CUIDEMOS EL MEDIOAMBIENTE

CUIDEMOS EL MEDIOAMBIENTE
NUESTRO ENTORNO, FUNDAMENTAL. NO NOS OLVIDEMOS DE LAS TRES "R": RECICLAR, REUTILIZAR, REDUCIR. SEAMOS GENTE CIVICA, NO ENSUCIEMOS NI CONTAMINEMOS. UTILICEMOS EL TRANSPORTE PUBLICO SIEMPRE QUE PODAMOS. CORRAMOS LA VOZ DE QUE EL PLANETA DEBE CUIDARSE Y PROTEJERSE, EN TODOS LOS ASPECTOS. NO MALGASTEMOS NI DESPILFARREMOS ENERGIA. CUIDEMOS Y RESPETEMOS EL MEDIOAMBIENTE

sábado, 28 de mayo de 2011

LOS TIEMPOS ESTAN CAMBIANDO... 40 AÑOS DESPUES (Artículo en Attac; www.attac.es)


No nos engañemos, España no vivió el Mayo del 68 francés sino de lejos y tamizado en rechazo por la dictadura. “Seamos realistas: pidamos lo imposible” decían allí y de eso, al menos, sí nos enteramos. Y a algunos nos caló en el alma. Tampoco llegó a entrar en su día la Ilustración ¡Qué le vamos a hacer! Las flores de la ingenua revolución hippie fueron admitidas sin embargo: como estética. Y fuimos cambiando, claro que sí, hasta volver el país del revés en 3 años oficiales de una transición idealizada y probablemente positiva aunque se tramitara bajo presión de los vencedores. Todos los países en nuestras circunstancias dilucidaron de alguna forma responsabilidades, nosotros no. La entrada en la Europa que entonces prometía nos dio el empujón imprescindible al progreso. Luego… llegaron “los mercados”.

Cumple 70 años el bueno de Bob Dylan y suena de nuevo reiteradamente su himno: “Los tiempos están cambiando”. “La gente se empieza a juntar por donde tu andas/Y reconoces que las aguas han crecido a tu alrededor/ Y ves que pronto estarás mojado hasta los huesos/ Si tu tiempo tiene algún valor para ti, entonces es preferible que empieces a nadar/o te sumergirás como una piedra/ porque los tiemposOr you’ll sink like a stone están cambiando”. “Senadores y congresistas” no prestaron la debida atención a que no debían “bloquear la entrada”, apenas quedan ya aquellos “padres y madres” que no lograban entender y “el mandato de los hijos e hijas”, tan próximo a comenzar –que decía Dylan-, dilató o torció o perdió su llegada varios lustros. En realidad lo ha tomado una generación joven que permanecía silenciosa y a la que se quiere robar el futuro como ya se le roba el presente. A su lado vemos a maduros y viejos, orgullos de ellos, de todos nosotros.

La inesperada lección de ciudadanía, democracia, serenidad, firmeza y capacidad organizativa que estamos dando rompe todos los tópicos sobre España. Y junto a estos valores, la creatividad que nunca nos faltó. “La revolución estaba en nuestros corazones y ahora vuela libre por las calles” asegura una pancarta.

Pierden el tren los políticos que no alcanzaron a ver lo que bullía en la sociedad a la que representan, los medios de comunicación que criminalizan y reparten culpas equivocadas –con más que dudosa intención- en un tiempo que se les está marchando. Como padres y madres, padrastros y madrastras nunca proclamados, que no lograron entender. Como senadores y congresistas que bloquean la entrada o no logran franquearla. Nadar o hundirse como las piedras.

Pase lo que pase con los resultados electorales ya nada volverá a ser lo mismo. La sociedad que no se implica más que en su presente y su vida y no en el bien común -como estipula la buena educación, como hacen ya los ciudadanos comprometidos-, verá llegar y rodearle el agua que crece. Flotar y bracear o precipitarse al fondo. No hablemos tan pronto, cierto, “la rueda aún está girando” y no sabemos adónde le llevará su evolución.

Pero “la línea está dibujada, modelado el camino” como ni siquiera sabían quienes enarbolan el lápiz o un teclado que conecta con el mundo. Con seres humanos de otros lugares, acercados por el diálogo directo. Iluminados por la noche de Sol, multiplicado hasta en las antípodas, a algunos nos brota la emoción de la recompensa al convencimiento: todo aquello era cierto. Es realismo pedir lo imposible y, aunque sea 40 años después, los tiempos están cambiando.

viernes, 20 de mayo de 2011

15-M: HARTOS DE LA ESTAFA Y LA IMPUNIDAD (Artículo en Attac; www.attac.es)


La inmensa mayoría de lo políticos, periodistas y tertulianos no han querido oír en los últimos tiempos a los jóvenes con tasas de paro del 45%; ni a las miles de personas que reclamaban al Banco de España y los tribunales que los defiendan de las estafas de los bancos en forma de contratos de swaps, clips y demás engaños; ni a los cientos de miles de familias que han perdido la vivienda; ni a las docenas de miles de pequeños y medianos empresarios que cierran sus empresas porque no reciben ni un euro de bancos que usan las ayudas públicas para seguir especulando; ni a los padres y madres de familia que tienen cada vez más dificultades para llegar a fin de mes mientras los beneficios de las grandes empresas y bancos se disparan; ni a quienes decíamos que las medidas que se estaban tomando no eran para resolver la crisis sino para que quienes la habían provocado salieran de ella con más poder y más beneficios; ni a quienes empezaban a sentirse indignados porque el gobierno llamara a La Moncloa para crear empleo a los grandes directivos de las empresas y bancos que más puestos de trabajo han destruido en los últimos años.

Han estado haciendo oídos sordos a todo esto. Nunca hablan de que los bancos matan de hambre a la gente ni explican cómo les engañan y quitan sus viviendas. Y ahora que la gente reacciona y sale a la calle harta de todo eso, quieren ser ellos los grandes intérpretes de lo que está pasando.

Pero se van a equivocar de nuevo.

Lo que está ocurriendo y lo que va a ocurrir en nuestras calles es bastante más sencillo de lo que parece. La gente ve, la gente lee y la gente entiende mucho más de lo que le ofrecen los medios propiedad de los bancos y de las grandes empresas que solo programan bazofia para que la mayoría de la gente ni vea, ni piense, ni sepa nada inconveniente para ellos. Cada vez más gente entra internet y habla con otras gentes para informarse por otras vías y ha empezado a descubrir que Botín, Miguel Angel Fernández Ordoñez, Francisco González, Rajoy, Esperanza Aguirre, Zapatero y compañía han montado una estafa colosal y que ya se ha empezado a cansar de soportarla.

Se han dado cuenta de que sí sabían que se iba a producir una crisis de gran envergadura pero que la ocultaron para que no se viera la responsabilidad criminal de quienes la habían provocado, los bancos y las autoridades de los gobiernos y los bancos centrales que miraban a otro lado.

Se han dado cuenta de que las multimillonarias ayudas que le dieron a los bancos con la excusa de que así se iba a reactivar el crédito para que no se siguiera perdiendo empleo ha sido también mentira porque lo que han hecho los bancos con ese dinero ha sido emplearlo en especular con la deuda de los gobiernos y así extorsionarlos mediante el auténtico terrorismo financiero que practican las agencias de calificación para exigirles reformas que les den aún más ventajas.

Se han dado cuenta de que la reforma laboral, la de las pensiones, de las becas y ayudas a la educación, el recorte de salarios y las que vendrán para modificar la negociación colectiva o para privatizar los servicios públicos no tienen nada que ver con las causas de la crisis, sino que son la forma de abrir nuevos negocios para que sigan forrándose los mismos de siempre.

Y la gente empieza a darse cuenta de que ya no se puede soportar tanto engaño en nuestra vida política, con cientos de cargos imputados por corrupción sin que los dirigentes de los partidos les digan nada, con un bipartidismo favorecido por una ley electoral sencillamente no democrática, por créditos bancarios que nunca devuelven y por medios de desinformación propiedad de las grandes fortunas o de empresas y bancos que solo informan de lo que les conviene. Es decir, miles de personas se han dado cuenta ya de que no vivimos en una democracia y que, por tanto, hay que reclamar la Democracia Real cuanto antes.

Eso no es todo, porque también hay algo más.

La gente que está en las calles, la que apoya a la que ya está en la calle y la que se va a ir sumando a la calle SÍ TIENE ALTERNATIVAS aunque los políticos convencionales se empeñen en descalificarnos diciendo que somos antisistema (cuando en realidad es el sistema el que es anti-nosotros) que solo sabemos protestar y decir que no.

Somos muchos y de sensibilidades variadas pero basta ver los documentos que han ido circulando llamando a las manifestaciones para percibir que hay cuestiones comunes y básicas que nos unen a todos porque, por encima de nuestras diferencias, somos, sobre todo y simplemente, ciudadanos y ciudadanas que lo que queremos es algo tan elemental como democracia real y justicia de verdad.

Entre otras demandas que pueden verse en los documentos de Democracia Real Ya u otras organizaciones que apoyan las movilizaciones, como ATTAC, queremos que haya una ley electoral que no sea discriminatoria, que garantice la igualdad de todos las personas ante los procesos electorales, queremos una jurisdicción que expulse de la vida política a los corruptos, queremos leyes de medios que garanticen pluralidad y no la concentración perversa de ahora….

Queremos normas que garanticen que los banqueros y las grandes patronales no puedan extorsionar a los gobiernos ni imponer su voluntad a los poderes representativos. Queremos que las decisiones económicas las tomen aquellos que hemos elegido para que las tomen, y no otros disfrazados de mercados. Y que los mercados estén sometidos a la ética de la satisfacción social y no a la del lucro sin cese.

Queremos recobrar las empresas que los gobiernos concedieron a bajo precio a capitales privados y que ahora se llevan nuestro capital y beneficios a otros lugares despidiendo a nuestros conciudadanos y prestando servicios mucho peores y más caros.

Queremos una banca pública controlada estrictamente para que garantice financiación a los pequeños y medianos empresarios y a las familias.

Queremos medidas de urgencia para que se investigue a los responsables de la crisis y paguen con dinero y cárcel por sus estafas, engaños y crímenes económicos en aquí y en los paraísos fiscales.

Queremos una reforma fiscal que acabe con la injusta situación actual que permite que los más ricos prácticamente no paguen y que hace recaer la mayor carga impositiva en los asalariados y pequeños y medianos empresarios de rentas más bajas, arruinando así a las clases medias y trabajadoras que son el sostén de las democracias.

Queremos que los poderes públicos impidan desde ya que siga habiendo miles de familias que pierden sus viviendas a manos de las entidades financieras, que se penalicen las actividades especulativas y que nuestro patrimonio natural y ambiental se siga destruyendo como hasta ahora solo para que ganen dinero unos pocos desalmados.

Esto es más o menos lo que quieren estas personas, jóvenes y más maduras, que han irrumpido en nuestras calles como un tsunami que durará mucho más de lo que algunos se creen.

No hace falta mucho debate para entender lo que piden, lo que pedimos. Es bastante elemental:

Que los culpables paguen el daño que han causado, que si antes han salvado tan generosamente a los ricos, salven ahora a las personas, y que se garantice que las decisiones que se toman en las instituciones políticas sean las que hayamos decidido los ciudadanos y ciudadanas cuando elegimos a nuestros representantes y no, como está sucediendo, las que imponen los banqueros y grandes propietarios para salvar solamente sus intereses egoístas.

Eso es todo lo que exigimos. De momento.

sábado, 14 de mayo de 2011

VUELVE EL PANFLETO (Artículo en Attac; www.attac.es)


Un nonagenario, Stéphane Hessel, desborda las fronteras francesas llamando a enfrentarse a la crisis holística de nuestra sociedad. En España, su libro, ¡Indignaos!, publicado por Destino, se refuerza con un vibrante prólogo de José Luis Sampedro, de la misma edad que Hessel. Sin apearse ni de la vida ni de su constante lucha, ambos hombres, pese a los achaques de su edad, dan una lección de empuje y coherencia. Con 94 años, a ambos, de trayectoria plena e insobornable compromiso, la preocupación por la deriva de la sociedad actual les ha unido.

¡Indignaos!, 19 páginas, publicado en Francia por una pequeña editorial, parece alumbrar el renacer del panfleto, ese veterano género que trata de satisfacer la necesidad de comunicar ideas a contracorriente en tiempos difíciles; un género que, en todos los países y en todos los momentos históricos, siempre ha sido perseguido por las autoridades.

Está en la naturaleza del ser humano el querer expresar la crítica y la denuncia aunque el poder no se lo permita. Con los antecedentes de las filípicas griegas y los libelos romanos, el panfleto atraviesa el medioevo como sinónimo de escrito de carácter satírico y/o difamatorio. Para algunos autores, el vocablo toma el nombre de una obra teatral del siglo XII que llegó a constituir un género, Pamphilius seu de amore. Más tarde, en el último tercio del siglo XVIII, los panfletos pasaron a transformarse en escritos políticos e ideológicos con las revoluciones democráticas norteamericana y francesa. Surgieron como reprobación al orden establecido y con el objetivo de difundirse rápidamente al margen de los canales tradicionales que les estaban vedados. Su época dorada, sin embargo, es el siglo XIX. Los movimientos obreros utilizaron el panfleto para la difusión ideológica y para incitar a la acción libertadora; la obra cumbre del género es el Manifiesto Comunista (1848).

En cuanto a España, varias instituciones ilustradas canarias conservan panfletos del siglo XIX, de pulcra caligrafía, convocando a la insurrección contra la invasión francesa. Y bajo el franquismo, las octavillas a multicopista fueron arriesgados ejercicios de oposición y llamamientos a rebelarse contra una dictadura asfixiante.

La similitud de circunstancias está en la clave de la vuelta hoy del panfleto político y social. Si en el siglo XIX se produjo una gran convulsión con la industrialización y el nacimiento de la clase obrera, asistimos ahora a una transformación profunda que está acabando con los derechos laborales y sociales logrados desde entonces. La única diferencia es que el asalariado del siglo XXI se considera a sí mismo, al menos en España, “clase media” y no se mueve. Casi nadie lo hace.

Y sin embargo, el nuevo panfleto se abre paso con inusitado vigor, publicitado, como siempre, de boca a oído, horadando el “pensamiento único” oficial, combatiendo la resignación y la cobardía. Si ¡Indignaos!, de Hessel, es ya el libro de no ficción más vendido en España, Reacciona, publicado por Aguilar, que ahonda en nuestros motivos particulares, ha escalado en solo tres semanas al quinto puesto. En este caso es Hessel quien prologa un libro que inicia el relato coral con José Luis Sampedro levantando una alfombra donde se ocultan las miserias al gran público: “Se confunde a la gente ofreciéndole libertad de expresión al tiempo que se le escamotea la libertad de pensamiento”. Como él, Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la Unesco, habla de los cambios radicales a acometer: “¡Ha llegado el momento de ‘rescatar’ a los ciudadanos!”. Pero la economía no es el único sector del que se habla en este librito, por la sencilla razón de que no es el único afectado por esta profunda crisis.Toda una generación estafada de jóvenes -como dice el periodista Ignacio Escolar-, la sociedad desinformada o la debacle de la ciencia, la educación y la cultura, que son la base del auténtico progreso, sufren hoy las consecuencias de un sistema injusto.

Y hay más: el Manifiesto de economistas aterrorizados, de autores franceses, también comienza a propagarse en España.

El descontento de una parte de la ciudadanía -la que con criterio propio se siente seriamente agraviada- se está canalizando también en iniciativas como juventud sin futuro/sinmiedo o democraciarealya, entre otras, con creciente seguimiento en Internet. La actuación de los políticos sufre un claro desprestigio (representa el tercer problema para los españoles tras los económicos), lo que menoscaba peligrosamente el valor de una actividad destinada a dignificar el papel del ciudadano y a regular la acción del Estado en beneficio de la sociedad.

Las asambleas y mítines de los siglos XIX y XX parecen haberse trasladado a las redes sociales e Internet con su enorme poder amplificador. En un océano de masificación informativa, en el que los grandes medios difunden de manera casi uniforme la cultura dominante, se necesitan brújulas, periscopios y radares para orientarse. Y así, impresa o digital, una literatura panfletaria -cuya calidad desmiente el carácter peyorativo que solía acompañar al género- se abre paso con el mismo espíritu crítico de antaño. Son textos breves y directos que hablan con vehemencia cargada de razones. Dos nonagenarios -con décadas de historia vividas y reflexionadas- marcan el camino por el que ya muchos avanzan para indignarse y reaccionar. Ignorarlo sería insensato.

sábado, 7 de mayo de 2011

POR UNA REVOLUCION CIUDADANA DEMOCRATICA Y REPUBLICANA (Artículo en Attac; www.attac.es)


Vivimos en un estado de excepción que se está convirtiendo en permanente. Su sustancia el dominio de los grupos de poder económicos y la suspensión del Derecho. Su forma, la democracia oligárquica. La soberanía popular está siendo progresivamente sustituida por lo que llaman la gobernanza europea, que no es mas que, la alianza de los grandes oligopolios y la burocracia de la Unión eficazmente dirigidas por el Banco Central. Esos poderes fácticos toman las decisiones fundamentales, fijan los límites y convierten nuestros débiles órganos representativos en simples asambleas de ratificación.

Las crisis suelen poner de manifiesto la verdadera naturaleza explotadora del capitalismo: la autonomía del Estado se reduce, las políticas económicas expresan abiertamente los intereses del capital, los derechos sindicales, laborales y sociales de asalariados y asalariadas, son cuestionados por las constricciones sistémicas (paro y precariedad) y por las estrategias de gestión puestas en práctica por el gobierno y la patronal. En el centro, el poder en sentido fuerte. La política adquiere sus verdaderas dimensiones de clase: producir una gigantesca redistribución de renta, riqueza y poder a favor de los grupos económicamente dominantes. Todas las medidas de Zapatero tiene ese sesgo: la (contra) reforma laboral, las medidas tomadas (con el impagable acuerdo sindical) sobre las pensiones y las conversaciones iniciadas para modificar aspectos relevantes de la negociación colectiva. Lo que importa es debilitar la capacidad contractual de trabajadoras y trabajadores garantizando su sobreexplotación. El ajuste laboral permanente es el medio para mercantilizar sistemáticamente la fuerza de trabajo y ofrecerla “libre de derechos y poder” a los empresarios.

No nos engañemos, la plutocracia internacional que hoy domina el mundo va a exigir más sangre, más sacrificios humanos para el supremo objetivo de cobrar sus prestamos. Detrás de la Comisión y del Banco Central está el capital financiero francés y alemán que, obviamente, tienen a sus Estados para exigir lo adeudado. El artificio es discursivamente poderoso: una crisis, sin culpables, presentada como una catástrofe geológica. Estados que rescatan a los ricos y que terminan por endeudarse masivamente. La oligarquía financiera (anteriormente salvados con dinero público) que exigen planes durísimos de ajuste a las poblaciones para asegurar que lo prestado se pague a tiempo. Todos los poderes públicos se someten a este chantaje y, lo que es peor, lo legitiman en nombre de las inexorables leyes de la llamada economía de mercado.

Cada crisis exige desposeer a las personas de derechos, de riqueza colectiva y el sobre expolio de la naturaleza para reiniciar, cueste lo que cueste, el proceso de acumulación capitalista. Sitúa en el puesto de mando a la violencia, el pillaje de naciones enteras y la militarización de las relaciones internacionales. La llamada “acumulación primitiva” aparece como un rasgo estructural del funcionamiento del sistema. Todas las salidas a las crisis son centralmente políticas y dependerán de las correlaciones de fuerzas nacionales y político-militares internacionales. Esto último es un aspecto esencial: vivimos una transición geopolítica de grandes dimensiones donde la crisis económica es causa y efecto. La singularidad del momento presente es esta inaudita acumulación de crisis: financiera, económica, geopolítica, energética y medioambiental, que tienen como “centro de anudamiento” a los Estados Unidos.

La persona común vive esta crisis como una amargo despertar de lo que podríamos llamar “las promesas creadas e incumplidas de la globalización neoliberal”. En España, después de un ciclo de más de dos décadas de crecimiento, tiene el efecto de un auténtico shock psicológico: en momentos que creíamos que íbamos al ser al fin “como ellos” (como los europeos), que el euro era nuestra salvación y que nos colocaba entre las naciones más ricas; que los conflictos entre las clases se habían acabado y que los ciudadanos tendríamos que escoger cada cuatro años a la fuerza política que mejor gestionaba este modelo destinado a librarnos, por fin, del atraso y las postración.

De lo que pocos, poquísimos, hablaban era de las características de dicho patrón: dependencia del ladrillo, crecimiento espectacular de las desigualdades, predominio del empleo de baja calidad, escasa productividad y masivamente precario. Y lo fundamental el estancamiento de los salarios e incremento sustancial de los excedentes empresariales. Todo ello, con un sistema fiscal injusto que seguía gravando más a los que menos tienen y que es incapaz de garantizar unos servicios públicos universales y de calidad.

Hay dos elementos que dicen mucho de lo que estaba pasando: la pobreza no disminuía y la economía sumergida tampoco. Sin embargo las consecuencias mas graves y más duraderas de dicho patrón de crecimiento fueron las medioambientales: prácticamente todo el territorio del Estado fue mercantilizado y puesto a disposición de unos grupos de poder económicos insaciables, que acumularon inmensas riquezas en poquísimo tiempo.

Aquí aparece un asunto que iba tener enormes consecuencias para el futuro. La banca viendo el enorme negocio del ladrillo (era el sueño del alquimista: convertir piedras en plata y oro) se fueron a los mercados exteriores, alemanes y franceses, básicamente, a endeudarse y seguir inflando una burbuja cada vez más grande y en riesgo creciente de explosión. Esas deudas siguen ahí y ahora de lo que se trate es que las paguen los ciudadanos y las ciudadanas. Este es el problema real que los gobiernos callan y que los medios sistemáticamente ocultan.

¿Cómo ha sido posible esto? ¿Cómo es que se ignoraran las voces que durante años advirtieron de la insostenibilidad del modelo?. La cuestión de fondo fue y sigue siendo la captura de la clase política por los grupos de poder económico. La oligarquía ha conseguido que sus intereses se conviertan en los intereses de nuestra sociedad y eso ha sido posible por la corrupción. La corrupción fue, al principio, lubricante y, al final, fundamento del modelo. Esta ha sido general y no se puede ni se debe ocultar. Desde la cúpula del Estado hasta la administración local, permitida y legitimada por las Autonomías. Y no solo eso, las poblaciones, consciente de lo que ocurría, apoyaron sin grandes dudas a los políticos corruptos, bajo el principio de que “todos roban, pero los nuestros, al menos, hacen algo” (obras y muchas, muchísimas, grúas, señal inequívoca de progreso y modernidad). Al final, lo peor ha sido la degradación de la cultura de clase y el deterioro sin precedentes de las virtudes ciudadanas.

Despiertos ya a la realidad, ahora lo que se busca no es otra cosa que subterfugios para eludirla. De los “brotes verdes” pasamos a los dolorosos ajustes y de ellos, a las “mágicas soluciones” del Partido Popular, es decir, de un ajuste duro a un ajuste simplemente salvaje. Lo que hay en el trasfondo son unos ciudadanos que como átomos sueltos y solitarios, viven con miedo al futuro y buscan soluciones fáciles a las que agarrarse. Son ciudadanos y ciudadanas sin derechos y sin poder, sometidos a la tiranía de unas fuerzas económicas insaciables en alianza con una clase política corrompida sin convicciones ni principios.

No hay soluciones fáciles y cualquiera de ellas va a exigir compromiso, organización y movilización social. La condición fundamental para que las y los de abajo influyan y tengan voz es crear un auténtico poder ciudadano. Hay que indignarse, rebelarse y, sobre todo, luchar. El primer derecho a reivindicar es el derecho a resistirse a la tiranía de la oligarquía financiera y a proteger nuestra sociedad del capitalismo. La auténtica alternativa está en optar o por la regresión social y la involución autoritaria o por una sociedad justa, democrática y fraterna, es decir, una república de hombres y mujeres libres e iguales.

Para organizar la resistencia es necesario, en primer lugar, tomar la realidad tal como es y no engañar ni engañarse. La crisis no ha hecho nada más que comenzar y durará mucho tiempo. El tiempo pasado no volverá y juntos tenemos que construir nuestro futuro.

En segundo lugar, es bastante probable que en un plazo medio, España tenga que ser “rescatada”, es decir, que para cobrar sus deudas, la plutocracia internacional va a exigir un ajuste salvaje en la economía y en la sociedad española, dando paso a lo que podríamos llamar una “latino americanización” de nuestra vida pública con la puesta en práctica de lo que Naomi Klein denominó hace ya años, la “doctrina del shock”.

En tercer lugar, la izquierda social, política y cultural española es, comparativamente, débil y sus vínculos con la sociedad muy limitados. La despolitización del conflicto social, la pérdida de la centralidad de las clases trabajadoras y el predominio de un individualismo de masas de grandes proporciones, combinado, con actitudes de “nuevos ricos”, dejan prácticamente inerme a la sociedad ante los poderes fuertes del capitalismo y sus instituciones.

No se trata de ahora de ofrecer programas de gobierno ni de propuestas solo ni principalmente electorales. La respuesta está mucho más allá y es radical: construir el “partido de oposición” a las estructuras económica y de poder dominantes hoy en España. Para ello haría falta:

1.- Poder constituyente y soberanía popular.

No hay que dar demasiadas vueltas, la Constitución del 78 ha dejado de estar vigente en muchos de sus aspectos esenciales y ha sido sustituida por una constitución material que legitima las políticas neoliberales y que tiene a la integración europea como instrumento fundamental, todo ello al margen de la ciudadanía. Hablamos de revolución ciudadana porque la ciudadanía ha sido expropiada de su poder constituyente y la soberanía popular convertida en mera retórica sin contenido político alguno.

2.- Construcción de un nuevo Estado democrático republicano.

Enlazar democratización política y social en momentos de crisis sistémica como la que vivimos sigue siendo la garantía de que las mayorías sociales tengan voz, proyecto y autonomía. El” hilo rojo” perdido entre república y socialismo tiene posibilidades reales de encuentro protagonizando las luchas de las poblaciones y el derecho a decidir su futuro y a organizar su modo de vida.

3.- La defensa de la sociedad frente al capitalismo.

El objetivo es construir una economía centrada en las necesidades básicas de las personas, socialmente sostenible, que deje abierta la posibilidad de modelos sociales y económicos en la perspectiva del socialismo. Elemento esencial será garantizar los derechos sociales para todos y todas en un tipo de Estado que intervenga activamente en la economía, regule el mercado, planifique el desarrollo y redistribuya la renta, la riqueza y el poder.

4.- Construir un verdadero Federalismo Republicano.

El llamado Estado de las Autonomías ha dado de sí todo lo que cabía esperar y ha puesto de manifiesto algo sobre lo cual se debería reflexionar en serio: su compatibilidad con el orden neoliberal dominante. Todas las burguesías son de Estado, se complementan, sueñan con un orden superior, el federalismo neoliberal de la Unión Europea, y todas tienen en común su desprecio a la soberanía popular y los poderes ciudadanos.

5.-Salir de la falsas disyuntivas del europeismo dominante.

Hay que atreverse a decir la verdad: esta Europa no da más de sí en su formato actual. Desde la izquierda transformadora se había venido denunciando que este tipo de Europa divide a las naciones, fomenta un modelo social contrario a las aspiraciones mayoritarias de las personas y los pueblos, nos subordina a los intereses de la administración norteamericana y nos separa de países y pueblos que están luchando por construir un nuevo orden internacional más justo y democrático.

Esta es la Europa alemana, al servicio de los intereses del capital financiero franco-alemán. España, en la práctica, es una “comunidad autónoma” de la Unión Europea a la que hemos traspasado una parte sustancial de nuestra soberanía y de la que hoy somos rehenes sin haberlo decidido democrática y colectivamente. O la UE pasa a ser un Estado Federal o los Estados tendrán que volver a reclamar su soberanía plena.

Como antes se ha dicho, lo que se propone aquí no es fácil y exigirá mucha convicción y capacidad de sacrificio. Para muchos, esto que aquí se defiende son cosas de otra galaxia y poco o nada tiene que ver con lo que nos pasa. Esos mismos, con la prepotencia que les caracteriza, sonrieron ante las críticas al Tratado de Maastricht, nos llamaron ilusos cuando dijimos que una moneda única, en las condiciones de esa Europa, ponían en peligro su unidad y el futuro económico de España.

Es la misma gente que nos llamaron antipatriotas a los que veníamos diciendo que el modelo de crecimiento y acumulación española era insostenible. Son los mismos que se asustaron ante los que venia y que pasaron de “refundar el capitalismo” a defender el carácter “patriótico” de un ajuste económico y social dictado por los poderes económicos de siempre, que perjudica a la mayoría de la gente y que profundizará la crisis.

Pero lo utópico es pensar que se puede volver a la situación anterior; que la crisis es cosa de unos años y que los sacrificios de hoy serán los beneficios del mañana. Aunque lo nieguen, ellos saben que esto no será así y que las diferencias que hay en la clase política están más en el cómo que en el cuánto y qué, al final, será la ciudadanía la que tendrá que soportar el ajuste duro de la crisis viendo como disminuyen sus derechos sociales, laborales y democráticos. En definitiva, terminar siendo una vez más, súbditos y no ciudadanos y ciudadanas.

En ese contexto, las Mesas de Convergencia significan una ventana a la esperanza en momentos poco propicios para la resistencia y la ilusión racionalmente fundamentada. El objetivo es construir movimiento social para la alternativa al neoliberalismo y sus estructuras de poder. Para ello debemos combinar dos actitudes nada fáciles: defender principios claros y hacerlo sin sectarismos. Lo decisivo es, la acción, compromisos concretos que movilicen, generen presencia pública y den a las gentes confianza en sus propias fuerzas. Trenzar alianzas desde abajo, partiendo de las necesidades de las personas y con la vista puesta en ampliar siempre las dimensiones del movimiento.