La lluvia siempre limpia la suciedad, en nuestros países han caído tempestades, pero al final siempre nos queda una nueva realidad, un nuevo camino que no siempre es el hombre o la humanidad quien los escoge, a veces es el mismo destino, pero ciertamente hay que seguir adelante e ir construyendo futuro.
Cuantas amenazas no reciben aquellos que luchan por sus ideales, contradiciendo las fuerzas de poder que arrasan con los sueños de los nativos de un continente y les roban hasta el recuerdo de sus raíces. No es nada fácil no rendirse en el camino, son pocos lo que eligen seguir adelante y son pocos los que llegan a sobrevivir la travesía del mal que les espera.
La historia se ha encargado de enseñarnos que los buenos nunca ganan y que los malos siempre tienen el poder. Nos han mostrado en libros de historia que los buenos son asesinados, torturados, exterminados, y que los malos siguen disfrutando en el poder.
Es decir la historia nos muestra o infunde miedo, lo que queda en las memorias de aquellos niños que empiezan a saborear un poco de sus raíces es que si siguen al bueno, eso es lo que les espera... y si siguen al malo, quizás la suerte sea distinta a un fusilamiento. Y si no lo creen, con solo leerse la historia de Monseñor Romero, el Che, Simón Bolívar, Galileo Galile, Camilo Torres, Chico Méndez, Verónica Guerin, hasta del mismo Cristo y muchos mas, que de alguna manera y en su propio estilo quisieron cambiar el mundo para bien y que los poderosos se encargaron de callarlos para siempre.
Estos fueron aniquilados de distintas maneras por los poderosos, que para nada les interesaba que alguien con distintas formas desafiantes de pensar, acabara con su imperio dictatorial de modus vivendi en una sociedad caracterizada por la ignorancia y la falta de iniciativa.
¿Que queda entonces por enseñarles a las generaciones futuras? Bueno, que ciertamente la tarea no es fácil, pero que como dijo alguien por ahí en algún libro de historia, "Es preferible morir de pie a vivir de rodillas". Solo queda por decirles que el que te ama, nunca te olvida, siempre te lleva en el corazón y en la mente y sigue los pasos hasta ver su sueno hecho realidad. Así, como muchos que creen en los cambios positivos, no olvidan a todos aquellos que alguna vez trataron de transformar las cosas por un mundo mejor.
Hoy día, muchos revolucionarios, izquierdistas, socialistas, comunistas, humanistas que creen en el poder del cambio hacia una sociedad mejor, más equitativa, mas justa y que precisamente representan una amenaza para el imperialismo yanqui del Norte América
La izquierda real, por tanto, se sitúa fuera del oficialismo socialista. Aunque formalmente podría decirse que ésta izquierda está representada por lo que hoy es Izquierda Unida, la realidad es muy distinta. Si algo ha caracterizado históricamente a la izquierda real es su presencia en la calle, y la coalición ha perdido la iniciativa en este campo y ha dejado de ser el referente que comenzó a ser en 1986.
En los últimos años, la mayoría de los partidos y organizaciones que la integraron la han ido abandonando, a excepción del Partido Comunista de España, actualmente muy crítico con la dirección de IU y enfrascado en pleno proceso de “reactivación”.
Si el PSOE era el partido que, por lógica social, era el que más simpatizantes tenía dentro de la “izquierda”, el PCE sigue siendo el partido que más apoyo recaba dentro de la “izquierda real”, superando el millón de personas, lo que hace de él una fuerza política con el potencial suficiente como para plantear una alternativa política a medio plazo junto a otras fuerzas, aunque para ello aún no se den las condiciones necesarias.
Sin embargo, a lo largo de los últimos años, del PCE se han desprendido – o han surgido en su entorno - otras organizaciones minoritarias (comunistas) exigiendo de éste más claridad en sus planteamientos y una oposición más contundente al sistema capitalista y a la Monarquía
Por su parte, el movimiento más activo durante los últimos años, y podría decirse que el más audaz y combativo ha sido el anarquista. El rechazo de la autoridad política, económica, religiosa y cultural, y el de cualquier forma de opresión y explotación no puede más que convertir a ese movimiento en un referente para un importante sector de la izquierda social, y un ejemplo de rebeldía para parte de la izquierda política.
La izquierda real, por tanto, es una entidad heterogénea de progreso, con tantas personalidades y matices como cometidos únicos e intransferibles. La unidad de acción sólo podrá forjarse con el ejemplo y el respeto mutuo. El día que esto sea aceptado por todos dicha unidad será posible, para lo cual cada uno deberá .abandonar la falsa idea de que es poseedor exclusivo y absoluto de la razón.
Socialistas, vosotros tenéis la enorme responsabilidad de ser el referente de la mayor parte de la izquierda, aquellos que lo son por una mera cuestión de humanidad y fraternidad. Haced honor a vuestro nombre y abandonad las turbias aguas del liberalismo.
Comunistas, tenéis la capacidad de sacrificio, el compromiso y la disciplina como para plantear y organizar la alternativa; la experiencia necesaria para explotar las contradicciones de un sistema que debe ser cambiado.
Anarquistas, sois un referente libertario y tenéis la capacidad de crear desde abajo y el espíritu combativo necesario para afrontar la ardua tarea del cambio.
Republicanos de izquierda, una vez hicisteis posible el entendimiento entre la izquierda con vuestra capacidad de emprender un debate sereno y constructivo, un debate que vuelve a hacerse necesario para conquistar el futuro.
Para el común entendimiento será necesario aprender a abandonar lo abstracto – las ideologías - y bajar a lo concreto; “lo concreto une y lo abstracto divide”. Hoy la izquierda tiene una razón excepcional para concretar un proyecto común: la Tercera República.
Blog de Roberto Gutiérrez, en el cual habrá temas sociales, científicos, culturales, espirituales y otros que me parezcan interesantes y que puedan aportar granitos de arena.
CUIDEMOS EL MEDIOAMBIENTE
NUESTRO ENTORNO, FUNDAMENTAL. NO NOS OLVIDEMOS DE LAS TRES "R": RECICLAR, REUTILIZAR, REDUCIR. SEAMOS GENTE CIVICA, NO ENSUCIEMOS NI CONTAMINEMOS. UTILICEMOS EL TRANSPORTE PUBLICO SIEMPRE QUE PODAMOS. CORRAMOS LA VOZ DE QUE EL PLANETA DEBE CUIDARSE Y PROTEJERSE, EN TODOS LOS ASPECTOS. NO MALGASTEMOS NI DESPILFARREMOS ENERGIA. CUIDEMOS Y RESPETEMOS EL MEDIOAMBIENTE
sábado, 30 de julio de 2011
viernes, 22 de julio de 2011
LA REPUBLICA NO SOLO ES HISTORIA, ES FUTURO (Artículo de Carlos Martínez en Attac; www.attac.es)

Cuando hace setenta y cinco años y ante un golpe de estado militar apoyado por las derechas monárquicas, los fascistas españoles y el carlismo ultramontano, los militares y guardias de asalto leales, los sindicatos obreros y los partidos del Frente Popular se vieron obligados a defenderse y luchar, no solo se estaba librando una batalla entre la reacción y fascismo frente a la legalidad republicana, sino contra un sueño de avance, mejora, modernización e instauración de una democracia real.
La causa republicana era un compendio de aspiraciones laicas, culturales y científicas, educativas, obreristas y transformadoras, junto a un liberalismo progresista y democrático y una aspiración de construcción federal del estado. Las viejas ideas republicanas de Costa de “escuela y despensa”, mejoradas con aspiraciones de justicia agraria, infraestructuras modernizantes y alegría, mucha alegría por haber alcanzado el siglo XX, tras haber derrotado en las urnas a una monarquía, caduca, decimonónica y corrupta, cuya última hazaña fue apoyar una dictadura, la de Primo de Rivera.
Pero para conmemorar hay que tener motivos y el primero es una Constitución muy avanzada para su época -la de 1931-, que instauraba el estado social por primera vez en España y que permitía avances sustanciales. La República era la inconclusa revolución burguesa que nuestro estado nunca tuvo y, si bien es cierto que habían personas y organizaciones potentes que pugnaban por más, no lo es menos que significó un soplo de aire fresco y limpio y fue la culminación de las ideas regeneracionistas, que desde finales del siglo XIX pugnaban por abrirse paso.
Claro que cuando a alguien le montan un golpe de estado, con voluntad expresa de desatar una limpieza étnica de republicanos, rojos, marxistas y anarcosindicalistas, lo que no hace es esperar tranquilamente que le degüellen; no al menos aquellas clases trabajadoras que, a diferencia de las actuales, estaban muy organizadas, concienciadas, y eran cultas gracias a las Casas del Pueblo y los Ateneos Libertarios y con mucha tradición de lucha social. Por eso las primeras respuestas fueron las sindicales.
Ahora tratan de ocultar aquello, unos por que sus abuelos fueron miembros de las escuadras negras que asesinaron en la retaguardia franquista o financiaron y apoyaron el golpe, otros porque siguen creyéndolo bueno, y unos terceros por claudicación ideológica y/o pura y simple traición a los ideales de sus predecesores políticos. Curiosamente, los que nunca han ocultado su condición ni la han disimulado han sido, hemos sido, los y las descendientes de familia e ideas de los vencidos y más si estos se enfrentaron con decisión al golpe militar fascista.
¿Pero es eso lo importante ahora? No, en cualquier caso, no solo. La República fue un cambio de régimen, que trajo una nueva Constitución y nuevas formas de gobernarse. No fue perfecta, pero lo intentó y no podemos hablar de resultados pues solo duró unos ocho años, tres de ellos de guerra. Si bien, y esto hay que saberlo, los gobiernos republicanos no declararon el estado de guerra hasta tres meses antes de perderla, pues ellos se enfrentaban a una sublevación ilegal e ilegítima, no a una fuerza militar reconocida y reconocible.
El legado republicano actual
Lo importante es su legado. Ahora que en las plazas y calles del Reino de España se vive una rebelión pacifica, ciudadana y profundamente democrática, las aspiraciones de una República de los y las iguales, con derechos, obligaciones -pero para todos, incluidos los poderosos- y con justicia social, las ideas republicanas adquieren su plena vigencia.
La reivindicación republicana tuvo mucho de exigencia de una verdadera democracia. La democracia en el estado español no llega de forma satisfactoria hasta 1931 y hasta entonces lo gobernaron una alianza de las oligárquicas económicas y la Corona, con el firme apoyo de sus instrumentos coercitivos.
Hoy salimos a la calle gritando “la llaman democracia y no lo es”, pues eso entiende el movimiento 15M que la que afirman tenemos. La herencia de transición impuesta por los vencedores inteligentes, las oligárquicas financieras -claro apoyo del franquismo, mientras este le fue útil- y que las debilitadas y exhaustas fuerzas de la izquierda tuvieron que aceptar por el simple hecho de ser reconocidas y legalizadas. Tal vez es lo máximo que entonces se pudo alcanzar -seguramente así fue, no seamos injustos- porque a pesar de los magros resultados, incluso esos no los regaló nadie y menos a las clases trabajadoras.
Así pues, ahora tenemos una oportunidad, ahora hemos comenzado una revuelta democrática, agudizada por la crisis financiera y sistémica mundial y sus crueles secuelas contra las clases populares. Por eso también ahora, o se está con las víctimas de la crisis, con las clases populares y trabajadoras, o se está con los bancos, con los poderosos, con los oligarcas. No es posible estar con ambos. No se puede decir que se está con los de abajo y sin embargo pactar con los de arriba, porque cada vez cuela menos.
El 15M, al igual que la República y las fuerzas que la impulsaron, es un movimiento regeneracionista, de salud democrática y de aspiraciones sociales, aún no definidas muchas de ellas -incluso moderadas en ocasiones-, pero es una fuerte y clara amenaza para el régimen vigente, es decir la alianza político-financiera que nos gobierna. Y esto acabará provocando rupturas y fusiones en busca de una democracia mejor y de una justicia social y reparto real.
Le propongo humildemente al 15M la confección de un programa popular y republicano, que avance desde lo público hacia la justicia y una nueva Constitución que modifiquen las reglas de juego actuales pues contienen trampa, y de hecho la vigente Constitución no solo no se ha cumplido jamás en lo que a aspiraciones de las clases populares se refiere, sino que tampoco en la profundización política se puede en ella leer algo. Hoy, gracias a la dictadura de los mercados vigente, es papel mojado.
Los enemigos del progreso social son los mismos, a solo que veamos un poquito y sin prejuicios la historia. Solo hay eso, unas siglas que tienen que aclararse en qué lugar están, pues por sus hechos no están en el que les correspondería o en el que sus padres ideológicos las hubieran situado. Es por eso por lo que hay que profundizar en las aspiraciones del 15M, para aclarar el campo, entre otras cosas.
En cualquier caso, hay que construir la alternativa y esta debe ser participativa y cívica e igualitaria. El principal enemigo ahora, el nuevo falangismo de hoy, es el neoliberalismo.
La guerra de clases lanzada por las clases poseedoras en todas las potencias centrales está ahí con toda su virulencia haciéndonos pagar la crisis a las víctimas de la crisis. Por eso entiendo imprescindible levantar una alianza social profundamente democrática, es decir republicana y rex-publicana y, entre las clases populares -es decir trabajadores y trabajadoras de todas las clases- hacer frente a rentistas y oligarcas.
domingo, 17 de julio de 2011
ESCLAVOS EN EUROPA (Artículo de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique)

Dos siglos después de la abolición de la esclavitud, regresa una práctica abominable: la trata de personas. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que 12,3 millones de personas en el mundo se ven sometidas, por redes ligadas a la criminalidad internacional, a la explotación de su fuerza de trabajo en contra de su voluntad y en condiciones inhumanas.
Tratándose de mujeres, la mayoría son víctimas de explotación sexual mientras muchas otras son específicamente explotadas en el servicio doméstico. También se da el caso de personas jóvenes y en buen estado de salud que, bajo diversos engaños, son privadas de su libertad con el fin de que partes de sus cuerpos alimenten el tráfico ilegal de órganos humanos.
Pero la trata se está extendiendo cada vez más a la captura de personas que sufren explotación de su fuerza de trabajo en sectores de la producción muy necesitados de mano de obra barata como la hostelería, la restauración, la agricultura y la construcción.
A ese tema preciso, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) dedicó en Viena, los días 20 y 21 de junio pasado, una Conferencia internacional con la participación de autoridades políticas, organismos internacionales, ONGs y reconocidos expertos (1).
Aunque el fenómeno es mundial, varios especialistas subrayaron que la plaga del trabajo esclavo está aumentando imparablemente en el seno mismo de la Unión Europea. El número de casos revelados por la prensa, cada vez más numerosos, sólo constituyen la punta del iceberg. Las organizaciones sindicales y las ONGs estiman que hay en Europa centenares de miles de trabajadores sometidos a la execración de la esclavitud (2).
En España, en Francia, en Italia, en los Países Bajos, en el Reino Unido y en otros países de la UE, numerosos migrantes extranjeros, atraídos por el espejismo europeo, se ven atrapados en las redes de mafias que les obligan a trabajar en condiciones semejantes a las de la esclavitud de antaño. Un informe de la OIT reveló que, al sur de Nápoles, por ejemplo, unos 1.200 braceros extracomunitarios trabajaban 12 horas diarias en invernaderos y otras instalaciones agrícolas sin contrato de trabajo y por sueldos miserables. Vivían confinados en condiciones propias de un campo de concentración, vigilados militarmente por milicias privadas.
Este “campo de trabajo” no es el único en Europa. Se ha descubierto, por ejemplo, en otra región italiana, a centenares de migrantes polacos explotados del mismo modo, a veces hasta la muerte, esencialmente para la recogida de tomates. Se les había confiscado su documentación. Sobrevivían subalimentados en una clandestinidad total. Sus “propietarios” les maltrataban hasta el punto de que varios de ellos perdieron la vida por agotamiento, o por los golpes recibidos, o empujados al suicidio por desesperación.
Esta situación concierne a miles y miles de inmigrantes sin papeles, víctimas de negreros modernos en los más diversos países europeos. Según varios sindicatos, el trabajo clandestino en el sector agrícola representa casi el 20% del conjunto de la actividad (3).
En esta expansión de la trata de trabajadores esclavos, el modelo económico dominante tiene una gran responsabilidad. En efecto, la globalización neoliberal –que se ha impuesto en los tres últimos decenios gracias a terapias de choque con efectos devastadores para las categorías más frágiles de la población– supone un coste social exorbitante. Se ha establecido una competición feroz entre el capital y el trabajo. En nombre del libre-cambio, los grandes grupos multinacionales fabrican y venden en el mundo entero. Con una particularidad: producen en las regiones donde la mano de obra es más barata, y venden en las zonas donde el nivel de vida es más alto. De ese modo, el nuevo capitalismo erige la competitividad en principal fuerza motriz, y establece, de hecho, la mercantilización del trabajo y de los trabajadores.
Las empresas multinacionales, al deslocalizar sus centros de producción a escala mundial, ponen en competencia a los asalariados de todo el planeta. Con un objetivo: minimizar los costes de producción y abaratar los salarios. En el seno la Unión Europea, eso desestabiliza el mercado del trabajo, deteriora las condiciones laborales y hace más frágiles los sueldos.
La globalización, que ofrece tan formidables oportunidades a unos cuantos, se resume para la mayoría de los demás, en Europa, a una competencia sin límites y sin escrúpulos entre los asalariados europeos, pequeños empresarios, y modestos agricultores, y sus equivalentes mal pagados y explotados del otro lado del mundo. De ese modo se organiza, a escala planetaria, el dumping social.
En términos de empleo, el balance es desastroso. Por ejemplo, en Francia, en los dos últimos decenios, ese dumping causó la destrucción de más de dos millones de empleos únicamente en el sector industrial. Sin hablar de las presiones ejercidas sobre todos los salarios.
En semejante contexto de desleal competencia, algunos sectores en Europa, en los que existe una carencia crónica de mano de obra, tienen tendencia a utilizar a trabajadores ilegales. Lo cual estimula la importación de migrantes sin papeles, introducidos en el seno de la UE por traficantes clandestinos que en muchos casos les obligan al trabajo esclavo. Numerosos informes evocan claramente la “venta” de braceros agrícolas migrantes.
En el sector de la construcción, muchos trabajadores jóvenes extracomunitarios, sin papeles, se hallan bajo el control de bandas especializadas en la trata de personas, y “alquilados” a empresas alemanas, italianas, británicas o griegas. Estos trabajadores esclavos se ven forzados por las bandas que los explotan a pagar sus gastos de viaje, de alimentación y de alojamiento cuyo total es en general superior a lo que ganan. De tal modo que pronto, mediante el sistema de la deuda, pasan a “pertenecer” a sus explotadores (4).
A pesar del arsenal jurídico internacional que sanciona esos crímenes, y aunque se multipliquen las declaraciones públicas de altos responsables que condenan esa plaga, hay que reconocer que la voluntad política de poner fin a esa pesadilla resulta más bien débil. En realidad, las patronales de la industria y de la construcción y los grandes exportadores agrícolas influyen en permanencia sobre los poderes públicos para que hagan la vista gorda sobre las redes de importación de migrantes ilegales. Los trabajadores sin papeles constituyen una mano de obra abundante, dócil y barata, una reserva casi inagotable cuya presencia en el mercado del trabajo europeo contribuye a calmar los ardores reivindicativos de los asalariados y de los sindicatos.
Los partidarios de una inmigración masiva siempre han sido las patronales. Y siempre por el mismo motivo: abaratar los sueldos. Los informes de la Comisión Europea y de Business Europe (la patronal europea), desde hace decenios, reclaman siempre más inmigración. Los patronos saben que cuanto mayor sea la oferta de mano de obra, más bajos serán los salarios.
Por eso ya no sólo los negreros modernos explotan a los trabajadores esclavos; ahora se está desarrollando una suerte de “trata legal”. Véase, por ejemplo, lo que sucedió en febrero pasado en Italia, en el sector de la industria del automóvil. El grupo Fiat colocó al personal de sus fábricas ante un chantaje: o los obreros italianos aceptaban trabajar más, en peores condiciones y con salarios reducidos, o las fábricas se deslocalizaban a Europa del Este. Enfrentados a la perspectiva del paro y aterrorizados por las condiciones existentes en Europa del Este donde los obreros están dispuestos a trabajar sábados y domingos por salarios miserables, el 63% de los asalariados de Fiat votaron a favor de su propia sobreexplotación...
En Europa, muchos patronos sueñan, en el marco de la crisis y de las brutales políticas de ajuste, de establecer esa misma “trata legal”, una especie de esclavitud moderna. Gracias a las facilidades que ofrece la globalización neoliberal, amenazan a sus asalariados con ponerlos en competencia salvaje con la mano de obra barata de países lejanos.
Si se quiere evitar esa nociva regresión social, hay que empezar por cuestionar el funcionamiento actual de la globalización. Es hora de comenzar a desglobalizar.
sábado, 16 de julio de 2011
LAS INCERTIDUMBRES DEL VERANO (Artículo de Carlos Martínez en attac; www.attac.es)

Que se produzcan ataques especulativos al euro es lo lógico. El euro se ha convertido en un negocio para los especuladores y para los fondos de inversión. Es además una presa fácil, primero porque es una moneda sin nación, sin política fiscal común y sin fuerza militar tras ella. Europa no es sino un gran supermercado en el que, dado que ni existe regulación económica alguna, ni responde a unos intereses comunes, cualquiera llega y compra -o no-, pero es que además puede ir al encargado y amenazarle de que o baja los precios o se pone en la puerta y comienza a gritar que la fruta está podrida, la carne es de vaca loca y los yogures están caducados. Y esto hace daño si la gente pica -y suele picar, pues no entra-, pero es que además el extorsionador puede hacerlo, nadie se lo va a impedir y encima uno o dos de los dueños están conchabados con él.
Eso es Europa. Construida solo como un mercado y sin más objetivo que el de competir con otros mercados a base de eliminar los derechos sociales de sus habitantes duramente conseguidos -que no otorgados, tras largos años de duras luchas sociales, sindicales, políticas y guerras frente al fascismo-. Europa desea despojarse de los beneficios de las personas que la habitan, para así ceder ante el extorsionador de la puerta del supermercado, es decir las agencias de calificación y, en consecuencia, los llamados mercados a cuyos intereses estos sirven.
No hay voluntad ni coraje político en la Unión Europea para hacer frente a los especuladores financieros. Últimamente por la UE solo hay valentía para recortar prestaciones y empobrecer paulatinamente a la ciudadanía, montando una grosera transferencia de rentas de las clases trabajadoras y populares a los ricos, a los bancos, a las mafias financieras. Vivimos en una especie de “Chicago años veinte” en el que los gánsteres, con el apoyo de jueces y policías, vulneran las leyes y constituciones nacionales a favor de sus capos y protegidos por unas burocracias a su servicio.
La ciudadanía europea esta inerme frente a tanto latrocinio legal. En el reino de España, la situación es grave, muy grave y es víctima de constantes abusos y ataques. Pero seamos conscientes de que esos ataques están consentidos, permitidos, y el Gobierno lo que trata de hacer es tranquilizar a los gánsteres, en lugar de defender a la población de sus tropelías. Y encima, la oposición de derecha extrema el PP es Gobierno ya en casi todas las autonomías y grandes ayuntamientos, es decir posee un poder político inmenso y además, como es la más chula y grande de la clase, asusta, pues nadie se le enfrenta con coraje y decisión. Claro que si no se persigue a los gánsteres ¿cómo se le va a plantar cara al chulo de la clase?.
El neoliberalismo está fracasando, el capitalismo solo genera pobreza para la mayoría y además le estorba la Democracia. Estamos caminando, si no ponemos pronto pie en pared, hacía un capitalismo sin democracia, pues si algo no tiene la derecha española es tradición democrática. Por eso ahora las alternativas son muy simples y sencillas, todo comienza por defender la soberanía popular y situar la política por encima de los mercados.
La respuesta a la crisis financiera y del sistema, que tanto nos está haciendo sufrir a las clases populares, solo puede ser política, profundamente política. Articular un movimiento social y cívico participativo y muy amplio -tal y como se está produciendo- es político. Negarlo es suicida. Ignorar que este estado sigue dominado por la misma oligarquía que en los años cincuenta del siglo pasado es no saber a que nos enfrentamos, y esa oligarquía a pesar de la crisis, gana, porque la banca siempre gana y los bancos son los mismos en esencia, solo que aún más concentrados.
El pueblo soberano necesita decir que no tolera más esta situación. El 15M lo dijo, el 19J también, y ahora le toca el turno al 23 de Julio. Hay que salir nuevamente a la calle, pues hay que decirlo alto y claro, que no nos están haciendo ni puñetero caso.
Están los poderosos y los gobernantes, sean del partido con poder que sean, tan acostumbrados a pasar de nosotras que siguen sin hacernos caso; sin embargo, tiemblan ante los especuladores.
Hay que hacerse respetar y el 23 de Julio, haciendo el esfuerzo de ir a Madrid, les diremos que estamos aquí y de paso seguiremos construyendo alternativa política, cívica, popular, anti neoliberal y por otra sociedad y otras formas de resolver sus crisis.
domingo, 10 de julio de 2011
LA HORA DE LOS PUEBLOS (Artículo de Federico Mayor Zaragoza en attac; www.attac.es)

Por fin, “los pueblos” están empezando a tomar en sus manos las riendas del destino común. Las maquinaciones del Gran Dominio –financiero, militar, energético, mediático– comienzan a ser contrarrestadas por millones de voces hasta ahora desoídas y acalladas. Son los estertores de un sistema que, liderado por el presidente Reagan y la premier Thatcher, sustituyó los principios de justicia social, dignidad humana, libertad y solidaridad por el mercantilismo puro; las ayudas, por préstamos en condiciones draconianas; la cooperación internacional, por explotación; y las Naciones Unidas, por una oligarquía plutocrática (G-6, G-7, G-8…)
En todos estos años, la mayoría de los países fueron cayendo en la trampa de la “globalización”, y los intereses a corto plazo fueron ocultando, en el apogeo de la expansión neoliberal, el deterioro medioambiental, las burbujas económicas, la impunidad en el espacio supranacional con inadmisibles tráficos de toda índole, personas incluidas; el incremento de las asimetrías sociales; la deslocalización fundamentada en el “todo vale”… Todo ello aderezado con invasiones como las de Kósovo o Irak, basadas en la discrecionalidad y la mentira, sin contar con la autorización del Consejo de Seguridad.
De pronto, en momentos en que el gasto militar alcanzaba diariamente los 4.000 millones de dólares al tiempo que morían de hambre más de 60.000 personas, llegó la quiebra del sistema financiero en EEUU y su inmediato “rescate”. No había dinero para los Objetivos del Milenio, para la lucha contra el hambre y la pobreza extrema, ni contra el sida, pero, de pronto, aparecieron torrentes de fondos para salvar del naufragio a los mismos financieros que habían provocado la catástrofe. El Gran Dominio, restablecido, vuelve a las andadas y ha decidido aplicar a los países de la eurozona los mismos “ajustes” que durante décadas aplicó a los países en desarrollo: recortes, despidos masivos, privatizaciones a mansalva…
Sin embargo, desde los primeros años de la década de los noventa se viene fraguando el cambio radical que podría hacer posible que el siglo XXI sea el siglo de la gente. Desde el origen de los tiempos, unos cuantos hombres han mandado sobre el resto de los hombres y de las mujeres. Los ciudadanos no han tenido más opción que obedecer, ofreciendo sin discusión hasta su propia vida cuando quienes ostentaban el poder así lo requerían. Las elecciones han representado un importante adelanto, pero su “formalización progresiva” ha llevado, junto a una notoria desinformación de la ciudadanía, a democracias muy imperfectas, donde los ciudadanos son contados en las elecciones, pero luego no son tenidos en cuenta.
Pues bien, cuando la tecnología de la comunicación empezó a permitir la exposición libre –por internet y los SMS de la telefonía móvil–, estaba claro que la participación no presencial sería el gran factor de transformaciones de hondo calado. Mediante los mismos avances tecnológicos se está procurando distraer a “los pueblos”, mantenerlos como espectadores impasibles, como receptores permanentes. Pero han sido ya muchos, y serán muchos más en el futuro próximo, los que vayan incorporándose a la gran plaza mundial del ciberespacio, a la gran Puerta del Sol, desde donde pedirán, como Blas de Otero, “la paz y la palabra”. Sus voces, expresadas serena y pacíficamente, ya no podrán ser desoídas.
Esta capacidad va acompañada de una conciencia global y de un conocimiento de la realidad a escala planetaria que permiten no sólo conocer las precariedades de los demás, sino apreciar lo que cada uno posee. Los ciudadanos del mundo se van dando cuenta de que pueden modificar las formas de gobernación mundial y hacer frente a los poderes que siempre han deseado, desde sus altos pedestales, mantenerlos atemorizados y silenciados.
Así, en Irán, China, Túnez, Egipto, Libia, Yemen, Siria, Italia o Reino Unido hubo concentraciones importantes, especialmente en el caso de la Primavera Árabe, movilizadas desde el ciberespacio, y el 15 de mayo se inició en España la reunión de los indignados, que respondían así a la provocación del lúcido nonagenario Stéphane Hessel. Urgidos, pero sin violencia, los ciudadanos, especialmente los jóvenes, están planteando con propuestas concretas una auténtica reformulación de la democracia. “Situaciones sin precedentes requieren soluciones sin precedentes”, ha escrito Amin Maalouf, y me gusta repetirlo. Ha llegado el momento de la reacción popular, de formular propuestas muy concretas e innovadoras que respondan a los “esfuerzos creadores” que Robert Schumman reclamaba en 1950 para la Europa comunitaria que iniciaba su andadura.
Reforma inmediata de la Ley Electoral, supresión de los paraísos fiscales, rechazo a los servicios de los bancos que utilizan esos medios de evasión, transición urgente desde una economía de especulación a una productiva, desarrollo global sostenible, son algunas de esas propuestas. Otras son la autonomía europea en seguridad, con sus propios observatorios y mecanismos de calificación y decisión económica; el inaplazable desarme nuclear, y refundación de un sistema de Naciones Unidas como interlocutor único, dotado de toda la autoridad necesaria para resolver conflictos como los que hoy intentan –con efectos colaterales inadmisibles– abordar infructuosamente los periclitados G-8 o G-20. Todo esto podría ser realidad en poco tiempo.
sábado, 2 de julio de 2011
GRECIA: ENTRE LA RABIA Y LA RESISTENCIA (Artículo en kaosenlared; www.kaosenlared.net)

Atenas, Grecia. El 2010 en Grecia fue de plena incertidumbre. Después de ganar las elecciones en octubre de 2009, el primer ministro Giorgos Papandreu anunció que “sí existía dinero” para que la economía griega siguiera cumpliendo con sus obligaciones. Unos meses después decidió que ya no lo había, y que el país tenía que solicitar ayuda económica al FMI y la Unión Europea. Durante todo ese tiempo, los políticos aparecieron en las pantallas de los medios masivos de comunicación comentando el tema: que si había o no dinero, que si la economía se colapsaría o no, que si había necesidad de pedir un préstamo para seguir saldando deudas.
La población griega se encontraba aterrorizada. Mientras los políticos hablaban de números incomprensibles, la gente dudaba de lo que todo eso significaría para su vida diaria, sin entender a quiénes debía y por qué. Hasta que llegó el momento en que decidió movilizarse. Se lanzó una convocatoria anónima a través de las redes sociales en Internet para que los habitantes salieran y se reunieran en la plaza central de Atenas en Sintagma, donde se ubica el parlamento griego.
Así que la tarde del 25 de mayo la gente empezó a congregarse fuera del parlamento del país. Fue impresionante la cantidad de personas que llegaron. A partir de ese día, los griegos se reúnen fuera del parlamento todas las tardes. Ahí permanecen por horas, haciendo sonar cucharas y ollas, cargando banderas griegas y de otros países del mundo en las manos, chiflando, gritando consignas espontáneas una y otra vez, sin parar. El clima es festivo. No se trata de quejarse o de pedir; se trata de manifestar un descontento enorme y decisivo. “Ya, nunca más van a decidir sin nosotros”. Se trata de un acá estamos y no estamos de acuerdo. “No estamos de acuerdo en vivir en una supuesta democracia, en que los que deciden sobre nosotros lo hagan sin nosotros”, comentaba la gente entre sí.
Y así siguió la situación por más de un mes, y el gobierno se vio obligado a anunciar un cambio de gabinete. Al mismo tiempo, éste estableció la fecha en que aprobaría las nuevas medidas de austeridad, que consisten en un aumento de impuestos para la mayoría de los griegos, privatizaciones de empresas estatales y recortes sociales fatales para una población de por sí ya presionada, que sufre por la desocupación y vive un futuro incierto. “Podríamos soportar mucho sufrimiento si contáramos con alguna perspectiva para el futuro”, cuenta uno de los manifestantes. “Pero con esas medidas que quieren aprobar no hay futuro, no para nosotros ni para nuestros hijos”.
La fecha anunciada para la aprobación fue el 29 de junio. La asamblea popular de la plaza de Sintagma, que tiene lugar todos los días a las 9 de la noche con la participación de la gente, decidió estar presente en las calles ese día y el anterior, presionando para que dichas medidas antisociales no se aprobasen. También los sindicatos oficiales, presionados por sus bases, anunciaron una huelga general de 48 horas para estos días.
El día 29 de junio amaneció hermoso. Se vio a decenas de personas juntarse en tres puntos de encuentro que se habían decidido en la asamblea de la plaza para cercar el Parlamento y no dejar a los diputados entrar al edificio. La brutalidad policíaca se hizo clara desde temprano, cuando se armaron dos bloqueos en las calles principales para cerrar el camino a los diputados. Los policías atacaron con fuerza a los manifestantes, tirando gases lacrimógenos y pegando con sus toletes.
Al mismo tiempo, la gente se concentraba en la plaza Sintagma. Desde los micrófonos se anunciaban las llegada de autobuses procedentes de diferentes ciudades del país con gente que venía a protestar contra las medidas de austeridad. La gente entraba en la plaza cargando sus pancartas, aplaudiendo y gritando consignas, para después congregarse fuera del parlamento. Asimismo, la estación de metro se encontraba atiborrada de personas provenientes de los diferentes barrios de la ciudad.
Mientras tanto, adentro del parlamento comenzó la discusión sobre las nuevas medidas. El centro de Atenas estaba lleno de gente que protestaba pacíficamente. Alrededor de las dos de la tarde empezó un ataque policial sin precedentes. Con una cantidad inmensa de lacrimógenos, cuyo uso únicamente se considera legal en condiciones de guerra, los cuerpos de policía dispersaban a la gente que se manifestaba. Los toletes policíacos golpeaban indiscriminadamente a gente mayor, a mujeres y niños, dejando un saldo de por lo menos 500 personas heridas. Rompieron piernas y cabezas, y provocaron problemas respiratorios a la gran mayoría de los manifestantes. Incluso tiraron gases dentro de dos estaciones de metro del centro de la ciudad, donde gente buscaba refugio de los gases de la plaza y donde, también, un grupo de médicos atendía a los heridos. Aunque muchos de los manifestantes venían ya preparados con máscaras y pañuelos para protegerse de los gases, la cantidad con la que fueron atacados supera la imaginación de cualquiera. El centro de Atenas fue escenario de guerra por más de 12 horas, durante las cuales una nube de gases cubrió el cielo, que se hizo gris por varias horas.
Mientras tanto, un grupo de jóvenes encabronados desprendían el pavimento de las calles cercanas y de la plaza, y arrojaban piedras a los policías. Algunos manifestantes se acercaban a estos jóvenes y les explicaban que lo que hacían, lejos de ayudar, daba pretextos a la policía para que atacara.
Muchos de estos jóvenes escucharon y dejaron de hacerlo. Sin embargo, existen videos que muestran “manifestantes” vestidos de negro, como estos muchachos, saliendo de las filas policíacas o entrando en ellas.
Lo que se intentó hacer fue provocar miedo a la población para que ésta no saliera a las calles a manifestarse. Pero la represión brutal provocó el resultado contrario. La gente estaba muy enojada; después de cada ataque por parte de la policía, regresaba a su lugar de protesta con más fuerza que antes. Muchas veces, los manifestantes se enojaban tanto por el comportamiento de los policías que se juntaban y, sin más arma que su voz, los forzaban a retroceder. La solidaridad entre los asistentes fue impresionante. Si alguien no podía respirar o ver debido a los gases lacrimógenos, siempre se encontraba alguien ahí para ayudar. Había muchísimas personas dando vueltas por el centro de la ciudad, portando un líquido que alivia los síntomas producidos por los gases y ofreciendo auxilio a la gente. Manos dispuestas a ayudar cargaban a las personas que ya no podían moverse. Y cada vez que se oían los disparos de los gases, la gente aplaudía fuerte, una y otra vez, y se daba ánimos entre sí.
Y así pasaron casi tres horas, hasta el momento en que se empezó a correr el rumor de que ya se habían aprobado las medidas, con 155 de los 300 diputados votando a favor. “Ya sabíamos que lo iban a votar”, comentó una mujer de 50 años que estaba en la calle desde la mañana. “Estamos luchando por una gloriosa derrota, por nuestra dignidad. Nos hablan en la tele sobre los chavos que tiran piedras y no sé que cosas. Pues, la verdad, que ahora ya lo quemen todo, de por sí ya nada es de nosotros”.
“Hoy vivimos una guerra”, comenta su compañera que descansa por un rato a su lado, agotada ya de tantos gases. “Esto jamás lo hemos visto antes. De hoy en adelante están en guerra con el pueblo griego, el señor presidente está ya en el basurero de la historia”.
Después de tantas horas de represión, la policía optó por terminar de una vez por todas con la protesta. Un grupo especial de policías que andaba en motos fue desplegado en las calles centrales de la ciudad. Eran como 50 motos a la vez, avanzando a una velocidad asesina por las calles que estaban llenas de gente. Mientras se desplazaban tiraban gases lacrimógenos a la gente que se hallaba en su paso, para no atropellarla, y pegaban fuerte con toletes a quien estaba en su camino. Pasaron incluso por las calles turísticas de la ciudad lanzando gases a gente que comía en restaurantes y a turistas que paseaban por la ciudad.
“Yo los vi pasando varias veces por acá, debajo de mi casa, pegando a la gente”, cuenta una de las manifestantes que vive cerca de la plaza en Sintagma. “Aterrorizan al mundo entero, son unos brutales. Yo les estaba tirando macetas desde mi balcón. Es que ya llevo un mes en la calle, ahí en la plaza y lo que están haciendo es inconcebible. Pero ya no nos van a parar. No estuvo bien cuando nada más nos quedábamos en nuestras casas aguantando todo lo que hacían, sin hablar”.
Incluso así la gente no se retiró y siguió resistiendo, regresando una y otra vez a la plaza hasta que, alrededor de las once de la noche, decenas de cuerpos antimotines cercaron la plaza de Sintagma, prohibiendo a los presentes permanecer frente al parlamento. Mucha gente se quedó enfrente de las filas policíacas por muchas horas, preguntando: “¿por qué no nos dejan pasar?”. En las primeras horas del día siguiente, la policía se retiró y la gente regresó a la plaza; poco a poco se limpiaron las calles y la plaza, se recogieron las piedras, las botellitas de gases, las tiendas de campaña destruidas. Se armó el campamento de nuevo y se preparó la plaza para recibir a la gente que hoy, 30 de junio, de nuevo se juntará allí.
30 de junio: “En lugar de debilitarnos, nos hicieron más fuertes”
Al día siguiente de la represión brutal que la policía griega desencadenó contra el pueblo griego, el centro de Atenas se llenó otra vez de gente. Miles de personas salieron de nuevo para denunciar el comportamiento policial durante el día 29 de junio. Esta vez la rabia de la gente se sentía en el ambiente y daba escalofríos. Por horas la gente se quedaba parada frente a las filas policiacas que resguardan el Parlamento hablándoles, insultándolos, pidiéndoles que renunciaran.
Un jóven enojadísimo les tira de repente una botella de agua. Algunos de los manifestantes le piden que no lo haga. Otros lo defienden diciendo: “No, pues es que superaron nuestros límites, son unos brutos que no entienden nada. Yo no estoy encapuchado, tengo dos hijos y lo que hicieron ayer es imperdonable, se portaron como perros feroces”. Por ahí había también un padre, fuera de control, que estaba gritando a un policía en específico: “yo te conozco, ayer mandaste a mi hijo al hospital, eres mi vecino, sé donde vives y la escuela donde van tus hijos”.
“¿Que le vas a decir a tu hijo mañana cuando te pregunte en qué trabajas papi? Le tienes que decir que estás matando gente. ¿Cómo pueden dormir en las noches?”, les gritaba otro. Y su compañero agregaba: “Ayer nos decían que ahora los vamos a chingar, a nosotros que no tenemos trabajo y que por eso estamos acá. A ver cuando ustedes se queden sin trabajo, ¿quién va a estar a su lado?”
En la plaza, abajo, ya habían armado de nuevo las tiendas de campaña y las mesitas de los diferentes puestos de trabajo y también se veían colgadas en diferentes partes de la plaza decenas de botellitas de los gases lacrimógenos que recogió la gente. Como todas las noches desde el 25 de mayo la asamblea popular de la plaza empezó a las 9 de la noche. El asunto de discusión era en contra de la represión estatal y la clase política y por la democracia directa. “Es que lo que pasó ayer es la destrucción total de la democracia, que significa que el pueblo manda. Todos ellos, ahí en el Parlamento, deberían de abrir un diccionario. Pero es que no había otra manera de votar las medidas, sólo así, ahogando nuestras voces por unas horas con gases lacrimógenos. Pero lo que no sabían era que en lugar de debilitarnos, nos hicieron más fuertes”, comentaba una señora.
En la asamblea se escucharon mensajes de solidaridad desde Islandia, Egipto y Argentina que daban ánimo a la gente para que siga resistiendo. El clima era festivo. La gente aplaudía una y otra vez y fuerte. “Nosotros, como pendejos, votábamos por ellos hasta ahora, pero pues ya, ahora este movimiento es nuestra vida, nuestro futuro, no nos vamos a ir hasta que se vayan ellos”.
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