CUIDEMOS EL MEDIOAMBIENTE

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viernes, 26 de agosto de 2011

¿QUE PASA EN LA ECONOMIA ESPAÑOLA? (Artículo de Vicenç Navarro en Attac; www.attac.es)

Lo que está ocurriendo en la economía española es fácil de entender. La economía no está creciendo y ello se debe a que la población ha dejado de comprar bienes y servicios como solía hacer antes y ello como consecuencia de que está profundamente endeudada. Las empresas también han disminuido su producción de bienes y servicios porque la demanda por tales bienes y servicios ha bajado, resultado de la disminución de la capacidad adquisitiva de la población y consecuente endeudamiento.

Paralelamente, el Estado está recortando el gasto público a fin de reducir el déficit público que erróneamente se considera la causa del escaso crecimiento económico. El dogma neoliberal al cual los establishments económicos, políticos y mediáticos se adhieren, postula equivocadamente que la causa de que la economía no crezca se debe al elevado déficit público.

Economistas neoliberales como Sala i Martín continúan machaconamente insistiendo en que el problema mayor que tiene España es lo que consideran excesivo endeudamiento público (“Crisis: liderazgo político”, La Vanguardia, 17/08/11), cuando en realidad, la deuda pública está por debajo de la media de la Eurozona. Es más, tal argumento que atribuye el problema del estancamiento de la economía al endeudamiento se olvida de preguntar ¿por qué la gente y el Estado están endeudados? Si se hicieran la pregunta y miraran los datos, verían que la capacidad adquisitiva de la población (la demanda doméstica) se ha ido reduciendo, y los ingresos al Estado han ido disminuyendo, en parte como resultado de la reducción de impuestos. Tales autores neoliberales parecen desconocer porqué los ingresos al Estado se redujeron y porqué la gente tiene que endeudarse.

Es interesante también ver el error o la falsedad del argumento que se utiliza para sostener la tesis de que la disminución del déficit y de la deuda facilitará a España a salir de la recesión. Se nos dice que el consumo de recursos por el sector público crea una escasez de fondos en el sector privado. Pero el problema que tiene el mundo empresarial es que el sector privado está estancado por la falta de demanda. De ahí la enorme importancia de estimular la economía mediante el gasto y el empleo público.

El paro empeora el problema de la demanda

No es pues de extrañar que la economía no crezca y que la tasa de participación de la población adulta en el mercado de trabajo continúe bajando, pues el número de puestos de trabajo que se están creando está descendiendo y el de puestos de trabajo que se están destruyendo está aumentando, con lo cual el número de personas en paro ha alcanzado unas cifras claramente alarmantes que determinan un enorme sufrimiento humano. Carles Muntaner i Joan Benach, dos investigadores de gran credibilidad y prestigio científico, el primero de la Universidad de Toronto y el segundo de la Universitat Pompeu Fabra, han documentado el enorme coste humanos que significa estas tasas de paro no solo entre la población desempleada sino también entre la población empleada creando una enorme inseguridad entre toda la población.

Pero además de ser un enorme problema humano y social, el elevado desempleo y baja tasa de ocupación en la población es un grandísimo problema económico. Contribuye a la disminución de la demanda y por lo tanto al estancamiento económico.

Frente a esta situación lo que el Estado debería hacer es estimular tal demanda y crear empleo. Ni los ciudadanos ni las empresas pueden ahora estimular la economía: lo tiene que hacer el Estado. Esto es lo que ha ocurrido siempre cuando un país ha estado en una recesión tan profunda como la actual, pareciéndose más a una depresión que a una recesión. Ocurrió así durante a la Gran Depresión de principios de siglo XX y durante el periodo post II Guerra Mundial en Europa. En ambos casos, los países salieron de la recesión a base de estimular la economía mediante el aumento del gasto público y la creación de empleo. En realidad, esta experiencia histórica demuestra que es impensable que se salga de una elevada recesión sin un enorme estímulo económico que el Estado tiene que liderar con un gran aumento del gasto público a fin de crear empleo.

El argumento en contra de tal alternativa, frecuentemente utilizado por autores neoliberales y conservadores, es que el Estado no tiene recursos, lo cual es fácilmente demostrable que no es cierto. Los Estados tienen recursos, lo que ocurre es que no los recogen.

España es un ejemplo de ello. El nivel de riqueza del país permitiría un mayor gasto público para estimular la economía y crear empleo. Pero no lo hacen. De ahí que sean los Estados de la periferia del euro (Grecia, Portugal, Irlanda y España) los que están en el centro de la Gran Recesión, con elevadas tasas de desempleo. Sus Estados tienen unos ingresos muy bajos resultado de unas políticas fiscales muy regresivas en los que la gente con más recursos y las rentas del capital no están contribuyendo como deberían (ver mi artículo en Le Monde Diplomatique, “No hay fatalidad, existen alternativas”, Agosto 2011, www.vnavarro.org). Y ahí está el problema. La situación en España es vergonzosa. Las grandes empresas pagan menos impuestos que las medianas y pequeñas empresas, y las rentas superiores gravan menos que las rentas medias y bajas. Según el informe del colectivo de técnicos del Ministerio de Hacienda, GESTHA, el tipo efectivo del Impuesto de Sociedades de las empresas que facturan más de 180 millones de euros es 19,5%, cuatro puntos menos que el tipo efectivo de las empresas que facturan hasta 60.000 euros (23,9%). Un tanto semejante ocurre en el IRPF. A mayor renta, menor es el tipo efectivo. En total, la evasión fiscal de las grandes fortunas, corporaciones empresariales y grandes empresas fue de 42.711 millones de euros en 2010, lo cual representa el 71,8% de toda la evasión fiscal. Estos datos muestran que no es que no existan recursos. Lo que ocurre es que el Estado no los recoge.

Otro argumento que también se utiliza, incluso desde sectores de las izquierdas, en contra de que se aumente el gasto público es que, aceptando que esto es necesario, creen que ello no puede hacerse en solo un país. Inmediatamente sacan del bolsillo argumentativo el caso del gobierno Mitterrand indicando que tal gobierno se vio forzado a renunciar a las políticas expansivas prometidas en su programa, pues estimulaba el consumo de productos importados pero no los exportados, empeorando la balanza de pagos. Pero muchos autores han mostrado que el problema de Mitterrand fue que se opuso al cambio del valor del franco, queriendo mantener el franco fuerte, con lo cual se perdió la oportunidad de incrementar sus exportaciones a costa de sus importaciones. En realidad España podría seguir unas políticas expansivas distintas a las de austeridad, si realizara la reforma fiscal que corrigiera su gran regresividad. El hecho de que esto no se haga se debe al excesivo poder que tienen los grupos con mayores medios, y su abusiva influencia sobre las instituciones mediáticas y políticas del país.

sábado, 13 de agosto de 2011

LOS ORIGENES Y LAS PERSPECTIVAS DE LA CRISIS ECONOMICA ACTUAL (Artículo en Kaos en la red; www.kaosenlared.net)


La crisis económica mundial se volvió el centro de los noticieros. Las bolsas caían en todo el mundo. Hechos que antes fueron considerados casi imposibles de ocurrir, se suceden en un ritmo vertiginoso: disminución de los títulos del tesoro norteamericano, ataques especulativos contras las monedas de Italia y España, riesgo de quiebra de países imperialistas.

Existe hoy una agudización de la crisis económica en curso desde finales del 2007. Y la dimensión histórica de esta crisis se puede volver a sentir nuevamente por la gravedad de los hechos actuales.

Los orígenes de la situación actual.

Todo comenzó al final del 2007, con una crisis clásica de la economía capitalista de superproducción y reducción en la tasa de lucros de las grandes empresas. Luego eso se tradujo en una caída vertiginosa en la producción industrial, agravada brutalmente con una gigantesca crisis financiera. El carácter parasitario del capitalismo se manifestaba en una enorme hipertrofia financiera especulativa en un grado de endeudamiento inédito de las familias, empresas y estados. La señal más conocida de la crisis fue la caída del banco Lehman Brothers, en setiembre del 2008. Pero era el inicio de algo mucho más profundo que una crisis financiera: comenzaba la más grave crisis económica del capitalismo desde 1929.

Esa crisis, más allá de sus determinaciones económicas, tiene una explicación también en la lucha de clases. Estaba fracasando la ofensiva imperialista desencadenada por el gobierno Bush para tentar retomar el auge neoliberal de los años 90. La invasión de Irak se empantanaba con la resistencia del pueblo, la imposición del ALCA en América Latina no se concretó, comenzó la resistencia de los trabajadores europeos. Eso dificultó la “retomada” de la tasa de ganancias y precipitó la crisis.

El primer momento de la crisis justificaba el temor de una nueva depresión mundial. Hubo una caída libre de la producción industrial en los países imperialistas que se aproximaban a los del 29. Había un claro riesgo de quiebra del sistema financiero internacional, con los grandes bancos imperialistas al borde de una caída.

Repartiendo dinero

Mientras tanto una gigantesca e inédita operación de los gobiernos imperialistas cambió el escenario: los estados entregaron cerca de 25mil de millones de dólares a las grandes empresas y bancos amenazados. Esos números son sólo aproximados, porque en verdad nadie sabe con claridad la dimensión real de esa ayuda.

Recientemente, el Government Accountability Office (un instituto del congreso de los EUA) descubrió que el Tesoro norteamericano entregó 16 mil millones de dólares en préstamos secretos a grandes empresas. No se trata de poca cosa, ya que es más que el PIB de los EUA lo que se estaba entregando secretamente a los grandes bancos. No hubo ninguna crisis, ninguna prisión. Es probable entonces que la cifra total de “ayuda” llegue a 40 o 50 mil millones de dólares, aproximándose así a todo el PIB mundial (63mil millones de dólares)

Endeudamiento Record

La acción de los gobiernos imperialistas impidió una nueva depresión. Comenzó entonces una pequeña recuperación de la economía global, que marcó la segunda fase de la crisis. Más no se resolvió la superproducción existente. Ni ocurrió una quema de capital (quiebra de empresas) inevitable y necesaria en el curso normal de las crisis capitalistas. La inyección histórica del capital por parte de los gobiernos salvó a las grandes empresas, pero agravó todos los problemas existentes. Para ser exactos, acrecentó un nuevo y gigantesco problema: el endeudamiento record de los estados imperialistas que fue necesario para bancar esas donaciones a las grandes empresas. O, para hablar desde otro ángulo, se creó una nueva y gigantesca “burbuja” financiera mundial.

La deuda federal del gobierno de los EUA pasó de 9,2 mil millones de dólares en 2007 a 14,5 mil millones en 2011, lo que corresponde al 100% del PIB. La deuda alcanza en los países europeos al 63% del PIB de España, 76,5% en Inglaterra, 81,7% en Francia, 93% en Portugal, 14% de Irlanda, 120% de Italia y 152% de Grecia. Es esa burbuja que está explotando ahora.

Para los economistas burgueses, la crisis ya debería haberse acabado en el 2010. Nosotros decíamos que aquella recuperación era apenas una fase de una onda larga depresiva de la economía capitalista. Existen los que no aceptan la existencia de estas ondas largas. Pero independientemente del nombre, la realidad es que estamos delante de un periodo largo de decadencia del capitalismo que se extenderá por 10 a 15 años, con periodos de recuperación cortos…y crisis mayores. Para salir de este periodo, el capital deberá derrotar las luchas de los trabajadores e imponer un nuevo grado de explotación, para poder volver a lograr una tasa de lucros que posibilite abrir una nueva fase ascendente.

Ataque a los trabajadores

La evolución posterior comprobó la continuidad de la crisis. Comenzando por Grecia e Irlanda y extendiéndose rápidamente a Portugal, España e Italia, los países europeos enfrentan el gigantesco déficit público en que se metieron. Como las deudas se volvieron impagables, los mismos bancos que se beneficiaron de los gastos públicos en 2008-2009 exigieron que los gobiernos pasasen a aplicar duros planes de austeridad para garantizar el pago de las deudas. O sea llegó la hora de imponer que los trabajadores paguen, con recortes en los servicios sociales, jubilaciones y salarios, él con dinero que los bancos recibieran gratis.

El capital financiero, fracción hegemónica del capital, hizo que los estados trasfieran gigantescas sumas de dinero para evitar la quiebra de grandes empresas, como aseguradoras del gran capital. El resultado es lo que ahora está ocurriendo una crisis fiscal sin precedentes en Europa y en los EUA. Y ya existen estados al borde de la quiebra, como Grecia, Irlanda y Portugal. Ante esto, esos mismos bancos exigen la adopción de planes de austeridad que tiene como principal objetivo la continuidad del pago de las deudas, o sea, trasferencia para ellos mismos.

Ese es el origen de los recientes planes de austeridad europeos. Y es también la explicación del reciente acuerdo de Obama-Republicanos.

La lucha de clases en escena

La crisis de la deuda de los gobiernos europeos marca una tercera fase de la crisis. En ella se desarrolla la lucha de clases que en las anteriores etapas no había surgido. El movimiento de masas comenzó a entrar en escena, llevando una polarización creciente la lucha de clases.

Está en curso una verdadera guerra social de la burguesía europea para acabar con el “estado de bienestar”, promoviendo un brutal retroceso al nivel de vida del proletariado. No sólo está en juego el traspaso de los costos de la actual crisis sobre los hombros de los trabajadores. Ya se está anunciando un nuevo nivel de explotación sobre el proletariado, aproximando el nivel de vida de los trabajadores europeos con la de los países coloniales. Se consiguieron imponer un plan de austeridad, luego vendrá otro, más y más severo.

Eso ya se expresa con claridad en la situación de la juventud de los países imperialistas, que a cada día ve menos condiciones para mantener un nivel de vida semejante al de sus padres. El desempleo entre los jóvenes alcanza en muchos países en el orden del 20-25%, en España llega al 40 %. Por eso no es casual que la juventud haya tenido un papel de vanguardia en las movilizaciones de Grecia, Portugal y España.

La crisis de la Unión Europea

La crisis alcanza al conjunto de la zona euro. La UE no es simplemente un acuerdo de libre comercio, pues incluye una unión monetaria. Une desiguales ampliando brutalmente esas desigualdades, a favor de los países con industria más desarrollada como Alemania y Francia. Los países más débiles están viendo desaparecer sus empresas, y no pueden recurrir a medidas de protección cambiaria (como la devaluación de su moneda) por estar presos del euro.

Ya existía un retroceso de países que tenían un estatus imperialistas que caminaban para convertirse en semi-colonias en el marco de la Unión Europea. Ese retroceso puede dar un salto en países como Grecia y Portugal. No es casual que miembros del Banco Central Europeo se refieran al acuerdo con Grecia diciendo que debe renunciar a su soberanía.

Por otro lado, el conjunto del sistema financiero está afectado. No se trata de una crisis de algunos países. La crisis griega afecta directamente a los bancos alemanes y franceses, envueltos en financiamientos al estado. La crisis española e italiana ya sería por sí cualitativas, por el peso de esas economías.

Ese nivel de ataque está llevando a una polarización social y política creciente y a una desestabilización de varios países europeos, aún en forma muy desigual. En los países más avanzados existen crisis políticas de gobiernos como Berlusconi, Sarkozy, Papandreu. Además de un ascenso de las luchas de los trabajadores y de la juventud se puede observar importante divisiones en la burguesía.

No existe una visión común de cómo enfrentar la crisis entre los gobiernos imperialistas y además cada vez hay más crisis en las burguesías de los países. El continente europeo entró en desestabilización.

En la lucha de clases se está jugando el resultado de la crisis económica. En el caso de que el gran capital salga victorioso, el proletariado europeo bajará al nivel de los latinoamericanos, los latinos se aproximan a los chinos, etc. Países antes imperialistas se transformaran en semicolonias. En caso que los trabajadores derroten algunos de esos planes, vamos a ver situaciones de crisis revolucionarias nuevamente en Europa, como lo fueron el mayo francés del 68 y la revolución portuguesa.

La intensificación de la crisis hace más probable una nueva recesión mundial

Las bolsas se derrumbaron en la semana pasada por el temor de una nueva recesión mundial. En varios países, la caída anuló el crecimiento del último año, volviendo a niveles del 2009.

El temor es justo. Ya existía una desaceleración de la economía mundial antes de la intensificación de la actual crisis. En Europa, en el primer trimestre del 2011 mostro crecimientos importantes en Alemania (1,5%) y Francia (1%), con estancamientos en Inglaterra (0,5%), España (0,3%), Italia (0,1%) y recesión en Portugal (-0,7%) y Grecia (-4,5%). En los EUA, en el primer semestre del 2011, como ya vimos, presentó una desaceleración, con un crecimiento de apenas 0,9 % del PIB. En Japón ya vivía una retracción desde el último trimestre del 2010 (-1,1%), agravado por el tsunami del primer trimestre del 2011 (-3,7%).

Sobre esa desaceleración va recaer los efectos de los planes de austeridad que son claramente recesivos. Está colocada en el horizonte la posibilidad de una nueva recesión mundial. La crisis de la deuda de los EUA puede ser el marco similar a la quiebra de Lehman Brother en el 2008, de un viraje en dirección a una nueva recesión.

Desigualdad

Existe aún una marcada desigualdad, con dos velocidades en la economía mundial. China sigue creciendo fuerte con 9,7 en el primer trimestre y 9,5 en el segundo. No se trata de ningún misterio, pero da continuidad a la apuesta del imperialismo en producir para todo el mundo en ese país con bajísimos salarios y una dictadura represiva. China no es un país imperialista ascendente, son las filiales de las multinacionales que están decidiendo mantener esas inversiones. Eso va seguir tanto cuanto se mantenga las exportaciones para el mercado mundial, y en particular, para los países imperialistas.

Durante la recesión del 2008 -2009, después de una pequeña caída, la economía china siguió creciendo. Será necesario ver cómo evoluciona ahora, en caso que se imponga una nueva recesión mundial.

Un nuevo escenario.

En el caso que ocurra una nueva recesión, la situación política ya no será la misma del 2008. Existe una polarización de la lucha de clases que no existía en aquella época. Eso incluye ascenso del movimiento de masas en varios países europeos, además de la revolución árabe.

Por otro lado, existe un grado mucho mayor de división en las burguesías dominantes. El comando imperialista está golpeado por la crisis política en los EUA y el debilitamiento de Obama, además de la crisis en varios de los principales gobiernos europeos.

La crisis económica va a tener una dinámica completamente inter-ligada a la política. En caso que el proletariado europeo consiga derrotar alguno de los planes imperialistas de austeridad, o que el proletariado de los EUA entre en escena, vamos a ver una profundización de la crisis económica.

Cartas agotadas

Por otro lado, el gran capital va agotando su capacidad de sacar “conejos de la galera” para escapar de la crisis. La gran carta de inyección de dinero público ya fue usada. Parte importante de la crisis actual es la desestabilización del sistema financiero por la crisis de las deudas de los estados y el rebajamiento de la deuda norteamericana. La gran burbuja financiera generada por la política anti-crisis del 2008-2009 se transformó en combustible de la crisis actual. No se puede subestimar la capacidad de la gran burguesía imperialista de generar iniciativas que puedan alejar la crisis. Pero una parte de su arsenal ya fue usado, y se está volviendo contra ella.

La crisis económica reubica la necesidad del socialismo. La economía mundial se estremece una vez más. El carácter parasitario del capital financiero aparece con su verdadero rostro. Una vez más la miseria se esparce por todo el mundo para preservar los lucros altísimos de las grandes empresas, el lucro extravagante de una minoría de magnates.

Es posible vivir en un mundo sin crisis. Ellas no son fenómenos de la naturaliza como las inundaciones o los tsunamis. Son un resultado periódico del dominio de las grandes empresas sobre la sociedad.

Es necesario acabar con la propiedad privada de los bancos, industrias y grandes comercios para poder planificar la economía en función de las necesidades de la población. Esa es una propuesta socialista, más actual que nunca.

miércoles, 3 de agosto de 2011

CAMBIAR EL SISTEMA (Artículo de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique)


Los eurófilos más extasiados lo machacan sin cesar: si no dispusiéramos del euro, dicen, las consecuencias de la crisis serían peores para muchos países europeos. Divinizan un euro “fuerte y protector”. Es su doctrina y la defienden fanáticamente. Pero lo cierto es que tendrían que explicarles a los griegos (y a los irlandeses, a los portugueses, a los españoles, a los italianos y a tantos otros ciudadanos europeos vapuleados por los planes de ajuste) qué entienden por “consecuencias peores”... De hecho, estas consecuencias son ya tan insoportables socialmente que, en varios países de la eurozona, está subiendo, y no sin argumentos, una radical hostilidad hacia la moneda única y hacia la propia Unión Europea (UE).




No les falta razón a estos indignados. Porque el euro, moneda de 17 países y de sus 350 millones de habitantes, es una herramienta con un objetivo: la consolidación de los dogmas neoliberales (1) en los que se fundamenta la UE. Estos dogmas, que el Pacto de Estabilidad (1997) ratifica y que el Banco Central Europeo (BCE) sanciona, son esencialmente tres: estabilidad de los precios, equilibrio presupuestario y estímulo de la competencia. Ninguna preocupación social, ningún propósito de reducir el paro, ninguna voluntad de garantizar el crecimiento, y obviamente ningún empeño en defender el Estado de bienestar.




Con la vorágine actual, los ciudadanos van entendiendo que tanto el corsé de la Unión Europea, como el propio euro, han sido dos añagazas para hacerles entrar en una trampa neoliberal de la que no hay fácil salida. Se hallan ahora en manos de los mercados porque así lo han querido explícitamente los dirigentes políticos (de izquierda y derecha) que, desde hace tres decenios, edifican la Unión Europea. Ellos han organizado sistemáticamente la impotencia de los Estados con el fin de conceder cada vez más espacio y mayor margen de maniobra a mercados y especuladores.




Por eso se decidió (a insistencia de Alemania) que el BCE fuese “totalmente independiente” de los Gobiernos (2). Lo cual concretamente significa que queda fuera del perímetro de la democracia. De ese modo, ni los ciudadanos ni los Gobiernos elegidos por éstos pueden entorpecer sus opciones liberales.




Hoy, esas características (impotencia de los políticos, independencia del BCE) son en parte responsables de la incapacidad europea para resolver el drama de la deuda griega. La otra causa es que, bajo su aparente unidad, la UE (en este caso particular la eurozona) está profundamente dividida en dos bandos casi irreconciliables: por una parte, Alemania y su área de influencia (Benelux, Austria y Finlandia); por la otra: Francia, Italia, España, Irlanda, Portugal y Grecia.




El origen de la deuda griega (como el de la de los demás países periféricos afectados por la crisis de la deuda soberana, incluida España) es conocido. Cuando Grecia fue admitida en la zona euro (3), las instituciones financieras consideraron inmediatamente que este pequeño Estado presentaba, a pesar de su evidente fragilidad y de sus escasos recursos, todas las garantías necesarias para recibir créditos masivos y baratos. Llovieron sobre Atenas ofertas de financiación a tipos de interés de ganga, en particular por parte de bancos alemanes y franceses que incitaron a los gobernantes helenos a endeudarse a bajo coste y a largo plazo para adquirir principalmente material militar (4) alemán y francés...




Cuando estalla la crisis financiera de 2008 (llamada “de las subprimes”), ésta se extiende rápidamente al sector bancario europeo. Los establecimientos financieros carecen pronto de liquidez y restringen drásticamente el crédito. Lo que amenaza con asfixiar el conjunto de la economía. Para evitarlo, los Estados ayudan masivamente a la banca. Y la salvan. Para ello, se endeudan aún más comprando dinero en el mercado internacional (ya que el BCE se niega a ayudarlos). Ahí, de repente, intervienen las agencias de calificación que sancionan el excesivo endeudamiento de los Estados (¡realizado para salvar a los bancos!)... Inmediatamente los tipos de interés de los préstamos a los Estados más endeudados se disparan... Y se produce la crisis de la deuda soberana.




En sí misma, la deuda griega es insignificante si se tiene en cuenta que el PIB de Grecia representa menos del 3% del PIB de la eurozona. El problema, técnicamente, podía haberse resuelto hace ya más de un año sin gran dificultad. Pero el gobierno conservador alemán, que enfrentaba entonces unas complicadas elecciones locales (finalmente perdidas), estimó que no sería moralmente justo que los griegos, acusados de “corrupción” y de “laxismo”, saliesen tan rápidamente del mal paso. Había que castigarlos para que no cundiese “el mal ejemplo”.




Una ayuda demasiado rápida a Atenas, declaró Angela Merkel, “tiene el efecto negativo de que otros países en dificultades podrían dejar de hacer esfuerzos” (5). Por eso, con el apoyo de sus aliados, Berlín empezó a poner pegas de todo tipo. Dejando pasar los meses.




Plazo que los mercados, excitados por el desacuerdo político europeo, aprovecharon para cebarse en Grecia. Todo se complicó entonces. Finalmente, Alemania acabó por aceptar un (incompleto) plan de ayuda con una condición: que participase en él el Fondo Monetario Internacional (FMI). ¿Por qué? Por dos razones. Primero porque se estimaba que las instituciones europeas carecían de un verdugo lo suficientemente severo para escarmentar a los griegos. Segundo, porque la especialidad del FMI, desde hace cuarenta años, consiste en exigir siempre esfuerzos antisociales a los países endeudados. Sus recetas (aplicadas con saña en América Latina durante los años 1970 y 1980) son siempre las mismas: alza de las tasas al consumo, recortes brutales de los presupuestos públicos, estricto control de los salarios, privatizaciones masivas...(6).


El Gobierno de Papandreu tuvo que resignarse a adoptar un salvaje plan de austeridad. Pero el mal estaba hecho. El ritmo de la política europea es lento y largo, cuando el de los mercados es inmediato. Los especuladores entendieron que la Unión Europea era un gigante sin cerebro político, y el euro una “moneda fuerte” con estructura débil (no hay ejemplo en la historia, de una moneda que no esté encuadrada por una autoridad política). Atacaron a Irlanda, pasó lo mismo y volvieron a ganar. Atacaron a Portugal e ídem. Atacaron a España y a Italia, y los Gobiernos de estos países se apresuraron a autoimponerse las impopulares recetas del FMI.

Por toda Europa se extiende ahora la “doctrina de la austeridad expansiva”, que sus propagandistas presentan como un elixir económico universal cuando en realidad está causando un estrepitoso daño social. Peor aún, esas políticas de recortes agravan la crisis, asfixian a las empresas de todo tamaño al encarecer su financiación, y entierran la perspectiva de una pronta recuperación económica. Empujan a los Estados hacia la espiral de la autodestrucción, sus ingresos se reducen, el crecimiento no arranca, el paro aumenta, las (impresentables) agencias de calificación rebajan su nota de confianza, los intereses de la deuda soberana aumentan, la situación general empeora y los países vuelven a solicitar ayuda (7). Tanto Grecia, como Irlanda y Portugal –los tres únicos Estados “ayudados” hasta ahora por la Unión Europea (mediante el Fondo Europeo de Estabilización) y el FMI– han sidos precipitados, por los que Paul Krugman llama los “fanáticos del dolor” (8), a ese fatal tobogán.

Y el “Pacto del euro”, establecido en marzo pasado, tampoco resuelve nada. En realidad es una vuelta de tuerca suplementaria a la austeridad, un acuerdo “de competitividad” que prevé más recortes del gasto público, más medidas de disciplina fiscal, y penaliza principalmente –de nuevo– a los asalariados. Con amenazas de sanciones a los Estados que no cumplan el Pacto de Estabilidad (9). Propone la tutela de la deuda pública y un ritmo fijo de reducción, o sea: una limitación de la soberanía. “Los países europeos deben ser menos libres de emitir deuda”, afirma, por ejemplo, Lorenzo Bini Smaghi, miembro del directorio del BCE. Algunos eurócratas van más lejos, proponen que se le retire a un gobierno que no haya respetado el Pacto de Estabilidad, la responsabilidad de dirigir sus propias finanzas públicas...

Todo esto es absurdo y nefando. El resultado es una sociedad europea empobrecida en beneficio de la banca, de las grandes empresas y de la especulación internacional. Por ahora la legítima protesta de los ciudadanos se focaliza contra sus propios gobernantes, complacientes marionetas de los mercados. ¿Qué pasará cuando se decidan a concentrar su ira contra el verdadero responsable, o sea el sistema, es decir: la Unión Europea?