CUIDEMOS EL MEDIOAMBIENTE

CUIDEMOS EL MEDIOAMBIENTE
NUESTRO ENTORNO, FUNDAMENTAL. NO NOS OLVIDEMOS DE LAS TRES "R": RECICLAR, REUTILIZAR, REDUCIR. SEAMOS GENTE CIVICA, NO ENSUCIEMOS NI CONTAMINEMOS. UTILICEMOS EL TRANSPORTE PUBLICO SIEMPRE QUE PODAMOS. CORRAMOS LA VOZ DE QUE EL PLANETA DEBE CUIDARSE Y PROTEJERSE, EN TODOS LOS ASPECTOS. NO MALGASTEMOS NI DESPILFARREMOS ENERGIA. CUIDEMOS Y RESPETEMOS EL MEDIOAMBIENTE

martes, 29 de noviembre de 2011

LA IZQUIERDA, ¿HIPOTESIS MUERTA? (Artículo en Kaosenlared; www.kaosenlared.net)


El eje izquierda-derecha se revela en nuestro tiempo como obsoleto, incapaz de datar al conjunto de transformaciones culturales, políticas, socioeconómicas y psicosociales de nuestra época vivida. Se queda corto, reduccionista, al tratar de ubicar la realidad compleja dentro de una visión unidimensional que drena por todas partes. La irrupción del 15M da claras muestras de ello. Un acontecimiento que leído desde una óptica clásica, debería haberse traducido en votos a IU en las pasadas elecciones del 22M, o en ampliar los grupos de izquierda. Pero el 15M existe en sí mismo y no responde a la lógica del caladero de votos o del engrosamiento de mi organización particular.

Posiblemente tenga que ver con eso que llamamos –a espera de un mejor nombre–, posmodernidad. Es decir, la imposibilidad de marcar un único relato,un único sistema de creencias que ofrezcan respuestas coherentes y holísticas a las preguntas que nos hace el mundo contemporáneo. La producción de subjetividad, es decir, nuestras inclinaciones en las formas de ser, ya no son sólo patrimonio del Estado, el partido, la fábrica o la religión, sino que se encuentra atravesada por múltiples estímulos y roles que cumplir en la vida, imposibles de encasillar en formas lineales, homogéneas, fácilmente identificables.

Toda lectura de la realidad que parta de categorías de análisis que acaben por justificar una idea prediseñada, terminan siempre en frustración e incomprensión. Si la gente ha salido a la calle y ha comenzado a organizarse bajo criterios distintos a los repetidos por los que se autoproclaman revolucionarios o progresistas, ello debería hacer ver que existe una falta de análisis y una sobredosis de ideología que no cuajan con lo que sucede. Los que se llaman comunistas nunca han tenido intereses propios, son anfibios que no se aferran a verdades trascendentales. Debemos evitar eso que Gramsci veía como uno de los peores males, no armonizar el pensamiento con los elementos de la realidad cotidiana o no saber sentir las necesidades de los explotados. Esta ausencia de dramatización de la vida, incapacita cualquier aplicación de medidas generales y a los imaginarios “que no pueden imaginar el dolor que la crueldad termina por despertar”.

No se trata tanto de poner en tela de juicio los valores históricos que encarna la izquierda –o la extrema izquierda–, sino de cuestionar su forma, su puesta en escena, su manera de descifrar la realidad. Recordar por qué una persona se hacía de izquierdas resulta fundamental para comprender su función histórica. Ser de izquierdas ha sido un mecanismo, ha conseguido proyectar un universo mental acorde a las necesidades e intereses de los desfavorecidos y explotados del mundo, pero nunca al revés. La izquierda al servicio de las gentes y no viceversa. Por el mismo motivo que la entendemos como una herramienta que cristalizaba la organización del descontento, tenemos hoy que redefinir los conceptos para que, nuevamente, se interpreten las intenciones de impugnación de los de abajo.

Tampoco debería sorprendernos; si algo nos enseña Marx, es que nada en la vida es para toda la vida y que el capitalismo, lejos de la reducción economicista, es ante todo un modo de relacionarse que varía. Nietzsche afirmaba que los ateos no se despojaban de su condición de religiosos por el mero hecho de negarla, lo podían seguir siendo precisamente por seguir manteniendo una fe ciega en la búsqueda de la verdad única. Sacralizar posturas, símbolos o colores, como verdades eternas al margen de los cambios, nos exime de nuestra condición laica en la política, para convertirla en un presupuesto religioso inamovible, sin necesidad de verificar en la práctica. Como Durruti, también nosotros y nosotras renunciamos a todo, menos a la victoria. Eso no significa para nada, –es más, lo recrudece–, la desaparición del conflicto en torno a cómo debe organizarse, entenderse, la vida en común, en sociedad. Simplemente que cada tiempo, requiere su tiempo; cada forma, cada símbolo o referencia implica un contenido, que lejos de toda sacralización, responden y componen un tiempo histórico dado. Paradójicamente, era Lenin quien decía aquello de que “cada eslogan particular debe ser deducido de la totalidad de características específicas de una situación política definida”.

Se ha producido un doble efecto. Al tiempo que el capitalismo ha ido adoptando una proyección joven, dinámica, transgresora, la izquierda ha caminado en la dirección contraria, hacia lo viejo, lo rancio y lo nostálgico. El filósofo William James afirmaba que la acción viene ligada a una “voluntad de creer” y para ello diferenciaba entre lo que denominaba hipótesis vivas e hipótesis muertas: las vivas son aquellas que nos sugieren “una verdadera posibilidad”, “que resuenan en el alma de las personas”. Por contra, las hipótesis muertas son las que han perdido la validez de nombrar aquello que sucede y que por mucho repetirlo jamás lo conseguirá. Es “una llamada a actuar que no sabe producir un eco en nuestra conciencia”.

La batalla por la apropiación del saber y por lo tanto de la orientación en las disposiciones humanas, se libra hoy entre dos puntos: oscila entre una aparente diferenciación de formas de vida, pero finalmente reducidas al espacio liso del capital; y entre una coordinación compleja de diferencias, capaz de emanciparse del monolingüismo del capital. Sometimiento o éxodo de la dominación semiótica del capital, esa es la cuestión. La publicidad es un buen ejemplo para observar la batalla mental y la lucha por el significado de las palabras y por lo tanto de las cosas. Ha sido la que mejor ha sabido adoptar –hasta ahora–, las prerrogativas y las aspiraciones emancipatorias de la humanidad: Ikea es un diseño democrático y el modelo Ds4 de Citroën es un modelo “contra lo establecido” y Endesa es luz y también personas. Los anuncios pueden ser queer, ecológicos o “antisistema”, e incluso explican la historia de las revoluciones a través de un coche.

Los y las indignadas de medio mundo que toman las calles y la red son el cuerpo social del intelecto general conectado, es como un virus bacteriológico que desobedece y produce la ruptura; toman el testigo de la ilusión que en su tiempo generó la izquierda, haciendo suyas las palabras del poeta Gunter Eich, “cantad canciones que nadie espera escuchar de vuestras bocas”. Evaristo, el cantante del mítico grupo de punk, La Polla Records, tiene más razón que nunca cuando decía que “nuestra arma secreta es el cerebro”. La creatividad y la innovación colectiva que inundan las plazas, trasladan el saber y el conocimiento de las esferas publicitarias para ponerlas a trabajar en un fin común, de todos y para todos. Son la hipótesis viva que sí se hace eco en nuestra conciencia: “No somos de izquierdas ni de derechas, somos los de abajo que vamos a por los de arriba”, “we are the 99%”.

martes, 22 de noviembre de 2011

CARTA ABIERTA AL FUTURO PRESIDENTE DEL GOBIERNO, SOBRE LA CRISIS ECONOMICA Y EL GASTO MILITAR (Artículo publicado en attac; www.attac.es)


Somos conscientes de que asumirá el encargo de presidir el Gobierno en un contexto de grandes dificultades económicas, de distanciamiento entre la ciudadanía y la política y en el que tendrá que dar respuestas convincentes ante los múltiples retos actuales.

La ciudadanía vive perpleja ante la sensación de que los gobiernos del mundo democrático terminan por plegarse a unas exigencias que no emanan del sentir popular sino de unos intereses económicos globales. Exigencias que, en medio de la opacidad y la desregulación, terminan por beneficiar a unos pocos. Así, parece difícil evitar que la gente piense que paga los platos rotos de una fiesta en la que no decidieron ni la comida ni los invitados.

Una globalización económica sin regulación nos ha conducido a una democracia acosada por los mercados y de precaria credibilidad. La comunidad internacional, más allá de reaccionar con medidas urgentes ante lo que acontece, debe acometer una revisión a fondo de los acuerdos, mecanismos y estructuras en los que se fundamenta el actual sistema económico.

Si, como parece, se opta por reducir el gasto público y las inversiones, no podemos asistir impasibles al recorte de prestaciones sociales, sanitarias y educativas –todas ellas siempre fundamentales pero aún más en un contexto de crisis que comporta más precariedad a buena parte de la población- o a la inversión en ciencia e innovación. Es esencial generar otro sistema económico que pueda ser más justo, sostenible, productivo y sólido.

No asistiremos impasibles a la reducción de inversiones y gastos cruciales para el bienestar y la protección de la calidad de vida mientras se continúa manteniendo un descomunal gasto militar.

Sabemos que no es un caso específico de España. Los principales países del mundo, encabezados por los Estados Unidos, mantienen una inmensa maquinaria bélica. Si tenemos en cuenta las graves carencias que afectan a la mayoría de los habitantes del planeta, el desarrollo de este desmesurado arsenal constituye un auténtico insulto. Lamentablemente, este modelo se proyecta con fuerza y los países emergentes se esfuerzan en copiar los mismos modelos. Por ello, el incremento del gasto militar, la producción de nuevos sistemas armamentísticos o la adquisición de nuevas armas en el mercado internacional son pautas habituales de muchos países. Hay que recordar que, tal como apuntaba el reciente Informe del SIPRI, el gasto militar mundial, pese a los 4 años de crisis económica, subió en todo el mundo un año más, hasta alcanzar la escandalosa cifra de 1,6 billones de dólares.

Mientras, los Objetivos del Milenio –que nos recuerdan las apremiantes necesidades que deberíamos atender si queremos reducir las amenazas que el hambre, la falta de salud o de educación suponen para la población mundial- siguen incumpliéndose año tras año.

Se trata de una política errónea propiciada por los grandes productores de armamento, que confunde seguridad con militarismo. ¿Cómo se puede aprobar que para hacer frente a supuestas amenazas militares se invierta tanto dinero y para evitar riesgos reales que se llevan la vida de millones de personas aceptemos impasibles que no existen medios?

En el caso español, comprobamos amargamente algunas decisiones de sucesivos gobiernos, que siempre hemos considerado erróneas pero que ahora, además, están impactando gravemente sobre la economía. Se ha decidido participar en grandes proyectos armamentísticos (avión de combate europeo Eurofighter, carros de combate Leopard, etc.), sin valorar si eran realmente necesarios y se correspondían con una visión global y moderna de la seguridad. En cualquier caso, con independencia de su conveniencia, han constituido un desastre financiero.

Dedicar más de 16.000 millones de euros para 2011 al gasto militar –teniendo en cuenta todas las partidas, no solo lo que gestiona el Ministerio de Defensa- nos parece una sinrazón. Las posibles misiones internacionales, argumento habitual para justificar una alta dotación en armas a los ejércitos, no precisan de ese enorme gasto y, en concreto, de la adquisición o fabricación de armas, impuestas por la pertenencia a la OTAN –es increíble que la UE no sea todavía autónoma en materia de seguridad- y que, en buena medida, son propias de conflictos pretéritos.

Cuándo hace 14 meses publicamos en estas mismas páginas el artículo ‘Crisis, gasto militar y desarme’ (El País, 2 de agosto de 2010) queríamos alertar sobre la grave crisis económica y la necesidad de establecer unas prioridades adecuadas a la hora de plantearse recortes del gasto público. Durante estos meses hemos visto como la crisis económica se agudizaba sin que las medidas de austeridad hayan alcanzado al gasto militar.

Pero a la vez hemos sido testigos de dos fenómenos de gran trascendencia.

Por un lado, miles y miles de mujeres y hombres del mundo árabe han dicho “¡Basta!”. Han gritado al mundo que también quieren vivir con dignidad, aspirar a la justicia y disfrutar de la libertad. Han hecho tambalear, y caer en algunos casos, a dictadores que lamentablemente, contaban con el apoyo interesado de buena parte de las democracias occidentales. Con las modernas tecnologías de la información y la comunicación, que permiten la libre expresión y la participación no presencial, los ciudadanos ya no solo serán contados en las elecciones. Deberán contar también después. Pueden influir y decidir. Y deben hacerlo.

Por otro lado, en España irrumpía con fuerza el movimiento del 15 M, internacionalizado meses después con la movilización del 15 0. Unas movilizaciones surgidas de la disconformidad e indignación de muchas personas ante la degradación de la calidad de vida, la pérdida de capacidad democrática de dirigir la economía y el alejamiento de la política de sus auténticas responsabilidades.

Por cuanto antecede nos parece que proteger el gasto social y dirigir los posibles recortes hacia el gasto militar es una medida que fortalece la democracia, mejora el bienestar y envía a la ciudadanía un mensaje positivo, al priorizar la agenda social en un contexto de crisis aguda.

Sr. Presidente: le agradeceremos que tenga en cuenta estas reflexiones y sugerencias

jueves, 17 de noviembre de 2011

LA DEMOCRACIA EN RECESION (Artículo en Attac; www.attac.es)

Entre las previsiones negrísimas que Bruselas lanzó el jueves, según las cuales la eurozona se dividirá entre países estancados y países en recesión, faltó añadir un dato a sumar a los de PIB, déficit o paro: las previsiones democráticas, pues en algunos países la democracia se estancará en 2012, mientras en otros entrará en recesión.

La crisis financiera es un vendaval que se lo lleva todo por delante: el Estado de Bienestar, los derechos laborales, el euro, los gobiernos, unos cuantos bancos, miles de empresas y millones de puestos de trabajo. Y ahora también la democracia, que ya está tiritando en Grecia e Italia, mientras en el resto de países empezamos a sentir el frío que se acerca.

Hasta cierto punto es lógico, pues encaja en el discurso oficial de la crisis: si todo es recortable, reformable y ajustable, si para salir de la crisis hay que meter tijera al gasto público, tumbar derechos y cambiar constituciones, y no hay línea roja que valga, ¿por qué no vamos a recortar también la democracia? ¿Qué impide un ajuste del sistema democrático?

Ahí están los gobiernos tecnocráticos en Grecia e Italia, que hacen innecesario convocar nuevas elecciones, e invalidan cualquier diferencia entre las fuerzas parlamentarias. Y para el resto, mientras no sea necesario colocarles un economista en el gobierno, políticas económicas dirigidas desde el BCE y el FMI. Y al que saque los pies del tiesto y quiera consultar a la ciudadanía o pensar por su cuenta, lo crujimos.

Y todos rezando porque la tecnocracia funcione, porque si el gobierno de los expertos también falla, ¿qué vendrá después? Si pese a todo, los ciudadanos resisten y los parlamentos no validan las sucesivas vueltas de tuerca, ¿qué nuevo ajuste democrático llegará para que se cumpla la santa voluntad del poder financiero?

¿Es la democracia (aun siendo escasa) un lujo para época de bonanza que no podemos permitirnos en crisis, como los festivales de teatro, la actualización de las pensiones o la atención hospitalaria de calidad?
El vendaval regresivo arrecia. Y no es viento: es que están soplando

domingo, 13 de noviembre de 2011

A PROPOSITO DE LA PUBLICACION DE HAY ALTERNATIVAS: LA NECESIDAD DE REBELARSE FRENTE AL DOMINIO NEOLIBERAL (Artículo de Attac; www.attac.es)


Carta abierta de los autores del libro Hay alternativas, Vicenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón, a la población indignada que no acepta las políticas neoliberales que se están imponiendo a la ciudadanía, sin su aprobación y participación.

Escribimos el libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España con la intención de mostrar que, en contra de lo que dice la sabiduría convencional promovida por los establishments financieros, económicos, políticos y mediáticos del país, sí que hay alternativas a las políticas de austeridad que están haciendo tanto daño a las clases populares de nuestro y otros países.

Los representantes de los grandes intereses financieros y económicos realizan un esfuerzo constante (a través de los medios de mayor difusión de España y sus comunidades autónomas) para intentar convencer a la ciudadanía de que no hay alternativas a tales políticas de recortes sociales, buscando así dificultar e imposibilitar la presentación de otras políticas que, sin embargo, serían mucho más eficaces para mantener y expandir el bienestar de la población, y, precisamente por ello, también más democráticas y más populares que las que ellos proponen.

Su enorme poder impide que haya un auténtico debate sobre los tan temas urgentes e importantes que están hoy día sobre la mesa. Y así se puedan aplicar las medidas de reducción de derechos sociales y laborales sin apenas discusión, en aras de unos supuestos e inexistentes futuros beneficios a las clases populares y ocultando que en realidad solo proporcionan más privilegios a los promotores de tales políticas de reducción de derechos.

Este libro cuestiona cada uno de los dogmas neoliberales que alientan estas políticas y los supuestos que los sostienen y es precisamente por ello que esté teniendo tantas dificultades para darse a conocer ante el público, dificultades que aparecieron incluso antes de que se publicara.

Teníamos un acuerdo con la editorial Aguilar, una de las mayores editoriales del país, para publicar y distribuir el libro que implicaba su compromiso de sacarlo a la calle el 19 de octubre, una fecha que le permitiría ser un recurso más en los debates que deberían realizarse en el marco de las elecciones del 20-N. Para ello debimos realizar un esfuerzo hercúleo para tenerlo a tiempo y pasamos buena parte del verano trabajando en ello. Pero lo hicimos con ilusión, pues creemos que es un servicio para todas las personas –millones en España- que están indignadas por la situación actual y que buscan las alternativas que se les niegan en los foros de discusión.

El aliento y apoyo que obtuvimos en este trabajo por parte de muchos movimientos sociales, incluyendo amigos del 15-M, de los sindicatos, de los movimientos vecinales, y de todas sensibilidades políticas, eran indicadores de que íbamos por buen camino y valía la pena el esfuerzo. Y parecía que la editorial Aguilar iba a respetar su compromiso cuando comenzó su promoción activamente, no solo en su propia web sino en las principales librerías de toda España, como todavía puede comprobarse fácilmente en la red.

Sin embargo, incluso después de haber hecho algunos cambios en el texto sugeridos por la editorial y cuando la promoción estaba en marcha, hubo una orden superior que ordenó parar el proyecto. La promoción desapareció y no recibimos más que explicaciones muy opacas y ninguna seguridad de que se pudiera publicar más adelante. Ante esta situación decidimos retirar el libro de Aguilar, recomponer su diseño y difundirlo inmediatamente en formato pdf a través de internet mientras la editorial Sequitur se encargaba de publicarlo y sacarlo impreso a la calle cuanto antes.

Agradecemos este enorme esfuerzo de esta editorial y de los amigos de ATTAC que una vez más se han empeñado con generosidad en difundir el pensamiento crítico. Pero es evidente que ni Sequitur ni ATTAC tiene el potencial de distribución de las grandes casas editoriales, como Aguilar. Y es por ello que tenemos que pedir a todas las personas indignadas con el argumento de que no hay alternativas, que se movilicen y que pidan a las librerías que distribuyan el libro Hay alternativas.

Solo mediante la movilización puede la ciudadanía romper esta marginación, que alcanza dimensiones de veto político, intolerable en una democracia, por muy limitada que sea, como en el caso español.

Tenemos la convicción de que si la mayoría de la población en España pudiera conocer que sí que hay alternativas a las políticas que les están dañando, se movilizaría rompiendo con el fatalismo que le están imponiendo los medios de mayor difusión próximos a los poderes financieros y económicos que no desean que se conozcan y debatan tales políticas.

De ahí que pidamos a todas las personas con sensibilidad democrática que reclamen e insistan en que las librerías tengan disponible y visible para que la ciudadanía lo conozca y si lo desea, pueda conseguirlo. La lucha por la democracia pasa también por romper con el monopolio en la producción y distribución de ideas que solo podremos conseguir con nuestra actitud activa y nuestra rebeldía ante el intento de implantar un auténtico pensamiento único.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

ESPAÑA, PELIGRO INMINENTE (Artículo de Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique)


La histórica decisión de la organización ETA (Euskadi Ta Askatasuna), anunciada el pasado 20 de octubre, de “cesar definitivamente su actividad armada” sin condiciones, pone término a 43 años de violencia política en España, y representa el fin de una suerte de trágica excepción española en Europa.

Desde la muerte del dictador Franco en 1975 y la adopción por referéndum de la Constitución en 1978, nada justificaba el recurso al asesinato político, al atentado o a la violencia armada. Todo ello (así como la tortura y la represión policial) ha causado un enorme sufrimiento social y centenares de víctimas mortales. La propia sociedad vasca, como lo expresó el dirigente abertzale Arnaldo Otegi en julio pasado, ya no toleraba el terrorismo.

Es menester ahora avanzar hacia la construcción de la paz y la convivencia, sin vencedores ni vencidos, en el marco definido el 17 de octubre pasado por los expertos internacionales en la Declaración final de la Conferencia de Paz de San Sebastián (1). Éstos aconsejaron “tratar exclusivamente las consecuencias del conflicto”, o sea: la situación de los presos y de los clandestinos; la restitución de las armas; la compensación y la asistencia a todas las víctimas; el reconocimiento del dolor causado; y la ayuda para sanar las heridas personales y sociales. Pero también, si se desea establecer para siempre la concordia, habrá que avanzar de manera responsable en lo político con la participación de todos los partidos democráticos de España y Euskadi.

Es interesante observar que ETA ha anunciado su adiós a las armas justo un mes antes de las decisivas elecciones legislativas del 20-N. Un escrutinio que, según las encuestas de opinión, debería ganar con fuerte probabilidad el Partido Popular (PP), vencedor ya de las últimas elecciones locales. ¿Ha querido ETA, en cierto modo, influir en ese escrutinio? ¿Ha deseado, con el cese de su actividad armada, apoyar una línea nacionalista no violenta que, como lo demostró el éxito de Bildu en las elecciones municipales de mayo pasado, cuenta hoy con la simpatía de una gran parte del electorado abertzale? ¿En qué medida el fin del terror podría también ser capitalizado electoralmente por el PSOE como una victoria política del Gobierno actual capaz de atenuar su anunciada derrota?

Muchos electores habituales del PSOE estaban decididos, en efecto, a sancionar esta vez al partido de José Luis Rodríguez Zapatero. No sólo a causa de la crisis inédita que vive el país sino por las brutales políticas de ajuste (“impopulares pero necesarias”, afirmó el Presidente) que han castigado sobre todo a las clases medias y humildes, así como a los jubilados y a los jóvenes. Y porque Zapatero –en una muestra de “coraje político”, según él–, se ha rendido a los mercados, no dudando en asumir las consignas ultraliberales exigidas por los inversores internacionales, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE) y la canciller alemana Angela Merkel.

Pareciera además que la impopularidad actual del presidente Zapatero lo inhibiera en algún modo de cualquier pudor a la hora de tomar, a final de mandato, medidas descaradamente conservadoras, últimos desafíos a su propio electorado socialista. Por ejemplo: la reciente reforma de la Constitución, sin referéndum, para limitar los déficits presupuestarios como se lo exigían Francia (que no se lo aplica a sí misma) y Alemania. O la muy controvertida decisión del 4 de octubre pasado (cuando ya las Cortes estaban disueltas), de firmar un acuerdo en el que España cede a EEUU la base de Rota como sede naval del escudo antimisiles de la OTAN.

Zapatero se lo ha puesto muy difícil a su virtual sucesor, Alfredo Pérez Rubalcaba, al dejar un Partido Socialista desorientado, confundido, aturdido, extraviado, exánime y derrotado. No se repondrá fácilmente el PSOE. Le esperan largos años de travesía del desierto en espera de su refundación.

No es buena noticia para España. Sobre todo porque la izquierda de la izquierda, de donde deberían provenir las ideas más audaces y más constructivas para sacar al país del atolladero se halla demasiado fragmentada. Y porque otras fuerzas de progreso que suben en el resto de Europa, la ecología política por ejemplo (léase, en esta misma página, el artículo de Joan Martínez Alier), se encuentran aún, aquí, en el limbo.

Este contexto favorece electoralmente al PP. Y las encuestas lo anuncian, en efecto, como vencedor del próximo escrutinio. Muchos electores que se disponen a votarlo creyendo que un eventual Gobierno de Mariano Rajoy hará una política económica diferente de la de Zapatero –o sea una política sin ajustes, sin recortes y sin austeridad–, deben saber que no será así. Simplemente porque Zapatero, en los últimos 18 meses, ha hecho, en economía, una política ya de derechas. Y que, con mayor razón, Rajoy la acentuará.

Basta con ver cómo se está comportando la derecha actualmente en otros pagos. En Cataluña, por ejemplo, el Gobierno de la Generalitat presidido por Artur Mas (Convergència i Unió) está aplicando (“sin que nos tiemble la mano”, ha dicho Mas) recortes drásticos en los sectores de la Sanidad y de la Educación que han disparado las protestas. En Sanidad, por ejemplo, anunció una reducción de mil millones de euros, o sea el 10% de los recursos con los que contó el pasado ejercicio en tiempos del Tripartito. Ello significa cierre de centros sanitarios, supresión de plantas y quirófanos, pérdida de camas, despido de auxiliares y médicos, supresión de turnos de noche, etc. O sea, castigo para los pacientes.

En Castilla-La Mancha, la presidenta María Dolores de Cospedal (PP) presentó a final de agosto pasado un plan de choque para recortar más de 1 800 millones de euros. Congeló la oferta pública de empleo en todos los sectores y suprimió el 40% de los puestos de personal eventual en la Administración pública. A los profesores de Educación Infantil, Primaria y Secundaria se les aumentaron autoritariamente dos horas lectivas cada semana. Se suprimieron casi todos los centros de formación de los docentes. Y los mayores recortes están previstos en el sector de la Sanidad (2). Para el PP, Castilla-La Mancha es el laboratorio de lo que la derecha se dispone a hacer si Rajoy consigue llegar a la Moncloa. El peligro es pues inminente. ¿Acaso la propia María Dolores de Cospedal no definió su brutal terapia de choque como “un ejemplo” para toda España?