores predicciones parecen superadas por los acontecimientos. La llamada “prensa del corazón”, “prensa rosa” o “crónica social” aporta (junto con las retransmisiones deportivas) el grueso de las audiencias y los beneficios del sistema televisual español. Se trata de una gigantesca industria que no sólo transmite chismorreos sobre personajes de mayor o menor notoriedad pública y ofrece con ello una vía de escape rápida e inocente respecto de una realidad agobiante. También nutre de temáticas, valores y patrones de conducta a sus espectadores, dando formato a una cultura colectiva de plena irresponsabilidad cívica, en la que las consideraciones políticas o sociales están completamente ausentes o son tratadas con la más malsana frivolidad (en un país como España, recordémoslo una vez más, con un 20% de la población por debajo del umbral de la pobreza, 4’5 millones de desempleados, cientos de miles de personas acudiendo a los bancos de alimentos y miles de familias desahuciadas de sus viviendas, esto es, en un país en plena crisis social y a un paso de la nuda emergencia humanitaria).

Por poner sólo un ejemplo entre los muchos posibles, la revista Vanitatis, un conocido digital “rosa”, dedica últimamente su atención a asuntos tales como “El Cairo, espejismo fascinante”, “Las cenas de Nochevieja más exclusivas” o “Lifting de hilos mágicos, lo último”. ¿Para quién, El Cairo, las cenas exclusivas y los hilos mágicos? ¿Para los desempleados de larga duración que han perdido incluso la última ayuda pública de 420 euros durante seis meses? ¿Para los jubilados perceptores de miserables pensiones no contributivas que hacen de la tercera edad española una de las más empobrecidas de la zona euro? ¿Para los estudiantes endeudados para costearse carísimos másteres y postgrados imprescindibles para acceder al mercado laboral? Y sin embargo, el truco funciona, y muchos millones de espectadores (no pocos, víctimas ellos mismos en primera persona de la precariedad, el desempleo y la exclusión) permanecen diariamente hipnotizados durante horas ante la pantalla, donde una extensa recua de personajes de vida ociosa (en realidad, roles ficticios, diseñados por hábiles guionistas, publicistas y psicólogos de las cadenas y productoras, y encarnados por ambiciosos y dúctiles aspirantes a vividores) se echan en cara turbios asuntos privados y hacen ostentación de lujos y relaciones sociales en tertulias de una abrumadora pobreza conceptual y expresiva, saturadas de histrionismo y chabacanería, plagadas de tópicos sexistas, clasistas y racistas…

¿Mera inercia comercial de ofertas y demandas (“la televisión programa lo que el público pide”) o calculada estrategia de distracción, contención y convencimiento, orquestada desde las mismas élites empresariales que gestionan con una mano el capital financiero y con la otra la parrilla televisiva (como ha documentado exhaustivamente la investigadora Nuria Almirón en sus estudios sobre la estructura de propiedad de los principales grupos de comunicación españoles, europeos y latinoamericanos)? No hay lugar a estas alturas del serial para interpretaciones ingenuas: los medios son un negocio cuya importancia va mucho más allá de su beneficio contante. Los grupos de comunicación son para las grandes corporaciones “atalayas de poder”, como las define Almirón, desde las que vigilar y adoctrinar a la ciudadanía. En primer lugar, soslayando sistemáticamente sus propias responsabilidades en esta crisis que atravesamos, y enterrando sus verdades incómodas bajo una gigantesca y hedionda escombrera de banalidades. Mostrando obsesivamente unos pocos rostros seleccionados (el “famoseo”) para ocultar los muchos millones de rostros de las víctimas del desempleo y la exclusión, y los pocos centenares de rostros de los timoneles y beneficiarios de tamaño descalabro económico y político. Ni siquiera un medio tan moderado en forma y fondo como CNN+ se salva de la quema, en prueba del afán obsesivo de los dueños del mercado televisual por evitar cualquier referencia a la realidad que pudiera interferir en el encantamiento continuo de la distracción rosa.

Del estrato más repulsivo y zafio de este mercado emergen personajes alucinantes como la “princesa del pueblo” Belén Esteban. Armada de una retórica encendida de madre y esposa ultrajada, postulando abiertamente la incultura como forma exitosa y respetable de vida, dice Josep Ramoneda de su omnipresencia mediática: “no se trata de dar la voz a las clases populares, sino de enardecerlas para que sigan calladas, para que cedan su palabra al agitador que promete representarlas”. Llenando el espacio vacío de representación que deja una esfera política completamente desacreditada, valores tóxicos y personalidades banales del mundo “rosa” a la vez desaguan y taponan, a un ritmo controlado, los profundos y potencialmente subversivos malestares sociales propios de un tiempo de crisis. “A medida que la necesidad es soñada socialmente”, dice Debord, “el sueño se hace necesario. El espectáculo es el guardián de este sueño”. Un guardián que ya no toma la forma del torvo matón de la Pinkerton que reprime al obrero a la puerta de la fábrica con revolver y puño americano, sino del simpático y adulador parlanchín que acaricia las mentes de sus espectadores (cansadas y doloridas por el estrés de una convivencia social agriada por la explotación, la precariedad y la desigualdad) con una animada y consoladora reinterpretación del mundo basada en los valores del híper-consumismo y la trivialidad militantes. Ninguna noticia es suficientemente seria, ninguna matanza suficientemente sangrienta, ninguna crisis suficientemente profunda, como para interrumpir la verborrea polifónica de los distintos avatares de este mismo personaje, puestos en circulación por la industria para mantener el show en marcha y generosamente remunerados por sus útiles servicios: Jorge Javier Vázquez cobra millón y medio de euros anuales; Jesús Vázquez, tres millones; Ana Rosa Quintana, cuatro millones… Mercenarios de lujo, contratados no para aporrear a un puñado de obreros a la puerta de una fábrica sino para adormecer a millones en sus propias casas, poniendo rostro al impresionante poderío económico y tecnológico de los medios comerciales. Como advirtió Debord: puro capital transfigurado en imágenes.
La disidencia informativa frente a este espectáculo teledirigido será en los tiempos por venir prerrequisito indispensable de cualquier modelo inteligente de insurrección democrática. Otra comunicación social, libre de ataduras corporativas, es ya una realidad en construcción, y así lo demuestran medios digitales como Rebelión (www.rebelion.org), Kaosenlared (www.kaosenlared.net) o Periodismo Humano (www.periodismohumano.com), publicaciones híbridas o­n-line/papel como Diagonal (www.diagonalperiodico.net) o Transversales (http://www.nodo50.org/trasversales), editoriales independientes como Traficantes de Sueños (www.traficantes.net), televisiones digitales como Tele K (http://www.vallecas.org)… Difundir estas alternativas para la información y el debate, nutrirse de ellas y promover otras nuevas, a la vez que boicotear activamente los medios de comunicación de matriz y obediencia corporativa, tiene que ser un objetivo tan prioritario para las izquierdas como convocar manifestaciones, levantar huelgas o ganar elecciones.

Todos podemos participar de esta toma de la Bastilla informativa: en manos de un puñado de buenos ciudadanos justamente indignados, un blog o red social, una cámara de vídeo y una fotocopiadora pueden convertirse en la peor pesadilla de un gobierno autoritario o una empresa explotadora: todo déspota grande o pequeño necesita y merece su Wikileaks. La dictadura de los mercados se cimenta sobre la gigantesca fantasmagoría mediática de mentiras y medias verdades. Conjurar esos fantasmas en el aire, y rescatar las realidades que enmascaran, socava los fundamentos del poder despótico y abre espacios decisivos para un ejercicio más veraz de nuestro derecho a saber, discutir y decidir sobre lo que nos concierne: aquel nobilísimo ejercicio de libertad en común que fuera una vez denominado democracia.

sábado, 1 de enero de 2011

LA SUMISION DE LAS MASAS (Artículo de Jose Manuel Naredo en Attac; www.attac.es)


Cómo es que ha mudado en sumisión esa rebelión de las masas que dio título al libro más famoso de Ortega y Gasset, publicado hace 80 años? Lo ocurrido en los últimos tiempos parece confirmarlo otorgando actualidad a otro libro bastante más antiguo: Discurso sobre la servidumbre voluntaria, de La Boétie.

En contra de lo que preveía nuestro insigne filósofo, no es esa “casta de hombres-masa-rebeldes” la que pone hoy en peligro los logros de la civilización. Como tampoco es el “advenimiento de las masas al pleno poderío social” la que acarrea la degradación cultural en curso. Frente al elitismo culturalista que asociaba la regresión a los fenómenos de masificación y empoderamiento de las masas, esta regresión viene asociada hoy al comportamiento de las propias elites político-empresariales y de las relaciones de dominación imperantes. Son estas elites, que deciden y hacen los grandes negocios de espaldas a la mayoría, las que orientan el panem circensis de la llamada sociedad de consumo y la selección social de las ideas acorde con sus intereses. Con la ventaja de que los productos culturales y de ocio, unidos a los artefactos de la sociedad de consumo, no sólo entretienen y adormecen a la gente, sino que espolean sus deseos y afanes de lucro y, con ello, ese individualismo insolidario asociado a una ideología económica servil al ciego instinto de promoción competitiva.

El predominio sobre lo político del actual discurso económico reduccionista, que aniquila la posibilidad de reconsiderar las metas de la sociedad y, por ende, de cambiarla, remata el desarme ideológico orientado a perpetuar el statu quo capitalista. En suma, que el gran engaño de nuestro tiempo estriba en hacer creer que las democracias de hoy día trabajan en favor de una sociedad de individuos libres e iguales, cuando de hecho promueven valores y relaciones sociales que arrojan el resultado contrario. Son precisamente los valores mezquinos y las relaciones desiguales y opresivas que imperan los que hacen que el comportamiento servil y el trabajo alienado sean la norma. Es el miedo a perder el empleo, el estatus o a verse discriminado lo que induce normalmente a las personas a someterse y censurarse “por su propio bien”, sin necesidad de represiones explícitas. Estas sólo aparecen cuando las excepciones rompen la regla, cuando los controladores aéreos se rebelan o cuando Wikileaks ilumina las vergüenzas del poder.