CUIDEMOS EL MEDIOAMBIENTE

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NUESTRO ENTORNO, FUNDAMENTAL. NO NOS OLVIDEMOS DE LAS TRES "R": RECICLAR, REUTILIZAR, REDUCIR. SEAMOS GENTE CIVICA, NO ENSUCIEMOS NI CONTAMINEMOS. UTILICEMOS EL TRANSPORTE PUBLICO SIEMPRE QUE PODAMOS. CORRAMOS LA VOZ DE QUE EL PLANETA DEBE CUIDARSE Y PROTEJERSE, EN TODOS LOS ASPECTOS. NO MALGASTEMOS NI DESPILFARREMOS ENERGIA. CUIDEMOS Y RESPETEMOS EL MEDIOAMBIENTE

sábado, 26 de febrero de 2011

MATAR AL CAPITALISTA QUE LLEVAMOS DENTRO (Artículo en Attac; www.attac.es)


El imparable avance de las políticas dictadas por el neoliberalismo se traduce en un sistemático derribo de las instituciones de protección social. Pero la sociedad no podrá emprender una rebelión en toda regla contra estas agresiones mientras la mayoría de los individuos que la componen no arranquen de sí mismos ese afán por la competitividad y el lucro que los ideológos neoliberales han sabido inocular en el alma de las personas. Se trata, en definitiva, de matar al capitalista que llevamos dentro.

No veáis en estas palabras un discurso moralista. Me tengo más bien por materialista, en la línea de Demócrito y Epicuro, y por tanto y en lo esencial, también con la de Karl de las luengas barbas. Si enriquecerse fuera algo factible, y estuviese al alcance de todo el mundo, aunque epicúreamente yo lo tuviera por una solemne pérdida de tiempo vital, no criticaría el auri sacra fames (es mi blog y me pongo pedante cuando me peta). Pero hace años que aprendí que el capitalismo es un juego de suma cero. Esto es, lo que gana uno lo pierde otro. De manera que sólo por la fuerza es posible mantener abierto el casino. Sin embargo, como la fiebre del ladrillo español ha demostrado, de ilusión también se vive… aunque sólo el tiempo en que tarda en caerse el castillo de naipes. Un tiempo inferior a la vida media de cualquier persona.

Los ideológos neoliberales han sabido inocular en el alma de las personas ciertas pasiones que no responden a fundamentos materiales, de los cuales os pondré un ejemplo. En los más de sesenta años que llevo respirando sobre este planeta siempre he habitado en viviendas ubicadas en edificios sin ascensor. Lo cual tiene sus ventajas: ayuda a mantener la forma física y la salubridad cardíaca; y sus desventajas: en caso de incapacidad física congénita o sobrevenida, las escaleras suponen una barrera arquitectónica. Hace un año, la comunidad de vecinos del edificio en el que actualmente vivo, decidió instalar un ascensor en la finca.

Tras instalarse nuestro flamante elevador de cuerpos, que no de espíritus, coincidí en el mismo con una vecina que me hizo partícipe de su entusiasmo ante la novedad tecnológica: “es que ahora nuestras viviendas se han revalorizado mucho y nos darían más dinero por ellas si las quisiéramos vender”. Yo no tengo gran interés en poner la mía en venta, ya que de hacerlo me encontraría con el problema de tener que comprar otra. Y más vale lo malo conocido. Pero me quedé altamente sorprendido por el análisis ascensional de esta señora, que apreciaba más la teórica revalorización de la finca con el nuevo artefacto mecánico que la mayor calidad de vida que éste aporta directamente aliviando el esfuerzo de subir equipajes pesados o la bolsa de la compra diaria. Sobre todo, cuando el inexorable paso de los años haga flaquear el vigor de nuestras piernas.

Esta distorsión de la realidad la expresó certeramente el poeta Antonio Machado en su celebérrimo dictum: “es de necios confundir valor y precio”. Algunos, a título individual, tal vez podamos escapar de la opresión del Establecimiento, como el partisano de Leonard Cohen (I was cautioned to surrender / this I could not do/ I took my gun and vanished). Pero la sociedad no podrá emprender una rebelión en toda regla contra estas agresiones mientras la mayoría de los individuos que la componen no arranquen de sí mismos ese afán por la competitividad y el lucro que los ideólogos neoliberales han sabido inocular en el alma de las personas. Se trata, en definitiva, de matar al capitalista que cada uno de nosotros lleva dentro.

No digo que nazcamos con esa impronta congénita, pero sí somos educados en los valores del capital. Aceptamos forzosamente las leyes del capitalismo, ya que son las aplicadas por el Establecimiento formado por la conjunción de los intereses de las élites que monopolizan los recursos del Estado y del Mercado. Pero ¿por qué si tenemos cuatro duros nos metemos a inversionistas? Sin reparar en que, tarde o temprano acabaremos perdiendo en este juego de suma cero.

Un juego al que se prestaron los particulares que compraron casas para venderlas sin escriturar cuando su precio había subido un 20%. Fue una histeria colectiva alimentada por el sector financiero que concedía créditos baratos sobre viviendas sobrevaloradas. Pero cuando la burbuja pinchó, la banca siempre gana, y expropia a los hipotecados que no pueden pagar, subasta los pisos por un precio más bajo y los deudores quedan en la impresentable situación de quedarse sin casa y seguir debiendo al banco la diferencia entre el precio de subasta y el de la hipoteca.

Por cierto, los grupos parlamentarios de PSOE y PP han confirmado hoy mismo en el Pleno del Congreso de los Diputados su rechazo a tramitar una proposición de ley de IU e ICV que reclamaba cambiar la legislación hipotecaria para obligar a las entidades a aceptar que con la entrega de la vivienda sea suficiente para cancelar el préstamo.

Otro ejemplo nítido lo proporciona el papel de los sindicatos en los fondos de pensiones. Se podría entender que hubiera un Fondo Nacional de Pensiones en cuya gestión participaran los sindicatos entre otras instituciones. Pero Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores llevan años pactando, en empresas y en el sector público, fondos privados de pensiones gestionados por los bancos. Entre ellos, el BBVA, que es el que subvenciona a Barea y resto de inoculadores de ideología neoliberal sus apocalípticas previsiones sobre el colapso del sistema público de pensiones.

Invertir en fondos de pensiones no sólo está demostrando no ser un buen negocio en términos de rentabilidad y seguridad de la inversión. Tampoco desde un punto de vista social parece aportar grandes ventajas.

Cuando las empresas necesitan capital para ampliar sus horizontes productivos acuden a los bancos y al mercado de valores para obtener ese capital. Pero la extendida idea de que la inversión privada se traduce finalmente en la creación de empleo no siempre resulta ser cierta. Las principales inversiones que realizan las empresas se destinan a la adquisición de bienes de equipo que, por su propia naturaleza, resultan antagónicos al empleo humano. Resulta irónico que los trabajadores, con su esfuerzo ahorrador invertido en Bolsa, sean sin saberlo quienes financian las inversiones en capital que, poco tiempo después, permitirán que las empresas para las que trabajan lleven a cabo una reducción de plantilla.

El vergonzoso Pacto para la Precarización de las Pensiones Públicas (PPPP) firmado entre sindicatos y Gobierno es el último (last but not the least) episodio del proceso de instauración en España del Estado del Malestar. Se ha querido explicar como una imposición de los mercados que financian nuestra deuda pública y privada. Pues bien, una considerable porción de esos mercados corresponde a los fondos de inversión de pensiones privadas. Con lo que se produce la perversa paradoja de que fondos de pensiones alimentados con dinero de trabajadores de otros países presionan para que se precaricen las pensiones públicas españolas.

sábado, 19 de febrero de 2011

LAS CAUSAS DEL AUMENTO DE PRECIOS Y DE LA CRISIS ALIMENTARIA EN EL MUNDO (Artículo de militantes del MST y de la Vía Campesina en www.rebelion.org)

En las últimas semanas han circulado diversos artículos y comentarios sobre la crisis del aumento de los precios de alimentos. La mayoría de los análisis son buenos. Aunque algunos quedan atrapados en la visión economicista de la oferta y demanda. O de algún problema de sequía o inundación en algún país, que de hecho no son la causa del aumento de precios de los alimentos.

Dentro del MST y de la Vía Campesina hemos producido buenos análisis, y no está demás reforzarlos. Por eso estamos compartiendo con Uds. nuestra opinión, como una especie de resumen sobre las causas del incremento de precios de los alimentos y de la crisis alimentaria que afecta a millones de seres humanos, más allá de los mil millones de hambrientos que ya pasan hambre todos los días, según la FAO.

1.- El control oligopólico que unas pocas empresas tienen del comercio agrícola mundial, de los principales productos, como: soya, maíz, arroz, trigo, leche y carnes; pues ellas imponen un precio, independientemente del costo real de producción.

2.- La especulación de grandes inversores en las bolsas de mercancías agrícolas ha convertido a los alimentos en meros papeles de negocios. Se comenta en los periódicos que ya están vendidas en las bolsas las próximas siete cosechas de soya del mundo. Éstas ya tienen dueño, como títulos de ventas.

3.- La especulación financiera: muchos bancos invierten sus capitales volátiles en mercancías agrícolas, para protegerse de la crisis general.

4.- La producción agrícola de agrocombustibles, que tiene sus precios basados en el petróleo, termina empujando la tasa medía de ganancia en la agricultura hacia arriba. Y así, debido al elevado precio del etanol, suben todos los productos agrícolas.

5.- El elevado costo de transformar millones de toneladas de cereales en proteína animal. O sea, las élites demandan cada vez más carnes, y por eso parte de la producción de vegetales, que podría ser consumida por la población, va para los animales y, por tanto, acaba incidiendo en el aumento del precio de las carnes.

6.- Las privatizaciones de los servicios públicos para la agricultura, que los transfieren al control de las empresas transnacionales, también repercuten en el incremento de costos en el precio final.

7.- Las legislaciones ambientales de sanidad y certificados de patentes, implementados en el periodo de los gobiernos neoliberales para favorecer el control oligopólico de algunas empresas sobre la mayoría de los productos que exigen transformación industrial, les da poder para imponer precios.

8- La regla general impuesta por la OMC (Organización Mundial del Comercio) a partir de 1994, que transformó los alimentos en meras mercancías, que deben ser reguladas sólo por el mercado. Y como el mercado es controlado por las grandes empresas transnacionales, eso tiene efecto directo en el precio.

9- La introducción de la propiedad privada de las semillas transgénicas impone una nueva matriz tecnológica con costos de producción mayores y en beneficio de las mismas empresas que controlan el comercio, las semillas y los insumos agrícolas.

10. Hay una corrida de los capitalistas en general y de las grandes empresas hacia el hemisferio sur, para apoderarse de los recursos naturales: tierras, agua, lagos, reservas de madera, etc. y con eso van expulsando a las poblaciones nativas y los campesinos en general, e imponiendo la regla general del capital sobre los alimentos.

11- En las últimas dos décadas con el proceso de internacionalización del capital y de las empresas capitalistas, los precios de los alimentos se internacionalizaron. Esto determina que los parámetros de producción y de los precios no son más el costo real de producción de alimentos en cada país, sino que se establece un precio medio mundial, controlado por las empresas, que excluye completamente otras formas de producción, locales, campesinas, etc.

Como se ve, la lucha por la soberanía alimentaria que los movimientos de la Vía Campesina en todo el mundo adoptaron como prioridad es más que correcta, es necesaria y urgente. La soberanía alimentaria es la política de que cada pueblo, en su región, municipio y país, desarrolle condiciones para producir los alimentos que necesita para sobrevivir. Y que sólo exporte el excedente, y sólo importe lo que va más allá de su canasta básica en consonancia con sus hábitos alimenticios.

Además, todos los nutricionistas advierten que nuestra dieta alimentaria tiene que darse a partir de los alimentos producidos en los biomas donde vivimos. Eso es lo que garantiza energía saludable para la reproducción de todos los seres vivos, en su propio hábitat. Las empresas transnacionales están transformando el mundo en un único y gran supermercado, a base de soya y maíz.

Esperamos que las contradicciones que el movimiento del capital nos presenta cada día, nos ayude a conscientizar nuestra base y la sociedad en general, para los cambios necesarios, para un nuevo modelo de producción agrícola, en el Brasil y en el Mundo.

sábado, 12 de febrero de 2011

¡INDIGNAOS! (Artículo de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique)

Tiene 93 años. Se llama Stéphane Hessel. Y la historia de su vida es una fabulosa novela. Lo era ya, en cierto modo, antes mismo de que naciera. Algunos quizás recuerden aquella película de François Truffaut, Jules et Jim. Pues bien, la mujer anticonformista interpretada por Jeanne Moreau, y uno de sus dos amantes (1), Jules, judío alemán traductor de Proust, fueron sus padres. En la atmósfera artística del París de los años 1920 y 1930, Stéphane Hessel creció rodeado de los amigos de la casa, entre otros, el filósofo Walter Benjamin, el dadaísta Marcel Duchamp y el escultor Calder...
Al estallar la Segunda Guerra Mundial, se alista en la Resistencia y se suma, en Londres, al equipo del general De Gaulle, quien le confía una peligrosa misión en territorio francés. Detenido por los nazis, es torturado y deportado al campo de exterminio de Buchenwald, de donde trata, una y otra vez, de evadirse. Lo acaban capturando y lo condenan a la horca. A punto de ser ejecutado, consigue usurpar la identidad de un muerto y logra por fin evadirse. Se une a la lucha por la liberación de Francia, inspirado en los principios del Consejo Nacional de la Resistencia que promete una democracia social, la nacionalización de los sectores energéticos, de las compañías de seguros y de la banca, y la creación de la Seguridad Social.
Después de la victoria, De Gaulle lo envía –tiene apenas 28 años– a Nueva York, a la ONU, cuyos fundamentos teóricos se están acicalando entonces. Allí, Hessel participa, en 1948, en la elaboración y redacción de uno de los documentos más trascendentales de los últimos seis decenios: la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Regresa luego a París para integrarse en el gabinete socialista de Pierre Mendès-France, que inicia la descolonización, pone fin a la guerra en Indochina, y prepara la independencia de Túnez y Marruecos.
Los años más recientes, este noble y persistente defensor de las causas justas, diplomático de profesión, los ha consagrado a protestar sin descanso contra el trato dispensado a los “sin papeles”, a los gitanos, a todos los inmigrantes...
Y si hoy nos referimos a él, es porque acaba de publicar un librito, más bien un breve panfleto político de 30 páginas, devenido –en la Francia popular sublevada contra la regresión social–, un excepcional éxito editorial y un fenómeno social. Gracias al boca a boca y, sobre todo, a las nuevas redes sociales, el texto, ninguneado al principio por los medios de información dominantes, ha conseguido franquear las censuras y llenar de esperanza miles de corazones. En apenas unas semanas, de este repertorio de las injusticias más indignantes, ya se han vendido (cuesta 3 euros) más de 650.000 ejemplares... Algo jamás visto. Su título: una consigna, ¡Indignaos! (2).
Dice Balzac que el panfleto “es el sarcasmo convertido en bala de cañón”. Añade Stéphane Hessel que la indignación es la pólvora de toda explosión social. Dirigiéndose a sus lectores, les recomienda: “Deseo que halléis un motivo de indignación. Eso no tiene precio. Porque cuando algo nos indigna, nos convertimos en militantes, nos sentimos comprometidos y entonces nuestra fuerza es irresistible”.
Los motivos de indignación no escasean: “En este mundo, dice Hessel, hay cosas insoportables”. En primerísimo lugar: la naturaleza del sistema económico responsable de la actual crisis devastadora. “La dictadura internacional de los mercados internacionales” constituye además, según él, “una amenaza para la paz y la democracia”. “Nunca, afirma, el poder del dinero fue tan inmenso, tan insolente y tan egoísta, y nunca los fieles servidores de Don Dinero se situaron tan alto en las máximas esferas del Estado”.
En segundo lugar, Hessel denuncia la desigualdad creciente entre los que no tienen casi nada y los que lo poseen todo: “La brecha entre los más pobres y los más ricos jamás ha sido tan profunda; ni tan espoleados el afán de aplastar al prójimo y la avidez por el dinero”. A guisa de enmienda sugiere dos propuestas sencillas: “Que el interés general se imponga sobre los intereses particulares; y que el reparto justo de la riqueza creada por los trabajadores tenga prioridad sobre los egoísmos del poder del dinero”.
En temas de política internacional, Hessel afirma que su “principal indignación” es el conflicto israelo-palestino. Recomienda que se lea “el informe Richard Goldstone de septiembre de 2009 sobre Gaza (3), en el cual este juez sudafricano, judío, que incluso se declara sionista, acusa al ejército israelí”. Relata su visita reciente a Gaza, “prisión a cielo abierto para un millón y medio de palestinos”. Una experiencia que lo sobrecoge y solivianta. Aunque no por ello reniega de la no-violencia. Al contrario, reafirma que “el terrorismo es inaceptable”, no sólo por razones éticas sino porque, al ser “una expresión de la desesperación”, no resulta eficaz para su propia causa pues “no permite obtener los resultados que la esperanza puede eventualmente garantizar”.
Hessel convoca el recuerdo de Nelson Mandela y de Martin Luther King. Ellos, dice, nos indican “el camino que debemos aprender a seguir”. Porque, para avanzar, sólo existe una conducta: “apoyarnos en nuestros derechos, cuya violación –sea quien sea el autor de ésta–, debe provocar nuestra indignación. ¡No transijamos jamás con nuestros derechos!”.
Finalmente, se declara partidario de una “insurrección pacífica”. En particular contra los medios masivos de comunicación en manos del poder del dinero, y que “sólo proponen a los ciudadanos el consumo de masas, el desprecio hacia los humildes y hacia la cultura, la amnesia generalizada y una competición a ultranza de todos contra todos”.
Stéphane Hessel ha sabido expresar con palabras, lo que tantos ciudadanos golpeados por la crisis y por las medidas de regresión social sienten en el fondo de sí mismos. Ese sentimiento de que les están arrebatando sus derechos, esos anhelos punzantes de desobedecer, esos deseos de gritar hasta perder el aliento, esas ganas en fin de protestar sin saber cómo...
Todos esperan ahora la segunda entrega. Cuyo título, lógicamente, sólo puede ser: ¡Sublevaos!

LUCHA DE CLASES BAJO OTRO NOMBRE (Artículo de Vicenç Navarro en Attac; www.attac.es)


Estamos viviendo la avalancha conservadora-neoliberal liderada por la canciller Angela Merkel, que propone realizar reformas en la eurozona encaminadas a mejorar la competitividad de los países que la componen a base de reducir los salarios y los derechos laborales. En tal postura se presupone que la competitividad depende en gran medida de los salarios, de manera que su variación a la baja producirá un aumento al alza de la competitividad, al permitir una bajada de precios, lo que hará que los productos sean más baratos y con ello aumentará su competitividad. Como apoyo a su teoría, Merkel hace referencia a Alemania, cuya elevada competitividad se basa, según la canciller, en la “moderación salarial”, la palabra utilizada en el discurso neoliberal para definir un proceso en el que los salarios están estancados o disminuyen mientras que la productividad aumenta.

El problema de tal teoría es que los datos no apoyan tales tesis. Como muy bien ha documentado Ronald Janssen en su artículo European Economic Governance: The Next Big Hold Up On Wages, en la revista Social Europe Journal (02-03-2001), la famosa competitividad alemana tiene muy poco que ver con el nivel de los salarios, con su moderación o con los precios de los productos que Alemania exporta. El éxito de las exportaciones alemanas no se basa en sus precios, tal como ha documentado la propia Comisión Europea. Esta, en un informe de 2010, concluyó que el crecimiento de las exportaciones alemanas durante el periodo 1999-2008 (un crecimiento anual del 7,3%) se debió primordialmente al crecimiento de los mercados importadores. Sólo un 0,3% se debía al cambio de precios de los productos exportados.

El milagro exportador alemán se debe, principalmente, al enorme crecimiento de las importaciones de productos alemanes por parte sobre todo de las economías emergentes. Tales productos son manufacturas, equipamientos de tecnologías Telecom, infraestructura de transportes y otros. El éxito de las exportaciones se debe, por lo tanto, al know how y muy poco a los precios de los productos. Estudios econométricos realizados en Alemania han mostrado que una reducción del 10% en su precio sólo aumentaría las exportaciones un 4%.

De estos y otros datos se deduce que la moderación salarial que ha tenido lugar durante este periodo en Alemania no era para reducir los precios (que no se redujeron), sino para aumentar los beneficios empresariales, que alcanzaron niveles sin precedentes. El porcentaje de beneficios del sector empresarial en los sectores manufactureros y otros sectores exportadores aumentaron, de un 36% del valor añadido bruto en 2004, al 41% en 2008. Mientras, los salarios permanecieron constantes.

Y ahí está la razón del discurso conservador-neoliberal. El objetivo no es la defensa de la economía o de la competitividad, sino de los intereses de las grandes empresas (incluyendo también, por cierto, a los bancos) a costa de los intereses de los trabajadores. Es lo que antes se llamaba lucha de clases, lo cual ahora se enmascara bajo el discurso de la competitividad. Y este es el modelo que la canciller Merkel y su partido (perteneciente a la misma familia política que el Partido Popular en España) desean implantar en la UE. Estos intereses empresariales y financieros son los que ahora están promoviendo con el mismo discurso en España, presionando para que exista un descenso de los salarios. Desean que los salarios bajen para que aumenten sus beneficios, argumentando que la reducción de los salarios hará mejorar las exportaciones y con ello la economía.

Pero las exportaciones en España han continuado creciendo, tal como han ido creciendo también la productividad y los salarios, en porcentajes, por cierto, muy similares a Alemania, como bien ha documentado Mark Weisbrot en su artículo Spain’s Trouble are Tied to Eurozone Policies, en The Guardian
(29-01-2001). En realidad, como en Alemania, la variabilidad en los precios no es determinante del tamaño de las exportaciones españolas. También, como en Alemania, la demanda de los países importadores es la clave. Reducir los salarios en España a fin de afectar a la competitividad requerirá un recorte salarial muy sustancial para que ello se note. Y este recorte afectará muy negativamente a la demanda interna.

Y ahí está el meollo de la cuestión en España y en la UE. Sus exportaciones no dependen tanto del precio de sus productos, sino de la demanda de estos, lo cual depende, a su vez, del crecimiento de los mercados domésticos e importadores, que son en su mayoría los países de la eurozona. Las exportaciones españolas se basan en productos de tecnología alta y media (productos manufacturados), como en Alemania, y productos agrícolas, pesca y artesanía de baja y media tecnología, cuyas exportaciones y consumo dependen más de su calidad que de su precio. El mejor determinante de las exportaciones españolas es el crecimiento de la capacidad adquisitiva de los países importadores, tales como Alemania (que depende del nivel de sus salarios). De ahí que la reducción salarial tanto en Alemania como en España (y en otros países de la eurozona) va precisamente en contra del aumento del comercio, pues deprime la demanda tanto doméstica como exterior, retrasando notablemente la capacidad de recuperación de las economías europeas.

Lo que está ocurriendo en la eurozona es que los intereses financieros y de las grandes empresas están utilizando la crisis, que ellos mismos crearon, para conseguir lo que siempre desearon: la reducción e incluso eliminación de los derechos sociales, laborales e incluso políticos de las clases populares en general y de la clase trabajadora en especial. Y esto es de lo que debe informarse a la población.

domingo, 6 de febrero de 2011

TIEMPOS DE EXCEPCION (Artículo de Carlos Martínez en Attac; www.attac.es)


Cuando más duro y constante es el ataque de los poderes financieros, los mercados, las transnacionales y los grupos de presión y opinión conservadores y neoliberales al estado del bienestar, a los derechos sociales y a la economía productiva, no podemos mirar para otro lado ni resignarnos a construir solo el relato, pero no a dar la respuesta.

Cuando los ciudadanos y ciudadanas árabes y bereberes del Magreb nos dan una lección de dignidad, coraje y ciudadanía activa, frente a dictaduras neoliberales apoyadas por los mercados y por las potencias centrales, no debemos pensar que ésta es su causa y no la nuestra, tornándonos en relatores en lugar de activistas.

El discurso en el estado español el 27 de Enero, lo construyeron en el País Vasco, en Galicia y desde hace dos meses nos salvan la cara en Murcia.

Con los ataques de los mercados lo que está en cuestión no son solo las pensiones, la sanidad pública, la educación pública, o los duros ataques que ya han comenzado contra la negociación colectiva y el derecho de huelga. Es la soberanía popular.

Por eso hay que reivindicar y defender la ciudadanía republicana, portadora de derechos pero también de obligaciones. Por eso hay que conjurarse colectivamente por la democracia, porque la dictadura de los mercados la ha desnaturalizado, embrutecido y sobornado.

Tenemos discurso las gentes alternativas y del pensamiento crítico. Sabemos armar un programa mínimo en pocas líneas y minutos, sí. Lo que hace falta es difundirlo, informar, pero sobre todo actuar. En estos días, en Murcia, la ciudadanía activa, el pueblo de izquierdas, sabe de sobra lo que son los servicios públicos y como su disminución y privatización perjudican a las clases populares. En Murcia con la movilización se está construyendo discurso, y a día de hoy en noventa institutos de enseñanzas medias hay encierros de alumnos y profesores.

Nunca sobran las personas que aporten ideas, pero nos faltan jóvenes que se opongan a las privatizaciones y pensionazos que tanto les afectarán en el futuro. Pero, sobre todo, nos falta saber el qué hacer ante tanta agresión, rapiña y desfachatez.

Los movimientos cívicos no podemos ser en estos momentos un remedo de los centros de pensamiento neoliberal, pero tampoco ejercer una suerte de socialismo de cátedra, tan bien armado y amueblado como impotente ante la barbarie instalada en el sistema que nos oprime.

Hoy los y las intelectuales de las izquierdas socio-políticas no solo escriben y firman manifiestos, sino que comienzan a ser sujetos activos en las resistencias antineoliberales, se declaran en huelga, acuden a manifestaciones… porque la división del trabajo intelectual del activismo o militancia es un lujo que no nos podemos permitir en estos momentos. Me surgen en la cabeza un torrente de nombres que no daré por evitar olvidos y junto a los y las que en más de una ocasión he ocupado la calle.

Es imprescindible pringarse, por que en el estado español nos están robando las cajas de ahorros, nos están limitando la libertad sindical, quieren hacer botín con los saneados fondos públicos de las jubilaciones, quieren convertir en nichos de negocio la salud, la educación, el oxigeno, el agua, el sol…, ya nada les detiene ¿Y no sabemos qué hacer o qué decir?

Hay que encontrar la fórmula para que la información fluya, y después de lo ocurrido en Túnez o Egipto, que con medios controlados y sin libertad de prensa se haya organizado semejante insumisión, la excusa europea y de los pueblos de España acerca de culpabilizar de nuestros fracasos a los medios de comunicación controlados por las corporaciones, ha quedado ya muy capitidisminuida ¿No será que nuestro elitismo nos impide hablar un lenguaje en el que se nos entienda por todo el mundo? ¿No será que el lenguaje críptico es parte de la red que nos aprisiona e impide construir otra alternativa?

Se nos llama a la indignación, a la rebeldía cívica por parte de gente muy sabia, docta e incluso moderada, pero que es lo suficientemente lúcida como para ver que o reaccionamos o nos acaban de laminar. Hay que leer con mucha atención algunas de las últimas aportaciones de Vicenç Navarro o de Federico Mayor Zaragoza.

Para que los sindicatos mayoritarios no renuncien a derechos, se contenten con salvar los muebles, acepten resignados derrotas de antemano, o los gobiernos no hagan sea cual sea su color políticas neoliberales, hace falta una fuerza ciudadana, una respuesta de las clases trabajadoras, de las clases populares empobrecidas y una movilización social.

ATTAC ha sido capaz de denunciar esta fase del capitalismo y proponer de forma sencilla, clara y asumible, alternativas. Los sindicatos de la CES están convencidos ya de lo imprescindible que son los impuestos sobre las transacciones financieras y la supresión de los paraísos fiscales. Pero hace falta exigirlo, pues nos jugamos mucho en ello. Muchas agrupaciones de izquierdas saben lo que se podría hacer. Hoy el discurso de la izquierda está plagado de respuestas sencillas, claras y reformistas, puesto que tanto ha sido el retroceso que hasta las teorías del liberal Keynes están proscritas.

¿Qué nos hace falta entonces? Convencernos de nuestra fuerza y reconstruir la unidad de las mujeres y los hombres libres y dignos, capaces de tomar en sus manos la política y la acción.

Estos días, en el Foro Social Mundial de Dakar, volveremos a vernos y espero que, al calor de las revoluciones sociales del norte de África, seamos capaces de conocer experiencias, saber de primera mano cuáles han sido los procesos, por cierto largos y lentos, no del Facebook y otras zarandajas, sino de las duras y largas luchas sindicales y de las OSC y los partidos de izquierdas que a lo largo del tiempo han construido masa crítica.

Y pensar que los y las europeas creemos que llevábamos años de ventaja. El que esto escribe acude a Dakar a aprender y a beber en las fuentes de la sabiduría africana y latinoamericana.

No obstante, no deseo finalizar sino con un mensaje de esperanza, y lo encuentro en las resistencias que siguen fraguándose, e insisto, en la respuesta popular en Murcia a una agresión tan burda como brutal y que ha provocado semejante contestación. Evitemos pues de antemano estas situaciones, pues de sobra sabemos lo que ocurrirá de no remediarlo.